
Sin embargo, Luis Enrique en el Barça no parte de cero. Una parte de la plantilla le vino dada, y contiene piezas muy potentes de las que difícilmente va a prescindir porque no se ajusten al ideal que imagina en la posición. Ya hablamos en agosto del caso de Sergio Busquets y la cuestión del mediocentro, y el devenir de Piqué puede ir estrechamente ligado. La plantilla del Barça, ya se sabía en verano, presenta alguna laguna que nadie desde fuera ha solventado. A no ser que Vermaelen se revele como un central dominante a estas alturas, a la salida de balón le faltan piezas poderosas, que todavía se hacen más necesarias debido a la escasez en el primer pase y la base. Piqué es de todos los centrales azulgranas, el que más capacidad tiene para sumar en el inicio de la jugada.
Además, todo apunta a que el Barça de Luis Enrique va a correr. Que sin Xavi y con Messi, Neymar y Luis Suárez no renunciará a escenarios abiertos en los que se transite rápido. Con menos control, el equipo deberá afrontar más fases de defensa en campo propio, zona en que ni Busquets, ni Mathieu ni Mascherano cuando juega de central, tienen su contexto más favorecedor. Piqué, este Piqué, el de 2014, es el culé que más puede sumar ahí, el que mejor interpreta situaciones defensivas complejas, el que sobrevive y permite sobrevivir en inferioridad, el que alterna soluciones según el tipo de problema que se le presenta en frente. También es la princiapl arma, tanto ofensiva como defensiva, en el juego aéreo a balón parado. El tiempo y la evolución del equipo dirá si Luis Enrique piensa un Barça sin todo eso, si espera encontrar las soluciones en unos pies distintos o si todo es cuestión de tiempo y se trata de apretarle las clavijas a Piqué porque, justamente, lo necesita más que a otros.
