El verano para el Fútbol Club Barcelona aparentemente tenía subrayadas en rojo dos necesidades ineludibles a cubrir. Una nominal y otra de fondo. La primera era el lateral derecho, plaza en la que, más allá de características y adecuación, la plantilla no tenía a un futbolista hecho al puesto. Nélson Semedo ha sido la respuesta del club a esta carencia. La segunda, de calado más táctico y por lo tanto, incluso, de connotaciones más profundas, señalaba a su centro del campo. En esta línea en particular, el historial del equipo bajo la dirección de su último entrenador experimentó una tendencia contracultural a la línea seguida por la institución durante un cuarto de siglo. El Barça, de 2014 en adelante, se vació de jugadores capaces de gestionar el balón en la sala de máquinas. Uno detrás de otro, la plantilla perdió a Cesc Fábregas, a Xavi Hernández o a un lateral con peso de centrocampista como Dani Alves sin que en su lugar arribara al Camp Nou ningún equivalente. Más bien al contrario, la medular barcelonista en la última época se ha ido llenando de un perfil de centrocampista más vinculado a la conducción y a la zona de la mediapunta, que al pase como herramienta desde la que gestionar la base de la jugada. Desde Rakitic a André Gomes, pasando por Rafinha, Arda Turan o Denis Suárez, todos los nuevos interiores del Barça han respondido a una tipología común de centrocampista, emblema de la pérdida de peso específico de la media en el juego azulgrana y del alejamiento estilístico de aquellas normas no escritas que durante tanto tiempo marcaron su singular personalidad futbolística. A horas de bajarle la persiana al mercado, tampoco este verano el conjunto catalán se ha hecho hasta el momento con un jugador de este tipo. No lo ha querido. En su lugar ha llegado Paulinho, una incorporación que encierra más preguntas que respuestas y que, por lo tanto, hasta reconocerle la cara al nuevo Barça, pone difícil un análisis concluyente sobre la misma.
Lo que sí puede avanzarse sin temor al patinazo es que el brasileño ni es ni ejercerá como el nuevo director del juego azulgrana. No posee ni el currículum ni los atributos que permitan imaginarlo ahí. Sus virtudes son otras -y en todo caso no menores- y hablan de un centrocampista mucho más relacionado con la presión, el movimiento y la llegada, que con la posición, la circulación y el orden a través de la pelota. Con sus armas, es un futbolista capaz de constar de manera notable en los partidos, de dejar su impronta y definir contextos desde la influencia en aquellos aspectos del juego que le son más afines. No se ha estrenado todavía en Champions League, pero conviviendo con la monstruosa presión de la selección verdeamarelha ya ha demostrado personalidad, liderazgo y presencia en el juego. Aunque su tendencia a involucrarse para facilitar el juego a sus compañeros en ocasiones lo lleva a reclamar el cuero y a participar cerca de la base de la jugada, su influencia ahí es más bien escasa, pues ni la intención ni la pulcritud de sus toques resuelven escenarios problemáticos. No es un elemento activo y relevante en la circulación, donde además se le observa cierta lentitud para el gesto y la decisión, sino más bien un complemento móvil que desde la compensación posicional busca favorecer que otros recojan el encargo sin descompensar el reparto espacial. Del mismo modo que en otras temporadas hiciera Ivan Rakitic con respecto a la posición de Messi en banda derecha, Paulinho ha reproducido en Brasil una suerte de desmarques dentro-fuera similares a los del croata, con tal de equilibrar el sistema ante el peso y valor creativo de futbolistas exteriores como Neymar o Coutinho.
Tanto si Valverde mantiene un sistema con un Leo Messi que parta desde la derecha pero tenga absoluta libertad para despegarse y acudir al centro, como si reformula la posición del argentino situando su origen en el carril central, Paulinho encajaría dándole la réplica a la hora de repartir alturas y amplitud. No será él el jugador que evite una posible necesidad del equipo de que Messi intervenga abajo para solucionar los problemas en la creación, pero sí que en este escenario puede ser un valor a la hora de mantener un grado de intimidación alto por delante de la pelota. Y es que la gran baza ofensiva de un Paulinho que no crece a partir del pase es la llegada desde segunda línea. Poderosa, casi en avalancha, dibuja a un futbolista con un recorrido vertical autoritario, capaz de penetrar en el área y amenazar con el disparo o el remate aéreo, con olfato para la definición y para ocupar espacios en zona de finalización, e incluso cierta visión para el último toque en esta parcela del campo. La misma capacidad yendo hacia arriba la demuestra a la hora de defender, iluminando lo que seguramente sea su principal valor futbolístico y aquel que de forma más clara encaja con el libreto de su nuevo entrenador: la presión. Paulinho recorta metros al rival de forma espectacular, por físico y colocación, llevando la batalla por la recuperación cerca del arco contrario. Sin balón, posee una gran capacidad para influir tanto en el plano vertical como en el horizontal, pudiendo llegar muy arriba y muy cerca de la línea de banda. En este sentido, su desempeño en el pressing resulta muy afín al que habitualmente ha puesto en práctica Valverde en sus equipos, uno impulsado desde atrás por piezas poderosas físicamente como San José, Raúl García, David Fuster o Moisés Hurtado.
Si bien Paulinho por sí mismo no resulta un argumento para llevar el balón hacia arriba, sí puede contribuir a construir un escenario de defensa adelantada que no lo lleve hacia abajo. Que la recuperación se produzca en el lugar de origen. La pareja que puede conformar con Sergio Busquets, tanto en una suerte de doble pivote como respondiendo a un perfil de interior cercano al mediocentro, se antoja especialmente poderosa para llevar a cabo este objetivo. Dos piezas para impulsar desde atrás la recuperación hacia una altura excepcionalmente alta, capaces de marcar la línea de la frontera y, a su vez, de cubrirse mutuamente. Aunque tentativos, los primeros pasos del Barça de Valverde ya han insinuado la intención del técnico de concederle manga ancha a Busquets a la hora de liberarse para dispararse hacia arriba, empleando a Rakitic como puntual escudero. Paulinho guarda importantes diferencias con respecto al croata -siendo muy evidentes las relacionadas con el golpeo- pero en cuanto a la concreta ejecución de la cobertura puede desempeñar una función parecida a nivel táctico en relación a Busquets. Incluso, en la comparación, si Ivan gana sobre el balón, el brasileño lo hace sobre la cantidad de espacio que es capaz de abarcar, algo que puede ser relevante para Sergio no solo a la hora de despegarse para presionar sino también para combinar.
Y es que, como se describía al inicio del texto, la plantilla azulgrana cada vez cuenta con menos jugadores que crezcan desde el pase, o lo que es lo mismo, con menos futbolistas en los que Messi pueda encontrar un aliado con quien tirar una pared. Busquets es de los pocos que sigue teniendo la técnica, el concepto y la velocidad en el gesto necesaria como para ofrecerle a Leo un socio en la frontal. Para poder serlo necesita o bien que el juego del equipo se localice muy cerca del área contraria, o bien un seguro a la espalda que le permita ganar metros sin comprometer la respuesta ante una hipotética transición. Por último, y aunque hasta ahora se ha puesto en énfasis en la capacidad defensiva de Paulinho en campo rival, cabe señalar el aval que con él consigue el Barça a la hora de protegerse desde la inferioridad. En aquellos escenarios no condicionados desde la iniciativa, el brasileño será un refuerzo de valor tanto para contener el siempre exigente carril derecho culé, como la zona de un Sergio Busquets mucho menos preparado para contener en las inmediaciones de su área que cerca de la del rival. Paulinho es el mensaje realista, quizá resignado, de quien no ve posible un mundo distinto. Un competidor a la manera en que compiten otros, y un contrafuerte para lo especial que todavía queda en pie.
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– Foto: Lluis Gene/AFP/Getty Images

