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Porcentajes

Sucedió 316 partidos después, así que es normal que del Rayo-Barça lo que quede es que los culés perdieron la posesión. Suena un poco ridículo si tenemos en cuenta que hablamos de un 48% frente a un 52%, y que con los guarismos intercambiados el partido habría sido el mismo, pero como decimos, se entiende. Dos años después, el entorno se empieza a dar cuenta que lo que fue no volverá y eso nunca es fácil. Al Tata le tocará cargar con esa cruz. El Barça fue invencible jugando a no perderla, pero hoy el plan ya no le sirve. Ahora mismo, el 75% de posesión no es una buena noticia para el Barça, o al menos, no lo es si ésta insiste en la misma fórmula. No nos viene de nuevo que en las últimas tres temporadas (la última de Guardiola incluida) el Barça de «no perderla» tiene el balón pero ni domina territorialmente ni lleva peligro al arco rival. Tanto Pep, como Tito o Martino no han esquivado la cuestión, los tres han tratado de aplicar medidas. El Barça de después del gran Xavi, necesita alternancia, arriesgar la posesión y verticalizar su juego. Necesita un mayor número de ataques que antes, aunque estos se den con la misma cantidad de balón.

Independientemente de los porcentajes de posesión, sobre los cuales, entendemos, el debate no tiene mucho más recorrido, el Barça será y debe ser con balón. Esto no significa tenerlo más o tenerlo menos, sino que las ventajas en el juego las encontrará desde lo que haga con el cuero. A esto sí que no se debe renunciar, por jugadores, filosofía y ventaja estratégica como club. Y en base a esto, en el Rayo-Barça, hay otros porcentajes más relevantes que si el equipo tuvo el esférico el 45, 55 o 65 por ciento del tiempo.

El primero es la cantidad de veces en que el equipo rifó el balón en salida. Aquí un apunte: no es lo mismo salir en largo que salir con un despeje. Salir en largo es lo de Márquez, Íñigo Martínez o lo que le hemos visto hacer también a Mascherano y Piqué. Lo otro es sacarse un problema de encima, y como decimos, el balón en el Barça no debe ser problema sino fuente de ventajas. Sea de un modo o de otro. Para atacar así o asá, más horizontal o pedaleando en bajada, más rápido o más pausado. Hablamos al final de la temporada pasada que por encima de un férreo marcador, el Barça necesitaba un central con una salida de balón excelente. Precisamente por esto. Para que la ventaja con balón sea desde el inicio. Finalmente no vino, y Martino tiene que cargar con eso. «Si le dices a tus defensas que en caso de riego se saquen el balón de encima, lo harán siempre».

El segundo dato significativo del partido del sábado, fueron los pocos pases del equipo en campo rival y, sobre todo, su bajo porcentaje de acierto. Es un dato que está relacionado con el anterior. Si no generas la ventaja desde atrás, ni tienes a alguien arriba que te gane el balón directo o lo deje en ventaja para la segunda línea, al equipo le será muy difícil juntarse alrededor de la pelota. Si ese era el plan, que parece que sí, al equipo le hubiese venido bien Alexis Sánchez, aunque decirlo después de un hattrick de Pedro quizá sobre.

El Barça de Messi, Iniesta, Cesc, Neymar, Xavi, Busquets, Alves o Piqué, debe construirse desde el pase. Más largo o más corto, horizontal o vertical, en cadenas largas o más cortas, pero desde el pase. Y en campo contrario. Es como se ordenan todos, el camino al equilibrio entre el defender con balón -porque estos jugadores de otra forma no pueden- y el poder correr arriba. Son sólo dos pases más, pero hay que darlos.

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