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Cuando el Barça se encasquilla

Barcelona's Brazilian forward Neymar lies on the pitch after missing a goal during the Spanish league football match FC Barcelona vs Deportivo Alaves at the Camp Nou stadium in Barcelona on September 10, 2016. / AFP / LLUIS GENE (Photo credit should read LLUIS GENE/AFP/Getty Images)

El Barça actual es el equipo de la MSN. No por -o no sólo por- una cuestión de nivel, importancia o capacidad resolutiva, sino que es a partir de la conjunción de Messi, Neymar y Luis Suárez que se construyó. Que tomó forma. En su caso, esto quiso decir quitar peso en la balanza al plato del juego de posición para sumarlo al de la libertad e inspiración, que se entendió como el más eficaz para potenciar las virtudes de su histórica tripleta atacante, tanto a nivel individual como colectivo. A lo largo de los dos últimos años, a la vista están los beneficios de la decisión, traducidos en un triplete, un doblete y un sinfín de victorias. Por otro lado, durante este tiempo también han quedado expuestas las zonas más inestables de un plan, que como casi todos los demás, no es perfecto, siendo una de las más claras los escenarios en los que el equipo se ve obligado a desarrollar su ataque en posicional. Por regla general, también en ellos se impone, pues nadie posee futbolistas más capacitados para generar juego, jugadas y ocasiones de gol desde la más pura y salvaje inspiración, pero cuando ésta no aparece, no comparece o resulta tan eficazmente maniatada por el adversario que apenas se expresa, es cuando se descubre que el ataque posicional culé más que pautas a aplicar tiene soluciones que encontrar.

Contra el Alavés, tras el parón de selecciones y con un once muy poco habitual, costó más de lo debido hallarlas. Línea por línea, el once que presentó Luis Enrique bajaba respecto al que más acostumbra no ya el nivel, sino algo que en este puntual contexto casi se hacía más necesario incluso: capacidad creativa. Piqué, Iniesta, Messi, Suárez… hasta Ter Stegen faltaba en ese ramillete de futbolistas que integran la plantilla azulgrana capaces de la acción brillante que haga saltar por los aires un partido cerrado. Del teórico equipo de gala, pues, sólo tres futbolistas actuaban en su demarcación (Mascherano fue central derecho), y el que más soluciones guarda en su chistera tenía ante sí un paisaje muy particular. Neymar disputó el sábado sus primeros minutos de la temporada con el Barça, y lo hizo sin compartir once con ninguno de los socios que más cerca suele tener. En su lugar, encontró a buenos futbolistas con los que sobre el césped todavía no se conoce, y se hizo patente como ni con Digne, ni con Denis ni con Paco Alcácer tiene todavía el brasileño tomada la medida. Sin los remedios que pudiera aportar Ney, buena parte de las opciones pasaban por un Arda intermitente pero acertado cuyo mejor fútbol no suele estar muy estrechamente emparentado con la producción directa de acciones de gol.

Ni los interiores por tener normalmente una función muy ligada a la tendencia centrocampista de alguno de los delanteros, ni los laterales por no estar familiarizados con lo que pide de ellos el sistema en estos escenarios, fueron tabla a la que agarrarse. Pese a todo, y como se ha mencionado al inicio, no era ésta una situación nueva del todo para el F.C.Barcelona, que de todos modos reunía sobre el campo hombres de altísima nivel. Esta calidad de los azulgranas, muy superior también pese a las rotaciones a la de su adversario, suele ser su gran aval cuando la maquinaria se encalla, pues cualquiera de los jugadores que formaron en el once de Luis Enrique eran perfectamente capaces de convertir un mínimo fallo rival en un error fatal. Sucede que el Alvés de Pellegrino no cometió ninguno. La organización de su línea defensiva fue perfecta, el mediocampo permaneció en su sitio y Deyverson apretó dónde y cómo debía. Todos supieron qué hacer y lo hicieron, con una seguridad y compostura nada habitual en los rivales que visitan el Camp Nou, y menos si se trata de recién ascendidos. Alexis, Raúl García, Laguardia, Femenía, Theo Hernández,  Daniel Torres o Marcos Llorente, no regalaron nada. Sin embargo, aunque el paisaje general fuese el descrito hasta ahora, es decir, un ataque catalán falto de ideas y una defensa vitoriana de lo más solvente, seguramente lo que finalmente resultó más decisivo en la victoria visitante y en el intento fallido de remontada local, ocurrió en los escasos instantes en que los papeles se cambiaron.

Por mérito de unos y demérito de otros, el Camp Nou no tuvo solamente una dirección. El Alavés pudo respirar, romper el ritmo de ataques culé y surfear el oleaje. A los certeros primeros pases de Llorente y compañía, y a la claridad con la que buscaban las bandas o los apoyos de Deyverson según requería la ocasión para atacar a una zaga barcelonista que se rompía por Vidal y que sin Piqué no tenía cómo recomponerse, se le unió la dificultad del Barça para delimitar su transición defensiva sólo a la mitad del campo sobre la que atacaba. Probablemente contribuyó a ello la posición retrasada que adoptó Busquets tras el descanso, en pos de aupar a unos laterales que como en el primer tiempo no resultaron el remedio. El 5 es el hombre más experto en el robo adelantado de cuantos puede alinear Luis Enrique. Quien situado cerca de la acción y por consiguiente tanto de la posible pérdida de balón como del nacimiento de la contra rival, es más capaz de encerrar al adversario. De impedir que salga. Además, pocas cosas abren más a las defensas que ser cazadas a contrapié cuando tras recuperar empiezan a desplegarse. Un Busquets que pueda defender arriba es, pues, una poderosa alternativa de ataque cuando el plan habitual se encasquilla, de la que el sábado el Barça no pudo echar mano.

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– Foto: Lluis Gene/AFP/Getty Images

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