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A la izquierda de Messi

Mientras así lo siga disponiendo el calendario, las supercopas son títulos disputados con tensión de oficialidad pero fútbol de pretemporada. Así resultó anoche para Sevilla y Barça, que en el Sánchez-Pizjuán mostraron a partes iguales la intensidad de quien pelea por el segundo y primer título de la temporada respectivamente, y el juego de quien todavía tiene mucho por ensamblar. Especialmente el cuadro andaluz, que vive inmerso en una revolución de Sampaoli que lo afecta todo: plantilla, idea, mecanismos de juego… A falta de asentar no lo principios de su nueva apuesta pero sí la forma en que se manifestarán, y de estructurarse como equipo a partir de ellos, la principal y casi única arma con la que ahora mismo los hispalenses presentan batalla tiene que ver con la presión. Ella fue la que definió el primer tiempo de la Supercopa.

Pese a su voluntariosa propuesta con balón, el cuadro de Sampaoli no posee todavía los automatismos para lograr con él lo que pretende. Cuando lo movió, ante un Barça plantado defensivamente en un 1-4-4-2 claro que situaba a Rakitic en la derecha y a Arda Turan cerrando la izquierda, su posesión no desbordó por sí misma. Sin encontrar las rutas ni darle el tiempo necesario a sus ataques posicionales para que surgieran batallas más complejas, la deslavazada ofensiva andaluza chocó contra Piqué y Mascherano, metidos atrás y en versión salvadora, y con el abrumador posterior dominio culé en el balón parado. Cuando el esférico era azulgrana, en cambio, sí estaba el Sevilla relativamente cerca del peligro. En base a una presión intensísima y muy individual, los de Sampaoli le dificultaron el inicio al Barça y lograron recuperar arriba en alguna ocasión con los blaugranas a contrapié. Con mucha gente apostada en campo contrario, una defensa muy agresiva de cualquier apoyo de espaldas y con los laterales y Mercado claves a la hora de frenar las conexiones con los puntas, los agujeros que no supo abrir el Sevilla desde la combinación, los provocó presionando. 

El Barça, por su parte, estrenaba el curso con dos novedades y una noticia. Las primeras tenían que ver con las obligadas ausencias de Jordi Alba y Neymar, reemplazados en el once por Mathieu y Arda Turan. Más allá de otras consideraciones, las entradas de francés y turco implicaron un cambio de perfil en los hombres que acompañaron a Iniesta en la banda izquierda (más central el lateral, más centrocampista el extremo) que convirtieron al carril zurdo del ataque en menos profundo de lo habitual. Los giros de Messi para rescatar a su equipo de la presión sevillista eran la forma más sencilla que encontraba el Barça para transitar e infiltrarse en campo rival, amenazando incluso con superioridad de efectivos, pero la ausencia de receptores para el pase, en muchos casos, limitaban las opciones del argentino a la conducción. No había descarga.

El transcurso del encuentro, sin embargo, le fue aclarando el paisaje al argentino. Primeramente por las esperables consecuencias físicas en las piernas sevillistas del derroche en la presión, y después por la progresiva pero a la postre total remodelación de la banda izquierda del Barça. La temprana lesión de Mahieu introdujo a Digne en el lateral y con él una mayor dosis de profundidad al carril. Messi tuvo quien corriera para su diagonal, y Arda quien apareciera en la zona del extremo para que el turco pudiera trasladarse al carril central sumando a la media y dividiendo las atenciones de los centrales locales. La de Iniesta sacó del campo al director, asignándole todavía más peso en la gestión a Leo y, de paso, aligerando el peso de una banda izquierda que delegando en la derecha y convirtiéndose en lado débil, vio aumentar sus espacios. Messi tuvo el vaciado en la otra orilla, y Denis Suárez se aprovechó de ello. Finalmente, la entrada de Munir sirvió para redoblar esfuerzos en el desmarque contra un Sevilla ya partido, y para añadir agresividad en los movimientos y finalización en los metros finales. Con él, Messi tuvo a su izquierda, también, a quien poner delante del portero.

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– Foto: Aitor Alcalde/Getty Images

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