
El plan local, con el eje desplazado hacia la banda izquierda de modo que Grimaldo adquiriera una importancia sobre el juego equiparable a la que normalmente tiene el mediocentro, se mostró estable, pues además de este inicio sin riesgo, volcando el juego hacia la orilla destapó espacios que por dentro y entre líneas aprovechó sin peaje Jean Marie Dongou, compensado por una versión muy llegadora tanto de Patric como de Juan Cámara. Además, Adama estaba teniendo el día y, bien habilitado, juntaba y desbordaba rivales tal y como acostumbra cuando es así. No importó que el Tenerife lograra el empate tras uno de esos errores atrás que convierten al filial culé en el equipo más goleado de la categoría, pues en otra internada de su lateral izquierdo, el Barça B forzaba la pena máxima que Patric transformaría en el dos a uno. El minutero no había alcanzado la media hora de juego pero el encuentro pintaba bien. Llegó entonces, en el treinta y cuatro, la desafortunada acción de Dongou. La tensión y los nervios que el filial arrastra consigo se tradujeron en una entrada arriesgada que incluso saliendo bien no habría supuesto ninguna ventaja para su equipo, y que saliendo mal mandó al punta blaugrana directo a la ducha. Los diez minutos que faltaban para terminar el primer tiempo sirvieron como antesala de lo que sería la segunda parte, con el Barça recompuesto a partir de un 4-4-1 que dejaba solo en punta a Adama, y un Tenerife poco amenazado empujando hacia el área de Suárez.
Al descanso Raúl Agné sí movió el banquillo, y ordenó a sus piezas en un 4-3-3 más preparado para gestionar un balón que hasta el pitido final sería suyo. Con Juan Carlos y Aitor Sanz en los interiores, y Suso y Maxi como extremos, el técnico dispuso hasta tres opciones en banda contra un rival que solo las defendía con dos. Poco importaba que por ejemplo en la izquierda, tras la entrada al campo de Lucas, los catalanes formaran con doble lateral, pues no les costaba demasiado trabajo a los canarios tocar hasta romper las parejas exteriores del conjunto local, ganar línea de fondo y condenar al Barça B a vivir los segundos 45 minutos del choque defendiendo su propia área encerrado atrás. En la fragilidad del filial azulgrana en esta suerte no vamos a extendernos ahora, pero valga decir que los visitantes recogieron como botín un único gol para el empate donde en realidad tuvieron caudal suficiente para una victoria holgada. Sin salida, con inferioridad numérica en banda, sufriendo por el centro y con un Gerard Gumbau especialmente obtuso, el Barça B dio por bueno un punto que no le permite recortar la distancia con respecto al decimoctavo clasificado. Sumó en una semana en que no dispuso de Ortolá, Diagne, Halilovic, Samper o Munir, pero junio se acerca y el calendario aprieta.
