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Rakitic sin la sociedad Alves-Messi

Nadie mejor que Ivan Rakitic simboliza el proceso que siguió el Barça de Luis Enrique la temporada pasada, desde las dudas de buena parte de la misma hasta los éxitos con los que la concluyó. El croata llegó a Barcelona como incorporación más importante de un centro del campo que ya no tenía cerebro. Xavi no iba a tener un papel principal con Luis Enrique, y Cesc, el esperado heredero, regresaba a Inglaterra sin haber sido capaz de hacerse con el timón. Rakitic era un jugador distinto, no era un director pese a que de su carrera se desprende que le habría gustado serlo, sino un futbolista mucho más enfocado a la finalización y menos relacionado con la elaboración que los dos catalanes. Era como lanzador y llegador que Ivan se había ganado el billete a uno de los equipos más importantes del continente. Sin la pieza que diera orden al juego, sin embargo, el proyecto de Luis Enrique empezó con zozobra y la indefinición por bandera. Pero tras el punto crítico de Anoeta y posterior reubicación de Leo Messi en banda derecha, todas las piezas empezaron a encontrar su lugar. También Rakitic, que pasó de peón encargado de compensar a Leo y cubrir a Alves, a erigirse en una de los hombres importantes del engranaje, en una función que resaltaba sus virtudes y las ponía al servicio del colectivo. La confianza de la adecuación desembocó, por ejemplo, en una grandísima semifinal ante el Bayern de Múnich que recibiría el premio merecido en la Final, tras convertir el tanto que abriría la victoria culé. Por lo apuntado este verano, el segundo curso del croata iba a seguir esta línea positiva. El jugador sumaba templanza tras su importancia en la consecución de los tres títulos, el equipo iba a cambiar poco respecto a la fórmula que le había dado el éxito y Rakitic seguía siendo un fijo.

Todavía lo es, pero sin embargo, su ecosistema en el conjunto todavía no ha podido ser aquel en el que más brilló, y su rendimiento lo ha sentido. Anteayer mismo, pese a los dos goles que, al fin y al cabo, significaron la victoria del Barça, su entrada al campo hizo disminuir el nivel del juego. El mejor Rakitic del curso anterior se vio a partir de que Alves desde el lateral y Messi desde el extremo, asumieran el peso del interior derecho en cuanto a gestión del cuero se refiere. La conexión entre brasileño y argentino crecía a la derecha de Sergio Busquets, generándole el espacio y el trampolín perfecto a las llegadas del interior. Pero esta temporada, ya desde la primera jornada de Liga, el reparto de roles se ha visto afectado. En San Mamés cayó lesionado Dani Alves, y hace casi un mes, ante el Las Palmas, Leo Messi. En medio, lateral, interior y extremo solo han podido coincidir de inicio en un solo partido, el de la jornada 4 ante el Levante, justamente un partido en el que Luis Enrique probó con un dibujo alternativo. Así pues, Rakitic no ha tenido nunca cerca a su dos aliados del año pasado, y sus recambios, además, se han impuesto desde perfiles distintos. Sergi Roberto, por ejemplo, pese a su formación de medio, desde el lateral ha tenido una función mucho más relacionada con la profundidad y el juego de carril, que ha obligado a Ivan a aumentar su protagonismo con la pelota, y no digamos ya si abordamos la cuestión de los sustitutos de Leo en el extremo, pues más allá del salto de calidad, con el 10 hablamos de un extremo de mucho peso en mediocampo y con Sandro o Munir de puntas abiertos a una banda. Rakitic echa de menos a la sociedad Alves-Messi casi tanto como ellos dos. La necesita para reencontrarse.

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