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¿Sergi Roberto es de verdad?

¿Sergi Roberto es de verdad?

Sergi_RobertoHace ya varios meses que las buenas actuaciones de Sergio Roberto vienen con pie de página. Antes de su exuberante inicio de curso actual, en el anterior, ya había dejado muestra de su buen juego desde una redescubierta demarcación de mediocentro que anticiparía la capacidad camaleónica que de él conocemos hoy. El primero de los partidos en su nueva ubicación fue ante el Eibar, en la víspera del Barça-Madrid con Busquets renqueante y Mascherano apercibido de sanción. Lo jugó entero y cumplió con nota, algo parecido a lo que sucedería a continuación contra el Almería, en Getafe y de nuevo en casa ante el Deportivo de la Coruña. Sus cuatro actuaciones como pivote habían resultado positivas, pero cargaron con el comprensible asterisco de que se habían producido frente a rivales de poca enjundia. Solamente contra el Paris Saint Germain este nuevo Sergi Roberto mediocentro pudo medirse a un grande, pero cuando hizo acto de presencia la eliminatoria con los franceses estaba más que resuelta y su buen desempeño volvió a tener dispensa. Y es que para Sergi Roberto aquella oportunidad llegaba con muchas dudas a cuestas. Siempre había sido el interior distinto de la cantera barcelonista, y tras un par de años no muy positivos en el Barça B a las órdenes de Eusebio Sacristán, su maduración además coincidiría con la etapa más especializada en la historia reciente del club. No cabían matices, complementos ni disonancias, e incluso estrellas acreditadas como Cesc Fàbregas sufrían los efectos del inalcanzable listón técnico que fijaban Xavi, Busquets, Iniesta o el canterano del momento, Thiago Alcántara.

Aquel mediocampo que relegaría a Touré Yaya, desplazaría a Mascherano y expulsaría a Seydou Keita, era un hábitat hostil para todo aquel que osara adentrarse en él sin zapatos de cristal. Roberto no los tenía, era, en este sentido, más terrenal, lo cual no le restringía el acceso a ningún gesto técnico concreto pero sí que le hacía necesitar más metros o más tiempo para llevarlo a cabo. Un espacio y un tiempo que entonces no había porque no se necesitaba. Por eso, precisamente, cayó de pie y contra pronóstico en la demarcación de pivote, porque a la lectura y sapiencia del sistema que llevaba de serie por proceder de donde procede, incorporaba un poco más de desahogo. Quizá por eso entrevió en él Luis Enrique una opción para el lateral derecho en lo que Aleix Vidal esperaba para cubrir la vacante de Montoya. Sergi tenía el recorrido y la interpretación de los espacios que le habían definido como interior en las categorías inferiores, y además su trayectoria en mediocampo casaba muy bien con el rol que desde el lateral había estado desarrollando Dani Alves desde hacía meses. Otra vez con espacios por venir desde más atrás, sin embargo la función que le encomendó el técnico tuvo más que ver con la profundidad que con la administración del cuero. Sergi subía, subía mucho y en el momento justo, y una vez arriba mostraba que sabía elegir la opción más adecuada. Interpretación y sentido en el juego nunca le había faltado. A la espera de comprobar su respuesta defensiva a una demarcación desconocida, el Barça había ganado una nueva pieza y el jugador un clavo en el que agarrarse. Su rendimiento y confianza con aquello se dispararon de tal modo que fue difícil hablar de ellos por separado. Como si otra vez el nivel mostrado por el canterano no pudiera librarse de la coma y el pero.

Una coma y un pero que se agrandaron en la Supercopa a la hora de pensar en un posible retorno a la posición de interior. Si la barrera que se lo impedía era la cumbre técnica a la que obligaba el anterior ciclo por tener que desenvolverse en espacios tan reducidos, en el renovado Barça de Luis Enrique, en el que se corre más y el viento circula sin que lo detengan, aquel interior que un día se adivinó sobre el césped del Miniestadi debería poder rendir mejor. No tuvo mucha suerte en este sentido el curso pasado el jugador, pues en un mediocampo que distingue a un interior enfocado a la pelota y a otro trabajando el espacio, o bien le tocó ser lo primero o bien desarrollar lo segundo sin las dos piezas que dan sentido al rol. Resumiendo: o actuó de Iniesta o hizo de Rakitic sin la sociedad Alves-Messi en la banda derecha del sistema. En onces, además, algo desnaturalizados ya que lo habitual es que sus paridos con más minutos fueran, también por lógica, aquellos en que el Barça más rotaba. Un escenario opuesto al que disfruta esta temporada, en la que siendo interior ha coincidido o bien con el Neymar más epicentro, o bien con Alves y Leo en el mismo carril, o bien ejerciendo de cuarto centrocampista encargado de hacer la superioridad. Y de este modo, la demarcación para la que pareció proscrito pero que en realidad era la suya, le ha vuelto a pertenecer. Porque lo que está haciendo Sergi Roberto, sus acciones, gestos y movimientos, su lectura de los espacios o su comprensión del juego, no son cosas ajenas al repertorio de un futbolista desde hace tiempo conocido. Quizá, en todo caso, son cosas que se pensaba que no iba a poder hacer de nuevo.

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Comments:1
  • Eric Medina Lapaix 26 noviembre, 2015

    Juntándose en toda esta coyuntura es las ansias de seguir. De lograrlo, a pesar de los contrastes de formas y fondo. Lo vimos en estos últimos 7 días vs. AS Roma & Real Madrid: la capacidad de adaptarse de Sergi Roberto a las situaciones. Tanto de juego, como de asociación en el campo.

    Una de mis preguntas si el caso que mencionas, la incorporación de Messi al XI, nueva vez, más Alves en el carril derecho iba a dar los resultados óptimos. Con la Roma pasó lo contrario, porque estuvo en la izquierda, donde pudo converger con Alba & Neymar. Como espejo sucedió en el Clásico de cómo transitar desde la derecha hasta el centro para estar cerca de Alves y detrás de Suárez.

    ¿Qué ha logrado? Ser lo quiso desde el Barça B, un jugador que facilita los procesos.

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