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Ventaja para Martino

Ventaja para Martino

Se enfrentaban dos proyectos que empiezan. Dos equipos por hacerse, con dudas, algunas certezas y varias incógnitas por resolver. Dos proyectos que aspiran a todo. Son Barça y Madrid. Se estrenaban dos entrenadores, Carlo Ancelotti y el Tata Martino. Los dos eran nuevos en un clásico y eso convertía la previa en un misterio apasionante. Tras años de creer conocerlo todo de los Barça-Madrid -aunque luego, sobre el césped, la genialidad de los entrenadores siempre nos sorprendiera con algo más- llegábamos al sábado dando muy pocas cosas por seguras. Era fácil que las alineaciones nos sorprendieran, y así fue. Más la del Madrid, pero también la de los azulgranas. En una decisión que sobre el papel podía parecer política pero que con el balón en juego no sólo resultó un acierto sino que se reveló como crucial, Martino optaba por sacrificar al tercer hombre que acompaña a Neymar y Messi arriba -Pedro o Alexis-, para alinear juntos a Xavi, Iniesta y Cesc. Después de su suplencia en Milan intuíamos que el de Arenys no repetiría en el banco, y sentar a Xavi o Iniesta es mucho sentar si enfrente está el Madrid.

Pese a la novedad, el once de Martino era adivinable. Más difícil lo puso Ancelotti, con dos decisiones (y media) que pocos podíamos esperar. La media, la suplencia de Arbeloa en favor de Carvajal, ante Neymar y con un Madrid al que le llegan con cierta facilidad a la frontal. Sí era más fácil imaginar que de entre Modric e Isco uno quedaría fuera, y le tocó al malacitano. Nos quedamos sin leer sus primeras líneas en un clásico. Junto a Carvajal, el otro que debutó en un Barça-Madrid por parte de los visitantes fue Gareth Bale, y ¡oh sorpresa! lo hizo empezando como falso nueve. Fue una posición que alternó tanto con Di María como con Cristiano Ronaldo, y que a la práctica fue más un mediapunta que un delantero a exepción de cuando la ejercía el portugués. Un 4-3-3-0 que le dio más al Barça que al Madrid.

La otra sorpresa que no esperábamos estuvo en el mediocentro. Comentábamos la misma mañana del partido que con Mourinho hubiésemos apostado por Pepe donde el todavía no apto Xabi Alonso, pero que con Ancelotti no esperábamos algo así. Pues bien, no fue Pepe sino Ramos, y el experimento no salió muy bien. La idea era que con los dos centrales más rápidos del equipo centrados en Messi y las ayudas sobre Neymar, Sergio quedara como hombre libre por delante. No tenía marca asignada, él corregía. Bale sobre Busquets, Modric con Xavi y Khedira con Iniesta, mientras el de Camas compensaba cualquier desequilibrio. No estaba mal planteado, pero hubo sorpresa del Tata.

Cesc jugaba arriba, y lo hacía con Messi y no en su lugar como es costumbre cuando el 4 es delantero. El falso nueve fue el catalán y Leo se escoró a la banda. Decimos a menudo que el Cesc falso nueve acostumbra a ser demasiado falso, porque Messi ahí es nueve y es diez, y Cesc, que no es Leo, tiene que elegir entre ser lo uno o lo otro. El sábado fue diez. Un centrocampista más que no paró de buscarle las cosquillas a Ramos. El Madrid esperaba a tres medios en el Barça y se encontró a cuatro, y por ahí empezó a descoserse su plan. Los locales igualaban fuerzas y ahí se imponía Iniesta, en el uno contra uno y en la creación de líneas de pase. También el nivel técnico de Xavi o Busquets. Además, lo hacían exponiéndose poco a la pérdida, ya que la posición de Bale brindaba la posibilidad de salir cómodamente con los centrales.

Hablábamos más arriba de los peajes de la presencia de Cesc como falso nueve. Contra el Madrid fueron menos, principalmente, porque cuando el de Arenys juega ahí es porque falta Messi, pero el sábado La Pulga también estaba. Con el argentino y Neymar, el Barça fijaba en banda a las dos mayores amenazas individuales a que puede enfrentarse el Madrid. No es lo mismo olvidarse de Villa y Pedro para perseguir a Messi, que desatender a Leo y Ney para ir tras Fàbregas, con lo que Varane y Pepe se mantuvieron sujetos atrás. A lo largo del partido, vimos pocas excursiones de los centrales blancos a la media para anticipar. Como con los dos centrales del Madrid fuera de la ecuación al Barça «le sobraba un jugador», incluso vimos como Messi se sumaba también por dentro aprovechando que Alves quedaba habilitado para proyectarse y pegarse al lateral visitante.

El plan del Tata tenía un riesgo, Marcelo, pero entre que la situación en el centro del campo posibilitaba al Barça generarse la ventaja con balón, la disposición ofensiva de los de Ancelotti no sacaba lo mejor de su transición ofensiva y la defensa de Cesc sobre el lateral brasileño cuando su equipo perdía el balón, permitieron a los culés controlar esta situación, al menos, durante los primeros 45 minutos.

Tras una primera mitad de color azulgrana, la segunda empezó con cambios. De entrada, el cansancio de un Messi que todavía no está apunto, devolvía al argentino al centro y a Cesc a la banda, desactivando así la gran ventaja del Barça en el primer tiempo. Al mismo tiempo, Xavi e Iniesta intercambiaban sus perfiles, en una decisión que seguramente buscaba asegurar la salida con Iniesta ante una previsible mayor agresividad en la presión del Madrid, y que duró apenas diez minutos. Hasta que una pérdida del manchego hacía lucirse a Víctor Valdés y evidenciaba que Andrés todavía no está tan bien como pareció indicar su primera mitad. También hubo cambios en el Madrid, en este caso de nombres, primero con la entrada de Illarramendi sustituyendo a Sergio Ramos y después con Benzema haciendo lo propio con Bale.

La clave fue el segundo movimiento. Karim es el nueve de Cristiano Ronaldo, y con el francés en el campo, el 7 blanco empezó a jugar. El portugués comenzó a disfrutar de espacios y el Madrid activó de verdad su sector izquierdo. Durante los primeros 45 minutos, el Barça había logrado tener controlado a Ronaldo, creando la ventaja con balón y con el cambio de posición entre Piqué y Mascherano como red de seguridad. Seguramente debido más a las molestias de Gerard que a querer reproducir la doble marca de Guardiola, fue al Jefecito a quien le tocó decantarse al perfil del luso y cubrir la espalda de Dani Alves. Ahora con Karim, sin embargo, Cristiano empezaba a encontrar espacios por dentro, ningún compañero le era obstáculo. Ronaldo se iba adentro, Modric se abría para recibir fácilmente y Marcelo se incorporaba. Todo empezaba a fluir para los blancos. Se jugaba en la mitad del Barça y el balón era para los de Ancelotti.

En estas que entró Alexis Sánchez. Para sumar un par de piernas frescas a este sector derecho culé que ahora atacaba con fiereza el Madrid, y en una contra Neymar se la puso por delante de Marcelo, el chileno se deshizo de Varane, vio a Diego López adelantado, se cambió la pelota de pie y la picó por encima del guardameta. La sentencia llegó cuando más sufría el Barça, ya con Song en el campo, que había entrado por Iniesta para cerrar junto a Busquets.

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