La vuelta del Bayern de Guardiola a la competición, tras la pausa que el fútbol se toma en Alemania en invierno, ha venido marcada por las mismas buenas noticias en el campo y las mismas malas en la enfermería. Los últimos en caer: Boateng y Javi Martínez, lo cual dejó al frágil Badstuber como único disponible del cuarteto de centrales que maneja el técnico catalán, obligado a innovar el domingo ante el Hoffenheim situando al joven y polifacético Kimmich al lado de Badstuber. La nota más interesante, sin embargo, no fue esa, ni siquiera en lo que se refiere a los futbolistas que compusieron la zaga. A ambos lados de la pareja de centrales, los laterales volvieron a ser para Lahm y Alaba, presentados a Guardiola como dueños de esa demarcación pero en los que Pep descubrió a sus centrocampistas favoritos en el Bayern tras el adiós blanco de Toni Kroos. 
Por delante suyo, eso sí, la línea de mediapuntas estuvo abundantemente poblada por hasta cuatro futbolistas. De derecha a izquierda, Robben, Müller, Costa y Coman, todos ellos hombres capaces de actuar abiertos a banda, fueron protagonistas de otra de las singularidades del planteamiento bávaro. Ya había trabajado Pep con el cruce de diagonales en uno de los dos carriles, siendo el más habitual el derecho con Müller y Robben intercambiando posiciones de origen y destino con la jugada en marcha. Una permuta que según la intención de la misma podía usarse bien como desdoblamiento exterior que limpiara la zona al centrador, bien como solución para que la diagonal del extremo vistiera una frontal, por lo demás, algo desnuda. En este caso, la fórmula se reprodujo en las dos orillas del dibujo, uniéndose a la X de Robben y Müller en el perfil diestro, la de Costa y Coman en el izquierdo. Ante el Hoffenheim el desarrollo de la idea fue eminentemente exterior, barriendo hacia esa zona, también, a los adversarios que comenzaban la defensa del mediocampo por dentro. Sumado esto al comportamiento anteriormente descrito de los laterales y a la altura que ahora podían ganar por los pasillos interiores sin oposición, le ofreció a Guardiola una nueva variante para ocupar la zona de rechace y tener controlado el inicio de la contra de su rival.
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