
No obstante, el plan inicial no fue ese. El Levante, la pasada temporada, basó su planteamiento en la defensa del carril central. Los centrales del conjunto valenciano no son los más indicados para salir a defender lejos, por lo que el plan fue fijar la línea y juntar a ella los mediocentros. Los volantes, por su parte, cerraban hacia el interior. El objetivo es no dejar espacios a la espalda del mediocampo, y como los centrales no pueden defender arriba, es la media la que defiende abajo. A cambio se entrega el campo al Barça y se regalan las bandas.
Este año el Barça tiene un recurso nuevo muy valioso en estos contextos, por lo que Vilanova se la jugó a diversificar objetivos por dentro. Busquets como único ancla, y por delante Xavi, Cesc, Messi casi en línea de tres. En banda, tanto Pedro como Iniesta tendían al centro. Multiplicar la opciones para la combinación en corto apoyándose en la exquisitez técnica azulgrana. Por fuera, Alba y Dani Alves. La lesión del brasileño modificó algo el plan. Montoya no sube igual, y eso sujetó más en banda a Pedro.
El Barça tenía el dominio pero no desequilibraba el choque. Hasta que, más allá de la media hora de partido, el rol de Iniesta cambió. La consecuencia fueron unos últimos minutos del primer tiempo de mayor peligro culé y un inicio de la reanudación en el que los de Tito sentenciaron el partido.
Andrés paso a jugar de extremo. Con pocos matices. Limitando sus apariciones por dentro. Se fijó fuera y atrajo rivales. Recibía fuera y escondía el balón. No lo perdía. Como las ayudas del Levante pesaban por dentro, abierto a banda aparecía el escenario para desbordar. Así provocaba que poco a poco, los granotas fueran inclinándose sobre su perfil, y entonces devolvía el esférico a dentro después de limpiar la zona. Participó en todos los goles. Metió uno y dio otros tres. Y fue la clave táctica sobre la que se edificó la victoria blaugrana.
