Tradicionalmente, los equipos de Ernesto Valverde han tenido grandes diferencias entre ellos, pero también mantenido algunos puntos en común. Sin balón, por ejemplo, son conjuntos que se han caracterizado por la apuesta en favor de la presión adelantada, y ya con el esférico en su poder, también por alternar la naturaleza de sus pases. Por mezclar el envío corto y el envío largo. La temporada pasada, su Barça bicampeón, más allá de la esencial diagonal entre Messi y Jordi Alba, invitó a hombres como Busquets, Rakitic e Iniesta a un rango de pase que recientemente no habían empleado, y con incorporaciones como las de Coutinho y Lenglet el equipo, en los últimos meses, hizo acopio de más recursos en el arte del pase largo. El inicio de curso de su segundo Barça, sin embargo, le está dando poco protagonismo a este tipo golpeo lejos de las botas de Messi.
Sea por los titubeos propios de un cambio en la disposición de las piezas que requiera de más tiempo para automatizar rutinas y desembarazarse de la prudencia en el toque, o por otros motivos, lo cierto es que, en lo que llevamos de temporada 2018-19, lo ataques culés más habituales describen una suerte de encadenamiento en el que la pelota viaja siempre de los pies de un azulgrana a los del compañero más próximo, sin saltarse ninguna escala. Debido a esto, si no la sacude un golpe de genio, la circulación barcelonista demanda mucha rapidez en la combinación con tal de que mover a la defensa rival no sea tanto producto de la distancia que recorre el balón sino de la velocidad a la que lo hace, un requisito que sin la agilidad, técnica y lectura de su mediocentro titular siempre resulta más difícil cumplir. El sábado en Anoeta, con descanso inicial para Sergio Busquets, así pues, durante muchos minutos el Barça se mostró como un equipo territorialmente dominante, pero demasiado lento moviendo el cuero como para desbordar al sesudo planteamiento defensivo de la Real Sociedad de Asier Garitano (Imagen inferior).
Valverde supo intervenir al descanso con un cambio que valió por dos, pues con la entrada de Coutinho por Semedo los azulgranas no sólo pasaron a contar con un centrocampista más agresivo y productivo en el pase, si no que con la reubicación de Sergi Roberto en la derecha ganaron juego en una posición de la que, antes, su rival no se había preocupado. El canterano, con la posibilidad de jugar de cara que le brinda el lateral, ensanchó a su rival, al tiempo que Philippe por dentro, si bien por lo general no movió el balón más rápido que sus compañeros, como viene siendo habitual sí lo soltó con una intención más dañina y capaz de conectar con los compañeros que tiene por delante. El brasileño todavía está lejos de ejercer como organizador en mediocampo, pero dispara las posibilidades del equipo de unir la medular con la delantera. Con la entrada de Sergio Busquets el Txingurri terminó de dar forma al cambio de cara, si bien es cierto que la verticalización del juego en pos de la remontada permitió a la Real Sociedad varias salidas al contraataque que, de no ser por Ter Stegen, bien podrían haber resulto al partido a su favor. No desbordaron los culés, pero los retoques les valieron para llevar el juego más cerca del área de Rulli y forzar situaciones de estrategia que el guardameta no supo controlar.
La última fase del encuentro fue la que siguió al cambio de Arturo Vidal por Dembélé. Se trata de un movimiento habitual en este inicio de curso cuando el técnico interpreta que, con ventaja de los suyos en el marcador, el equipo va a ser sometido, y que el fin de semana, como novedad, implicó que Coutinho adelantara su posición para ser él el encargado de ocupar la banda quedándose el chileno con el interior. A falta de comprobar si la plantilla barcelonista posee recursos para discutirle esta intención a sus adversarios a través de la pelota, el movimiento viene presentando el problema de la falta de velocidad por delante del balón para atacar los espacios. Aquella que con Eto’o, Henry, Villa, Pedro o Neymar implicaba que cuando el rival se lanzaba a por el empate fuera castigado por otro gol en contra. Por el momento, hoy, el Barça no tiene o no ha logrado activar una carta de esas características, de modo que el contrario no paga peaje arriesgando cuando ya no tiene un botín que proteger.
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– Foto: Aitor Alcalde/Getty Images

