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Con uno menos

Con uno menos

rafinha-acabo-partido-1416952813727Cinco años atrás, entonces como técnico del Liverpool, Rafa Benítez hablaba con el hoy periodista Marcos López sobre la preparación durante la semana de los distintos escenarios que puede deparar un partido. Uno de los que todo equipo entrena, es cómo afrontar una situación de inferioridad numérica como la que se encontró el Barça B el domingo frente al Tenerife. La roja a Dongou no fue cualquier cosa, pues a los problemas que inevitablemente lleva jugar con un hombre menos, se le unía la presumible condena a pasar defendiendo todo el segundo tiempo, para un equipo con incontables deficiencias en este apartado. A la postre la situación se saldó con un gol en contra y un empate final que afanaba dos puntos al filial azulgrana, pero por juego y sensaciones el punto retenido supo a preciado botín. Con diez jugadores el Barça B quedó a expensas de los ataques de su rival y sin opciones de salir y respirar mínimamente cuando lograba hacerse con el cuero.

En los últimos años, cuando un equipo se ve en la tesitura de jugar un buen tramo del encuentro con solo diez futbolistas, la fórmula que más se ha impuesto es la de reordenar las piezas según un 4-4-1 que mantiene dos líneas de cuatro para custodiar el área y deja a un único hombre arriba confiando en que por si solo pueda inquietar a la zaga contraria o, al menos, darle tiempo a sus compañeros de banda para acudir en su auxilio. Así solía proceder, por ejemplo, el Barça de Guardiola, retrasando la posición de los extremos y con Messi solo arriba convalidando por una delantera entera, y así también obró Vinyals el domingo en el Miniestadi. Con el delantero camerunés ya fuera del campo, el filial abrió a Sandro definitivamente a la izquierda, hizo lo propio con Cámara en la derecha y dejó a Adama Traoré como punta de lanza. El sistema, sin embargo, fue ampliamente superado por un Tenerife que además cambió de dibujo para adaptarse mejor al nuevo escenario.

Otra línea, que en determinados momentos vimos seguir a Frank Rijkaard a lo largo de su etapa en Barcelona o a José Mourinho tanto en Londres, como en Milan o Madrid, es la de recomponerse a partir de un 4-3-2. El dibujo, de entrada, mantiene dos referencias para salir y la posibilidad de, en inferioridad, hacer valer la igualdad respecto a los dos centrales como vía más simple a generar ventajas. Si con un único hombre arriba el marcador siempre tendrá cerca la cobertura del segundo central -y así controló anteayer Raúl Agné a Adama-, con dos el contrario bien se expone al enfrentamiento parejo o se ve obligado a sujetar a un defensor más. También en la contención tiene sus ventajas, pues permite defender la banda con tres hombres más eficazmente. Lateral, interior y el delantero de ese lado, están en disposición de equilibrar la balanza con respecto al rival, mientras por dentro el mediocentro y el interior restante forman pareja en la frontal y cuadrado con los centrales.

El contrapunto con este dispositivo es la defensa del cambio de orientación, pues el hombre de más que se gana arriba o en el lado por donde ataca el adversario, se pierde en la orilla contraria si el equipo no logra bascular con la misma rapidez con la que el rival circula el balón. En todo caso son dos opciones. Las dos mayoritarias aunque una a día de hoy tenga más partidarios. A toro pasado, ¿le habría ido mejor el 4-3-2 al Barça B? ¿Y en el primer equipo? ¿Cuál de las dos opciones encajaría mejor?

Comments:1
  • Halilović 10 31 marzo, 2015

    Pues supongo que lo habran entrenado (llevan 7 rojas este curso) y con lo poco trabajado que esta en general el equipo habran optado por la opcion menos compleja, y yendo ganando el domingo supongo que lo «logico» era cerrarse mas atras y arriesgar poco.
    Muy interesante el post.

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