El Tata, el Barça y el culto cargo

El Tata, el Barça y el culto cargo

 

Si gana, El Tata Martino será el primer intruso que lo consigue. La cultura futbolística del Barça, desde que Johan Cruyff le diese forma allá por finales de los ochenta, siempre ha sido perpetuada desde dentro. Tras el Flaco, sólo los miembros del clan han conducido al equipo a saborear el éxito. Van Gaal, Rijkaard, Guardiola, Vilanova. Son los únicos que en este tiempo han ganado La Liga. Y no pocas veces. Dos hijos de la escuela del Ajax, esa que Johan se llevó consigo a Barcelona, y dos productos genuinos de esa semilla plantada por el holandés. Cuatro técnicos y una lengua materna común que no se aprende, sino que se lleva incorporada.

A partir de finales del siglo diecinueve, se documentan en Polinesia y Micronesia un conjunto de movimientos religiosos o sectas (esquivo el charco) que dan lugar a lo que se conoce como culto cargo. En éstos, algunas poblaciones indígenas reproducen hábitos y costumbres del hombre occidental, con la creencia de que éste ha sido bendecido con objetos y bienes de procedencia divina. Así, imitando al hombre blanco, los cultos cargo esperan recibir el mismo premio. De tipologías distintas según la zona, en los cultos cargo pueden verse desfiles militares en los que el armamento es substituido por palos, la construcción de aviones de paja y madera o la hora del té sin té.

Ya hace tiempo que en el planeta fútbol el sello Barça se asocia a la fórmula del éxito. La casi consecutividad del Barça ganador de Rijkaard y el de Guardiola, y, sobretodo, la coincidencia en el tiempo de los triunfos del Pep Team con los de la Selección Española, han terminado por hacer creer al resto que jugar como lo hace el Barça es estar más cerca de la victoria. Lo que hace un tiempo era la aldea gala resistiendo al asedio romano, hoy es mainstream. Todos quieren parecerse al Barça, tener a su Xavi, a su Iniesta y su particular tiki-taka. El modelo Barça puede verse reflejado fuera de ese ecosistema catalano-holandés. Ya no es una resistencia a los tiempos sino la fuente de la que beben proyectos deportivos de todo el mundo.

No todos los antropólogos que han abordado el fenómeno del culto cargo han seguido la línea mayoritariamente aceptada que hemos descrito más arriba. Para algunos, las imitaciones del culto cargo no tienen como propósito el enaltecimiento, sino el pitorreo y la burla. Otros van más allá, y consideran que el hecho de que identifiquemos en determinados ritos una voluntad por reproducir el comportamiento de las sociedades occidentales, no es más que la proyección de una mirada etnocéntrica que todo lo analiza en base a la cultura propia.

 

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