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El mojón y las monedas

Preguntado en los días previos al partido por las delanteras de Celta y Barça, Nolito manifestó que en comparación la celtiña era un mojón. Tan rotunda sonó la declaración del de Sanlúcar de Barrameda que se nos pasó por alto la sutileza que, camuflada de guasa, escondían sus palabras. Más allá de su significado indecoroso, un mojón es también la pieza de un juego. Uno en el que sobre un poste de madera cada jugador deposita sus monedas y que debe ser derribado a golpes lanzándole un disco. A intercambiarlos salió a jugarle el Celta a los azulgranas, y su delantera, el mojón que decía Nolito, fue quien sostuvo y resguardó las monedas. Si hay una forma como no se le debe jugar al Barça de Luis Enrique es justamente esa, a ver quien pega más fuerte, porque con Messi, Suárez y Neymar no hay gancho que noquee como el blaugrana, pero a Berizzo le salió bien y parece abonado a ello. Cuando las monedas finalmente cayeron, nuevamente lo hicieron de cara.

Y es que el planteamiento del argentino poco se diferenció del que tantos problemas causó a quien finalmente sería campeón de todo el curso pasado. Abalanzado sobre una intensidad casi suicida, presionando muy arriba e individualmente a riesgo de regalar espacios a su espalda y acelerando el ritmo del partido a base de ataques constantes y centelleantes, los celestes se hicieron con los tres puntos en el Camp Nou hace unos meses y cuando la refriega se trasladó a su territorio no claudicaron hasta bien entrado el segundo tiempo contra un Barça que venía de imponerse en el clásico. En esta ocasión, la receta fue la misma, también con los mismos peligros y riesgos que entonces, con la única salvedad de una modificación en la composición de la línea de medios. Nemanja Radoja todavía no había sido titular con el Celta esta temporada, pero tras comprobar ante el Las Palmas que este año, sin Krohn-Dehli, a su equipo le puede costar más bajar las revoluciones para controlar un marcador a favor, Berizzo ya usó al serbio el pasado fin de semana para dar un punto extra de consistencia a la línea de medios. Teniendo en cuenta que se iba a descubrir delante del Barça de la MSN, fue novedad pero no sorpresa.

El cambio, además de nominal, se sintió también en el dibujo, pues Wass, normalmente interior, pasó a jugar de mediapunta quedando Radoja por detrás al lado de Augusto. Esto acercó al danés al área, lo dispuso en la plataforma para llegar y lanzar y lo escondió detrás de Sergio Busquets para salir disparado al espacio aprovechando que el catalán siempre salta a la presión del jugador que lleva la pelota. Wass resultó ser un golpeador más que sumar al tridente de ataque, los verdaderos protagonistas de la noche. Nolito, Aspas y Orellana, no son, por descontado, mejores que Messi, Suárez y Neymar, pero están mejor y el escenario del partido les sonrió desde el principio -con un paréntesis culé a partir del primer cuarto de hora y hasta el gol-. Nolito, el crack, demostrando que ya es más que un regateador con gol y que contra eso no basta con la mucha y buena ayuda que le dispensó Sergi Roberto a Dani Alves. Orellana, como quien da vueltas al rededor de un árbol, giró sobre Mathieu hasta marearlo y apareció entre líneas con finísima dulzura. Y Iago Aspas, maravillosa noticia del arranque vigués, combinó el apoyo, la ruptura y la continuidad como los delanteros de categoría. No respondió mal el Barça en el área, donde volvió a estar Gerard Piqué como jerarca, pero los azulgranas tuvieron en su transición defensiva la mala noticia de la noche.

Recordó más a la que mostraba el conjunto de Luis Enrique la temporada pasada hasta febrero -aquella en que la contra del adversario rodaba como un queso por una colina sin que nada la detuviera- que a la que vendría después de la mano, sobre todo, del nuevo rol de Dani Alves como falso segundo mediocentro. El brasileño no estuvo especialmente atinado en Balaídos, pero concretamente el aporte que se señala tenía más que ver con el sistema que con el acierto. No es que Dani estuviera mal desde el mismo sitio, sino que no llegó a estar ahí, en buena parte debido a que el ritmo del partido apenas permitió al Barça darse el tiempo suficiente con el balón para que la estructura tomara forma. La presión kamikaze de Augusto y Radoja saliendo muy lejos a por su par recordando en algún aspecto a lo que hicieron Rakitic y Busquets hace cuatro días, el desacierto de Luis Suárez en los controles y toques de apoyo, la agresividad en la marca de un Hugo Mallo que parece haberle tomado la medida a Neymar, la ausencia de Alba o la ya endémicamente trastabillada salida de balón culé, fueron algunas de las causas.

Pese a todo, como se ha apuntado al inicio, el planteamiento celtiña no estuvo exento de riesgo. De hecho asumió mucho. Se vio en los minutos que fueron del fulgurante arranque al gol de Nolito, con un Barça que pudo salir y encontrar a sus interiores con espacio. Fueron éstos buenos minutos para Sergi Roberto que con Iniesta asumiendo peso en la base aguardó en el siguiente escalón, liberándose de la pegajosa vigilancia de su marcador y de un contexto de juego en el que su acierto técnico se resiente. Pero cuando más cerca tuvieron el gol los de Luis Enrique, las monedas se mantuvieron boca abajo, hasta que Nolito, con un sonoro discazo, hiciera saltar por los aires el juego.

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