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Una nueva misión para Valverde

Barcelona's coach Ernesto Valverde speaks during a press conference at the Red Bull Arena in Harrison, New Jersey, on July 21, 2017, a day before his team's match against Juventus FC. / AFP PHOTO / Jewel SAMAD (Photo credit should read JEWEL SAMAD/AFP/Getty Images)

Barcelona's coach Ernesto Valverde speaks during a press conference at the Red Bull Arena in Harrison, New Jersey, on July 21, 2017, a day before his team's match against Juventus FC. / AFP PHOTO / Jewel SAMAD (Photo credit should read JEWEL SAMAD/AFP/Getty Images)

Ernesto Valverde es un entrenador versátil, cuya extensa y heterogénea trayectoria evidencia tanto su flexibilidad en el acercamiento a equipos y grupos humanos de los más diversos, como su astucia a la hora de serles de utilidad desde dos de las improntas que más caracterizan a sus trabajos hasta la fecha: la capacidad de contagiar serenidad y de afianzar cimientos. Decía el legendario Marco van Basten que si en su carrera había tenido diez entrenadores, sólo uno fue capaz de enseñarle algo, tres no lo estropearon y los otros seis le fueron un estorbo. Si de Valverde hablaran los equipos que ha dirigido, la inmensa mayoría probablemente reconocerían en él a un aliado. Potenció virtudes, detectó problemas, juntó a las piezas en un mismo camino, destacó a los cracks y dio forma para ellos a estructuras que los arroparan. En consecuencia, pues, no se trata tanto de un entrenador de libreto establecido y transportable allá donde va, como de uno adaptativo a las necesidades del lugar donde aterriza. Su carrera, de este modo, en cierto sentido ha transcurrido hasta el momento como una sucesión de misiones en las que su trabajo ha consistido en aplicar la receta más indicada. No es lo mismo tener a Etxeberria, Urzaiz y Yeste, a Iván de la Peña y Raúl Tamudo, a Belluschi, Dudu Cearense y Djordjevic, a Banega y Dani Parejo, a Ibagaza y Mirallas, o a Raúl García y Aduriz.

Lo revelaba el curso pasado a propósito de su último trabajo en Bilbao y de la influencia que en su definición adquirió una figura como la de Aritz Aduriz: «Desde luego nosotros jugamos para él. Lo he dicho muchas veces: nos marca el estilo. Al final, nosotros llegamos a determinadas zonas para poner un centro donde él tiene ese poderío y esa capacidad para sacar un remate de cualquier situación«. Una declaración no muy alejada en su fondo de la que le sirvió para hablar del impacto de Iván De la Peña y Raúl Tamudo en la personalidad futbolística que tuvo su R.C.D.Espanyol: «Iván y Raúl son dos jugadores que marcan mucho el estilo del equipo. Raúl porque es un jugador que siempre juega sacando jugo a situaciones en las que el balón parece que lo tiene perdido, y con un instinto de gol fuera de lo común. Y luego Iván, que todo el mundo sabe que tiene un último pase muy bueno y gran capacidad para la organización«. En este sentido, en la labor de Ernesto Valverde convive una suerte de doble equilibrio entre el favor a sus piezas más trascendentales y el mantenimiento de un orden coral que actúe como soporte táctico. Unas veces más elaborado y complejo, y otras más simple y elemental, sus equipos rara vez descansan sobre el vacío.

«Messi es un jugador que determina muchas cosas sea cual sea la posición en la que juegue. Puede hacerlo un poco más atrás o un poco más adelante, pero todos sabemos que independientemente de dónde esté, su juego al final siempre va a terminar en una zona de influencia y definitiva. Nuestra idea es que esté siempre en zonas cómodas, que nos pueda ayudar a aclarar el juego y que, desde luego, esté cerca de la finalización, porque ahí es donde marca absolutamente la diferencia. «

 

«No me gusta mucho variar los sistemas de juego. Independientemente del rival que sea, me gusta seguir un esquema que nos venga bien y que todos reconozcan, y con el que el juego se sienta cómodo. Que con el tiempo el jugador se sienta que está dentro de esa forma de jugar, con esos mecanismos internos. Y luego no variarlo demasiado, más que nada porque el jugador siempre quiere tener una propia personalidad en el campo«. Flexible a la hora de elegir esquema y firme cuando lo ha encontrado, la paleta del técnico cacereño recoge formas diversas de organizar a su equipo, con especial inclinación al 1-4-2-3-1 al que dio forma en Bilbao o Atenas, y al 1-4-4-2 que usó en el Espanyol, así como en la mayoría de sus destinos a modo de esquema alternativo. Afirma el Txingurri que «los colectivos admiten muy bien las individualidades que te solucionan las cosas«, y no en vano sus estructuras normalmente han buscado dar cobijo a cuantos más futbolistas de perfil ofensivo fuera posible. Tratando de hallar en lo colectivo aquello que en otros supuestos deberían dar piezas más específicas de contención y usando esas posibilidades liberadas para encajar en el sistema a más gente de ataque.

Si para Juanma Lillo, en su momento, el 1-4-2-3-1 fue la forma de juntar sobre el césped, de forma equilibrada, a cuatro delanteros, a menudo Valverde ha visto en este esquema una oportunidad similar de acumular piezas de ataque sin poner el riesgo la estabilidad del equipo. Etxeberria, Yeste, Ezquerro y Urzaiz en su primer aventura en La Catedral; Galletti, Belluschi, Djordjevic y Diogo Luis Santo en Olympiakos; o Iñaki Williams, Raúl García, Muniain y Aduriz en su vuelta a casa, compusieron algunos de sus pokers de ataque. En el Espanyol y en su regreso a Grecia, la incursión de mediapuntas como De la Peña o Ibagaza al lado del mediocentro incluso le abrió la puerta a juntar con ese teórico enganche a dos hombres de banda y a dos delanteros por delante. No fue extraño verle formar, entonces, con Lo Pelat por delante de Moisés Hurtado, con Rufete, Valdo o Corominas en la derecha, Riera en la izquierda y Tamudo junto a Luis García en punta, mientras que en el Pireo el repoker en ocasiones lo formaron El Caño Ibagaza, Mirallas, David Fuster, Pantelic y el propio Albert Riera.

Para sostener también sin balón a colectivos que integran a tantas piezas con aspiraciones de ataque, la fórmula de Valverde es la de la presión, la constante más presente en su plural recorrido por los banquillos. Más o menos directos moviendo la pelota o con un esquema u otro, los equipos del Txingurri siempre presentan la firme intención de llevar su fase defensiva cerca de la salida del contrario, permitiendo de este modo que la respuesta del equipo ante una pérdida de balón no obligue a sus futbolistas más creativos a correr muchos metros hacia atrás para luego volver a recorrerlos hacia adelante. Los conjuntos de Valverde, pues, acostumbran a defender hacia la portería contraria, con los hombres más adelantados manteniendo la posición muy arriba y los más retrasados encargados de guardarles la espalda. Especialmente relevante resulta en esta fase la figura del mediocentro, abanderado de este acoso adelantado empujando hacia arriba a la parte delantera del equipo, y a su vez, guardián de los espacios libres que el ansia en la recuperación pueda abrir en mediocampo.

Representa el punto de apoyo que debe mantener ordenado al equipo aun cuando alguna de sus piezas rompa el protocolo para encimar al poseedor del balón. Un orden colectivo fundamental para que los riesgos de la propuesta defensiva disminuyan su peligrosidad. La anticipación de los centrales, así como las persecuciones que los laterales realizan sobre los intentos de recibir de los extremos rivales, son otras medidas, igualmente habituales y necesarias, para que el plan ajuste. Donde sí puede evolucionar la idea de Valverde ahora en Barcelona es en la naturaleza de esa presión, pues si hasta la fecha el pressing de sus equipos ha estado muy vinculado a un componente de superioridad física encarnado por la figura de sus mediocentros o de ocupantes de la mediapunta de mucha capacidad sin balón, dada la singularidad de su nuevo club y de los futbolistas a su disposición, cabe esperar un giro hacia un tipo de presión más relacionada con las ventajas previas generadas por el propio ataque.

También a la hora de atacar, los zagueros adquieren un papel de relevancia, siendo los centrales los primeros encargados de dar salida limpia al juego y los laterales quienes deben abrir el campo por delante. Y es que en el libreto de Valverde, pese a su pasado como extremo canónico, los delanteros de banda suelen tener vía libre para acudir a zonas más centradas, como una forma de aumentar las opciones de pase interior por delante del balón y dar así salida vertical a los ataques: «No me agradan los extremos que llegan, entran por la banda y se van. Prefiero a los que tienen capacidad para jugar por fuera y, luego, pueden entrar por dentro«. De este modo, la presencia ofensiva de los laterales resulta clave para mantener abierto el campo y darle al poseedor del balón variedad en la distancia del pase: «Si el equipo no es ancho no vas a llegar, si no tienes gente que ocupe la parte exterior no podrás meter el juego por dentro«. En los equipos de Valverde suele haber mezcla entre pases cortos y pases largos, motivo por el cual acostumbra a requerir referencias en los costados hacia quienes dirigir el cambio de orientación con tal de oxigenar la circulación. Sus equipos tocan pero mantienen la voluntad de avanzar. Buscan un ritmo alto a la hora de mover el esférico, tienen presentes las referencias alejadas y aprovechan los espacios cuando surgen.

Seguramente fue en Valencia donde el nuevo entrenador azulgrana construyera su equipo más masticador, con Banega, Parejo y muchas veces un 1-4-3-3 que lo normal sería que reprodujera también en su nueva casa. En Mestalla, además de volver a moldear a un conjunto ordenado y reconocible como una constante en su carrera con Villarreal como único traspiés, Valverde puso nuevamente de relieve, esta vez en una de las plazas más complicadas de La Liga, su mano izquierda para domar escenarios alterados e imbuirlos de tranquilidad a la hora de trabajar. Reconoce el Txingurri que la gestión del grupo es la tarea más importante que debe afrontar un entrenador, y aunque hasta la fecha el día a día nunca lo ha llevado a un vestuario de la élite más absoluta como el que dirigirá a partir de ahora, la llave que deberá encontrar Valverde para abrir esa puerta la conseguirá siendo reconocido como un aliado: «Que el grupo vea que tú les vas a ayudar a ser mejores. En eso los jugadores son muy inteligentes«. Si en este Barcelona, al que acude después de una temporada en la que los azulgranas han encontrado muy poco apoyo en la pizarra, logra aportar soluciones y ser visto por sus futbolistas como un apoyo, el desembarco de Ernesto Valverde en la élite de los banquillos habrá cumplido con su primer gran reto.

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– Fotos: Jewel Samad y Lluis Gene/AFP/Getty Images

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