Contra el Almería jugó Bartra. Faltaban Mascherano y Puyol, así que le tocaba al cuarto central de la plantilla acompañar a Piqué. Y el cuarto central es Bartra, así que él fue quien formó en el once. Todo muy normal. Eso es lo que le faltó al joven central la pasada temporada. La normalidad a la hora de gestionar su caso. Lo cierto es que cada no-presencia de Marc tuvo su sentido, pero una tras otra contribuyeron a poner sobre el chico un foco del todo contraproducente.
Cuando un joven asciende al primer equipo, necesita ser tratado como uno más. Nada de privilegios. Aunque como en el caso de la posesión, a menudo este debate se pervierte, el objetivo no es que jueguen los canteranos, sino hacer canteranos lo suficientemente buenos como para que merezcan jugar. Apostar por la cantera es darles la opción de ganarse un puesto, es decir, permitirles llegar. Ganárselo ya depende de ellos. A Tello o Sergi Roberto no se le debe poner más fácil que a Afellay o Keita. Tampoco más difícil. Bartra, por su parte, es como Mascherano, Puyol, Song o Piqué, y como a ellos, le corresponde un rol en la plantilla. En su caso, viendo el rendimiento ofrecido, el de cuarto central. El último.
Como cuarto central tendrá los minutos que le correspondan, y eso deberá bastarle para demostrar que merece más. Como han hecho todos antes. Por lo pronto, el sábado cumplió, y las bajas atrás seguramente le brinden al menos otra oportunidad la semana que viene. Pero más allá de esto, de minutos o titularidades, lo mejor para Bartra es que vuelve a ser normal. El Barça gana un central.
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