
Ante esta situación, Guardiola no se ha quedado de brazos cruzados, y de hecho, es significativo el gran número de variantes que se han probado en tan poco tiempo de competición. El 3-4-1-2 retrasando al mediocentro, el 4-3-3, el 3-4-3, el 4-2-3-1… Quizá demasiados cambios en la búsqueda de la tecla correcta. La última vuelta de tuerca la vimos contra el Sevilla: salida de tres con Piqué, Puyol y Abidal, Alves para dar amplitud por banda derecha y Pedro por la izquierda para liberar a Villa de la cal y mandarlo al centro. Contra el equipo de Manzano funcionó y el conjunto de Pep Guardiola seguramente protagonizó el mejor partido de la temporada, pero como había sucedido con las pruebas anteriores, contra el Copenhague volvió a fallar. Veremos ahora si el técnico vuelve a cambiar el plan o el crédito del partido ante el Sevilla es suficiente para seguir apostando por él.
No obstante en prácticamente todas las alternativas propuestas por el cuerpo técnico, el equipo se encuentra con las mismas dificultades que le impiden mandar sobre el partido como antaño. Siempre se repite el mismo patrón: el Barça sufre cuando el rival le presiona la salida desde la defensa. La variante que más eficiente se mostró en este aspecto fue la de retrasar a Busquets entre los centrales, pero esta trajo con sigo otros problemas, básicamente defensivos, que demandaban un tiempo de trabajo del que ahora el Barça no dispone. Se acerca el primer punto de inflexión de la temporada, en el que los de Guardiola deberán enfrentarse a los dos rivales más fuertes en liga -Villarreal y Real Madrid- y afrontar los partidos decisivos en la liguilla de la Champions. Es por eso que, más adelante, cuando el calendario sea más benevolente, no descartamos que Guardiola vuelva a trabajar sobre su plan inicial, el 3-4-1-2 con Busquets entre centrales.
El objetivo del Barça hasta entonces debe ser el de encontrar una solución a sus problemas para construir juego desde la defensa. De entrada, la presencia de Iniesta como interior se presume como obligada, pues junto a Busquets y Xavi forma el triangulo que más puede facilitar ese primer pase a los zagueros. Otro aspecto que puede resultar positivo pasaría por un intercambio de posiciones entre Puyol y Piqué. Gerard es, de los dos, el central más capacitado para iniciar la jugada, pero su presencia en banda derecha cuando el equipo inicia con tres hombres, le limita su maniobrabilidad. Sus líneas de pase disminuyen, también los espacios para progresar en conducción y, además, siempre es mucho más fácil defender en banda que por el centro, por lo que resulta más controlable por parte de los rivales. Este hecho, si el Barça persiste en abrir a Piqué al costado, podrá apreciarse claramente ante el Villarreal de Garrido, un equipo que defiende excelentemente la salida de sus rivales por banda.
Finalmente, otra posibilidad, aunque más remota, pasa por involucrar mucho más a Dani Alves en el inicio de la jugada, cumpliendo prácticamente en esta fase del juego, la función que actualmente desempeña Piqué. Esto, no obstante, traería consigo la necesidad de recolocar otras piezas, pues con Alves en el inicio de la jugada, el equipo perdería al jugador que da amplitud por banda derecha. Quizá sería necesario, entonces, volver a las posiciones originales de los extremos para acostar a Pedro sobre el carril diestro, y quién sabe si dar entrada a Maxwell en lugar de Abidal para hacer lo propio en banda izquierda y liberar a Villa. Es decir, pasar de la salida con Piqué-Puyol-Abidal, a iniciar juego con Alves-Piqué-Puyol, y de abrir el campo mediante Alves y Pedro en banda izquierda, a hacerlo con el canario en la derecha y Maxwell por el perfil zurdo.
