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El punto de partida de Valverde

BARCELONA, SPAIN - AUGUST 13: Ernesto Valverde, Manager of Barcelona reacts during the Supercopa de Espana Supercopa Final 1st Leg match between FC Barcelona and Real Madrid at Camp Nou on August 13, 2017 in Barcelona, Spain. (Photo by Manuel Queimadelos Alonso/Getty Images,)

BARCELONA, SPAIN - AUGUST 13: Ernesto Valverde, Manager of Barcelona reacts during the Supercopa de Espana Supercopa Final 1st Leg match between FC Barcelona and Real Madrid at Camp Nou on August 13, 2017 in Barcelona, Spain. (Photo by Manuel Queimadelos Alonso/Getty Images,)

La vida no pregunta si es el momento adecuado. Llega y hay que responder. A Valverde, la oportunidad de dirigir a futbolistas como Messi, Piqué, Iniesta, Luis Suárez, Ter Stegen o Sergio Busquets, hombres de una calidad que hasta la fecha no ha tenido entre sus manos, no le ha llamado a la puerta en uno especialmente fácil. Lo hace cuando la mayor parte de los pilares deportivos entran en la recta final de sus carreras, tras varias temporadas de progresivo empobrecimiento futbolístico, y justo después de haber perdido a una de las tres patas que permitían disimular la delgadez de lo ofrecido, siendo ésta, además, la más joven y la que en última instancia permitió al equipo un plan en el que apoyarse cuando, aparentemente, del Barça de Luis Enrique ya no quedó nada. Por lo observado en pretemporada, durante la cual el conjunto de Valverde mantuvo el perfil izquierdo como el fuerte y trató de juntar en él a sus futbolistas de más peso, el Txingurri parecía haber encontrado su punto de partida. Aquello aprovechable de lo recibido desde donde ir decorando el salón a su gusto. Un primer asidero.

Perdido éste rumbo a París, al Barça de Valverde se le presenta un inicio más nuevo de lo planeado. Un camino entero por recorrer que anoche, para inaugurar la temporada cuando ésta casi no lo es todavía, lo enfrentó al equipo más asentado de la actualidad. Lo es por plan y también por plantilla. La propuesta inicial de Valverde para la Supercopa consistió en un 1-4-3-3 asimétrico y circunstancial, de peso repartido entre carriles y pretensión de orden y, por fases, de conservación. Asimétrico porque pese a partir teóricamente desde la banda derecha, Leo Messi gozaba de total libertad para acudir allá donde considerara oportuno, y circunstancial porque dadas las necesidades de su equipo lo que más veces consideró oportuno el argentino fue acudir cerca de Sergio Busquets y de Andrés Iniesta. Sobre todo durante el primer tiempo, el 10 guardó apariencia de centrocampista como solución para poner en marcha una maquinaria lejos todavía de mostrarse engrasada. Con los carriles externos entregados a los laterales y seis futbolistas por dentro de media cancha hacia adelante, pudo el Barça encadenar algunos tramos en los que vincularse al partido desde el pase.

Para conseguirlo, como se apunta, necesitó juntar a Messi con Busquets, Iniesta y en menor medida con Ivan Rakitic, algo habitual en el Barça de la MSN pero que una vez roto el tridente que durante tres años ejerció de fórmula, desveló algunos de los nuevos retos que el verano culé ha sumado a los que ya afrontaba la aventura del Txingurri. Y es que vestir a Leo de centrocampista implica desvestirlo como delantero. Al menos ante los rivales más fuertes. Restar un hombre de ataque. Siendo los dos restantes futbolistas del descomunal talento e impacto de Neymar Jr. o Luis Suárez, muchas veces resultará suficiente -aunque la temporada pasada no lo fue- pero a poco que el nivel o el acierto disminuya, hoy por hoy, sin la nueva estrella del PSG, el uruguayo puede quedar muy solo. Anoche libró una muy atractiva batalla contra Sergio Ramos y Varane en la que los tres brillaron y fueron capaces de crear ventajas a los suyos, pero en la que los madridistas, superiores en número, terminaron imponiéndose a los puntos. A Gerard Deulofeu, que posicionalmente facilitó el partido de Iniesta, con el balón en los pies le sobró timidez.

Durante muchos minutos, no fue muy distinta la situación en el otro área, aunque en este caso con actuaciones menos afortunadas de Benzema y Gareth Bale ante Gerard Piqué y Umtiti. El planteamiento del Real Madrid también lo encabezaba la presencia en punta de dos únicos jugadores, acompañados unos metros por detrás por hasta cuatro centrocampistas formando un rombo. Si a nivel defensivo ese medio extra le sirvió a Zinedine Zidane para ordenar una vigilancia muy individual de Kovacic sobre Messi con tal de reforzar las medidas sobre el cabo suelto que, en el actual momento de superioridad blanca, más puede desnivelar en su contra la balanza, con la pelota para el conjunto merengue el aporte diferencial corrió a cuenta de Isco Alarcón, liberado posicionalmente para detectar la zona del campo que en cada momento requería de su intervención. Hasta el gol y los cambios no le sobraron al Madrid las salidas, pero sí encontró en el malagueño y en la banda derecha de la defensa culé una suerte de solución fácil para acercarse al peligro sin necesidad de comprometer su estructura.

Zidane y su Real Madrid en ataque a menudo actúan con el pulso de un cirujano. Saben que en su poder tienen más armas que ninguno, y las usan de forma localizada para vencer en batallas concretas y no poner en riesgo un control y una estabilidad que son sus principales avales competitivos. Ya en el último clásico del curso anterior, en el Bernabéu, el zona seleccionada por Zizou para asestar el golpe fue la posición del lateral derecho del Barça, aunque aquel día Sergi Roberto resistió. No tuvo el mismo acierto, ayer, Aleix Vidal, castigado por turnos por Isco, Marcelo, Benzema, Cristiano y Asensio, y enfrentado a unas limitaciones tanto tácticas como individuales a nivel defensivo que ejercieron de principal desequilibrio para el sistema de contención local. Especialmente para un Gerard Piqué separado de donde mayor influencia tiene para el orden defensivo del Barça y expuesto a un auxilio sobre el lateral que en general, y particularmente en fases tempranas de la temporada, lo obliga a ir donde más sufre.

Con el 0-1 del Madrid y la consiguiente necesidad culé de buscar la portería de Keylor Navas, Messi se alejó de la medular para acercarse al área. Para asomarse a la finalización, al último gesto. A donde con más fuerza podía llamar a la puerta del empate. Coincidió ésto con la salida del campo de Andrés Iniesta, una conjunción que limitó la capacidad del Barça para juntarse desde el pase y que empujó al partido a una fase de ida y vuelta en la que Denis Suárez pudo dejar buenas sensaciones desde la banda izquierda pero donde el banquillo madridista terminó por marcar la diferencia. La determinación de Cristiano Ronaldo y la extraordinaria capacidad al contraataque del igualmente extraordinario Marco Asensio, sellaron la distancia entre el equipo que hoy en día marca la pauta y uno que está obligado a comenzar de nuevo. El Barça ya sabe desde donde empieza. Tiene una temporada entera para llegar allá donde quiere.

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– Foto: Manuel Queimadelos Alonso/Getty Images

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