
Aunque sin demasiada continuidad, todas más o menos han funcionado pese a no alcanzar ninguna ese segundo tanto que el equipo tanto ansía. Tampoco las últimas, las dos a las que recurrió Gerard para enfrentarse al Lleida el pasado sábado, que sí sirvieron, en cambio, para que el Barça B lograra la victoria en el Mini. La primera de ellas atañó a Sergi Samper, que continuó desenvolviéndose como interior en la media pero al que, en esta ocasión, se le pidió menos participación en la salida de balón. Hasta ahora habíamos visto cómo aun jugando más adelantado, cuando el equipo iniciaba juego el pivote se apartaba para que Sergi pudiese alojarse en su posiciona más natural y comandar desde ahí el primer pase. Es algo que contra los de Imanol Idiakez también se dio, pero solo cuando la salida que comandaban los zagueros, Ortolá y Ros no era capaz de imponerse por sí misma. Más que como plan principal, funcionó como media de emergencia. Se trataba, pues, de que la claridad creativa de Samper se enfocara cuanto más cerca del área rival mejor, situándose por momentos como el centrocampista más adelantado de la media y orientándolo Gerard como pieza activa en la presión adelantada para que su capacidad técnica quedara cercana a un posible balón recuperado.
La segunda novedad introducida tuvo que ver con la línea atacante y, principalmente, mientras el marcador indicó las tablas: Maxi Rolón fue falso nueve. La medida, que consecuentemente desplazó a Dongou hacia banda izquierda, provocó varios cambios. Por un lado, con Dongou aproximándose al mediocampo desde la izquierda y Maxi haciendo lo propio desde el carril central, el Barça B ganó cuerpo en zona de medios y opciones de pase a la espalda de los centrocampistas del Lleida. En segundo lugar, el espacio abierto por los apoyos del camerunés habilitaba una puerta de entrada muy clara para que Grimaldo se sumara a las jugadas de ataque. Pero lo más determinante posiblemente fue que con Maxi en su nuevo rol, el atacante central aunó desmarques en ambas direcciones del eje vertical. Es decir, tanto podía dibujar un acercamiento para tocar entre líneas, como una ruptura para separarlas, caer a banda izquierda y darle fluidez al juego de ataque a partir del intercambio de posiciones con Dongou. Desde los problemas del Lleida para controlar la dinámica generada en la punta izquierda del ataque culé, pudieron los locales ganar metros con paso firme y poner a Samper y Kaptoum en la frontal. Las teclas que tocó Gerard funcionaron, y ya van seis jornadas de imbatibilidad.
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