En los tres partidos de Liga disputados hasta la fecha, el Barça ha tenido que enfrentarse a unos planteamientos rivales bastante similares. Superados con mayor o menor éxito, tanto el Racing como el Hércules o el Atlético, apostaron por ahogar el juego del Barça desde arriba, presentando una línea de presión adelantada y concentrada en el inicio de la jugada culé. El juego del Barça nace de la salida que le dé Valdés, Piqué, Puyol y Busquets, por lo que tapando -o dificultando- esta salida, el rival encuentra la mera de trabar el juego de los de Guardiola. Una delantera presionante y una media y defensa adelantadas para no dejar espacio a los interiores y mantener el equipo junto, ha sido la receta empleada por los rivales hasta la fecha.
En Segunda División, también el Barça B se ha encontrado con problemas similares. Sin ir más lejos, en el partido de esta semana en el Mini, los primeros 45 minutos se vieron marcados por la dificultad a la hora de construir desde atrás por parte de los zagueros del filial. Pese a contar con tres hombres tan dotados en esta fase como Bartra, Muniesa o Fontás, al equipo le costaba mucho conectar con los interiores Dos Santos y Sergio Roberto, los hombres encargados de dar sentido a las posesiones, debido a la buena presión de los de los hombres del Elche.
Llegó el descanso con ventaja en el marcador merced al tanto de Soriano, pero para matar el partido el Barça necesitaba dominarlo, lo que pasaba inevitablemente por encontrar una salida desde atrás efectiva. Luis Enrique encontró la tecla y planteó una estrategia que tenía como objetivo evitar esta primera fase de presión. Si el rival involucra muchos hombres en presionar la primera línea, es inevitable que deje libres otras zonas del campo por lo que si se logra llevar allí el esférico, se encontrarán facilidades para sacar ventaja. El plan de Luis Enrique, pues, consistió en el envío largo de Miño buscando la cabeza de Abraham. El lateral izquierdo, mucho más corpulento que el ex madridista Palanca, ganaba una y otra vez el salto por arriba, lo que le permitía dejar en ventaja el esférico para que sus compañeros se hiciesen con el rechace en segunda jugada. Con hasta tres hombres tapando la salida de los centrales azulgranas, el Barça tenía superioridad sobre los medios del Elche, lo que les permitió encarar con un escenario favorable tanto la lucha por la prolongación de Abraham, como los posteriores ataques.

