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¿Insinuación o paréntesis?

Sevilla's Spanish midfielder Jesus Navas (L) vies with Barcelona's French forward Ousmane Dembele during the Spanish Super Cup final between Sevilla and FC Barcelona at Ibn Batouta stadium in the Moroccan city of Tangiers on August 12, 2018. (Photo by FADEL SENNA / AFP) (Photo credit should read FADEL SENNA/AFP/Getty Images)

Sevilla's Spanish midfielder Jesus Navas (L) vies with Barcelona's French forward Ousmane Dembele during the Spanish Super Cup final between Sevilla and FC Barcelona at Ibn Batouta stadium in the Moroccan city of Tangiers on August 12, 2018. (Photo by FADEL SENNA / AFP) (Photo credit should read FADEL SENNA/AFP/Getty Images)

El Barça que construyó Ernesto Valverde la pasada temporada para ganar Liga y Copa creció desde el autoconocimiento. De la asunción de unos limites que tiempo atrás no tenía pero que, entonces, teñían de un modo distinto su nueva realidad. Pocos ejemplos más claros de ello se le pudieron presentar al Txingurri y a su equipo que la Supercopa que lo enfrentaría al Real Madrid, ya sin Neymar y, por aquellas fechas, sin refuerzos importantes con los que rellenar los vacíos. A decir verdad, bien pareciera que las dos derrotas en manos de los madridistas gravaron una frontera en los planes del técnico azulgrana sobre de su Barça. De este modo, si durante la preparación veraniega los azulgranas habían trabajado a partir de un esquema 1-4-3-3 que como novedad planteaba la presencia centrada de los tres miembros de la MSN y que entregaba las bandas a la proyección de sus laterales, después de la Supercopa y rota ya su delantera, el estreno liguero cambió de forma y se presentó con algunas de las novedades que arrastraría durante todo el curso el, a la postre, campeón. Anoche, sin embargo, de vuelta a la Supercopa, el FC Barcelona levantó el primer título del curso no sólo con un atuendo distinto, sino transgrediendo algunos principios que hace sólo unos meses parecieron inamovibles. Ya fuera como anticipo de cambios transversales en lo que debe ser el segundo año del proyecto, o como simple paréntesis veraniego enfocado al complejo y puntual reto de tener que competir un título cuando apenas se acumulan sesiones de entrenamiento, el Barça de Valverde que disputó la Supercopa fue diferente al que se ganó jugarla.

En lo superficial, y apuntando de entrada la presencia en el once de futbolistas nuevos o menos habituales como Lenglet, Arthur, Rafinha o Semedo, la principal novedad residió en el reparto de posiciones de los tres delanteros. La estructura de la temporada 2017-18, con un hombre en banda derecha y dos delanteros centrales se tornó en esta ocasión simétrica, con Dembélé desplazado al carril zurdo y Leo Messi arrancando la acción en el costado derecho. Como durante el primer verano de Valverde en el banquillo culé, los tres tendieron hacia los pasillos interiores. Más profundo que esto resultó que, con Leo de regreso a la banda derecha como punto de salida, el Barça recuperó en su perfil los movimientos compensatorios del interior que tan habituales fueron en el ciclo de Luis Enrique. Entonces protagonizados por Ivan Rakitic y anoche por Rafinha, la dinámica consistió en que el centrocampista abandonara su espacio en pos de ocupar aquellos que dejara libres el diez. Como consecuencia, se vio a un Messi mucho más centrocampista de lo que fue la norma el curso anterior, y a un Busquets mucho menos acompañado por su interior derecho. Si bien es cierto que Arthur, pese a arrancar el partido buscando la recepción del pase a la espalda del mediocampo sevillista, pronto desechó la idea y salió al encuentro del esférico en línea con su mediocentro, los acercamientos del brasileño estuvieron lejos de reproducir para el canterano el contexto de juego del curso anterior. Mientras Rakitic venía siendo para él un contrafuerte, un elemento adosado con el que repartir esfuerzo y que le liberara para poder adelantar su influencia, Arthur fue más bien un compañero con quien pisarse. Dos jugadores ocupando un sólo puesto.

– A la izquierda, la posición de los tres delanteros del Barça. A la derecha, los movimientos de Rafinha hacia la banda derecha. –

En base a este despliegue inicial, el primer tramo de partido tuvo dos vertientes en clave azulgrana. Por una parte, supo activar las recepciones de su delantera a los costados de los mediocentros rivales y lograr con ello un ritmo de balón suficiente, pero por otra acusó la falta de profundidad y de movimientos sin balón tanto a la hora de desencadenar la ocasión de gol como de permitirse una transición ataque-defensa controlada. Sin ningún jugador abierto a banda por delante del balón no acertó a reposar en las esquinas ni a girar al Sevilla hacia uno de los córners, y pudiendo los de Machín recuperar el cuero y lanzar la contra orientados hacia la portería de Ter Stegen, la soledad de Busquets castigó el punto de forma del mediocentro y, con ello, la respuesta de su equipo en la contención. Muriel y Sarabia por dentro, y Jesús Navas por fuera, hicieron correr hacia atrás a un Barça que apenas repartía barreras a lo largo del camino. No fue hasta después del 1-0 que los culés lograron empezar a cambiar el guión del partido haciendo valer su mayor número de efectivos en banda para conseguir profundidad a pequeña escala.

Más que desmarques especialmente agresivos se trató de conexiones concretas entre azulgranas jugando con la atracción por parte de Alba y Semedo de los carrileros sevillistas, y del ofrecimiento de Messi, Rafinha, Suárez y, sobre todo, Dembélé (Imagen de la derecha), a la espalda de Navas o Escudero, para extraer a un defensor interior y así habilitar pasillos por dentro. Más hacia la izquierda que hacia la derecha como consecuencia de la mayor movilidad del francés y de la orientación de los servicios de Messi hacia Jordi Alba, los de Valverde ganaron metros, fueron poniendo de espaldas a Ter Stegen a varios de los hispalenses encargados de la transición y dejando sin salida a su adversario.

Ya con el 1-1 en el marcador, el segundo tiempo dio comienzo con la entrada de Rakitic, y curiosamente, aunque los movimientos de compensación de Rafinha sobre la banda derecha habían tenido mucho del Ivan que tuvo a sus órdenes Luis Enrique, el croata no reprodujo el papel. Apenas se escoró más a la derecha que Messi por delante del argentino, sino que sumó presencia al lado de Busquets para dar aire al 5, facilitar que Leo recibiera más arriba que durante el primer tiempo, y dar tiempo a que fueran las llegadas de Nélson Semedo las que rellenaran un perfil que ni él ni Leo ocuparían demasiado. No obstante, lo que sí mantuvo Rakitic con respecto al primer tiempo de Rafinha fue la alternancia de alturas, pues se dejó caer más de lo normal por delante de la línea de la pelota, cruzando caminos con Messi, quizá insinuando nuevas atribuciones para el argentino cerca de la medular en ausencia de Iniesta. Y es que si posicionalmente la adaptación de Coutinho al espacio y a los movimientos que deparó el sistema para Andrés la temporada pasada no debería ser forzada, las características y sentir futbolístico del brasileño poco tienen que ver con el último capitán azulgrana. Coutinho, mientras su crecimiento y evolución no digan lo contrario, es un mediapunta más eficaz en la finalización que en la construcción, capaz de conectar con los compañeros que tiene por delante pero no tanto de dotar a la acción, desde la base de la jugada, del ritmo y la dirección pertinentes.

Con Dembélé ocupando el espacio en tres cuartos que a Coutinho debería permitirle la ascensión desde el interior izquierdo, su impacto corrió el riesgo de verse muy limitado. Al tiempo que Ousmane crecía dando continuidad a Messi tanto al pie como al espacio, a Philippe le costaba encontrar su lugar partiendo de abajo y sin poder subir la escalera. Actuó a tiempo Valverde moviendo las piezas y retocando el dibujo, optando por un 1-4-2-3-1 (Imagen de la izquierda) que situara al galo en banda derecha y a Coutinho en la izquierda. De nuevo con Messi muy conectado con el mediocampo y activando con hasta tres futbolistas el espacio en la frontal, inmediatamente por detrás de Luis Suárez.

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– Foto: Fadel Senna/AFP/Getty Images

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