
La pasada temporada, no obstante, el encargado de substituir a ese Henry en el extremo izquierdo fue David Villa, quien como el francés es un punta reciclado a banda con desmarque y presencia rematadora en el área, pero en este caso con una tendencia central mucho más marcada que Thierry, y por lo tanto con más problemas para aguantar la posición en banda. Sin ese jugador que abra al rival sobre su banda derecha, los espacios para Iniesta disminuyen y las ayudas defensivas de los hombres de banda se encuentran más próximas, por lo que el escenario para Iniesta se torna menos favorable. De ahí, por ejemplo, que en medio de los cuatro choques que disputó el equipo contra el Madrid, Guardiola propusiera un intercambio de bandas entre Pedro y Villa que se repitió posteriormente en la final de Champions ante el United. Pedro sí se mantenía abierto y fijaba al lateral rival bien cerca de la cal, alejando las ayudas del centro y dibujando un escenario propicio para Iniesta.
También Cesc, gracias a su portentosa llegada desde segunda línea, dependiendo de la posición que ocupe finalmente en el esquema de Guardiola, puede beneficiarse de esas situaciones en las que Iniesta queda encarado con su pierna derecha hacia el centro para mandar un pase en profundidad. El de Arenys, además, será una pieza clave a la hora de determinar el peso colectivo que finalmente tomará Iniesta en el equipo esta temporada. A diferencia de la temporada del triplete, donde el Barça imprimía un punto más de verticalidad y velocidad en su juego, en la dos últimas campañas el equipo selecciona más sus ataques y la defensa con balón se ha tornado un recurso más frecuente. Ahí, el hombre que marca ese ritmo es Xavi, e Iniesta, un jugador tan volcado a la aceleración de la jugada, asume un rol más secundario.
Con Cesc, no obstante, el Barça incorpora a otro cerebro capaz, junto a Xavi, de marcar el ritmo con que se juega el partido. En este caso, un cerebro mucho más vertical y profundo, que vertebra un juego de ataques más cortos y constantes. Así pues, de la capacidad de Cesc de alternarse en la batuta del juego –o de Guardiola de entregársela- dependerá en gran medida que Iniesta recupere ese papel principal que asumió la primera temporada del técnico en el banquillo azulgrana, y marque diferencias como argumento colectivo y no sólo como recurso individual.
