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¿Por qué ha cambiado Valverde?

SAN SEBASTIAN, SPAIN - SEPTEMBER 15: Head Coach of FC Barcelona Ernesto Valverde looks on during the La Liga match between Real Sociedad and FC Barcelona at Estadio Anoeta on September 15, 2018 in San Sebastian, Spain. (Photo by Aitor Alcalde/Getty Images)

SAN SEBASTIAN, SPAIN - SEPTEMBER 15: Head Coach of FC Barcelona Ernesto Valverde looks on during the La Liga match between Real Sociedad and FC Barcelona at Estadio Anoeta on September 15, 2018 in San Sebastian, Spain. (Photo by Aitor Alcalde/Getty Images)

Pocos nombres propios definieron la pasada temporada al Barça como el de Ivan Rakitic. El croata, no únicamente por su rendimiento, resumió en su figura varios de los principios teóricos y prácticos del equipos de Ernesto Valverde, tanto por su lugar y encargos en el sistema de juego del Txingurri como por las relaciones y equilibrios que mantuvo con respecto a sus compañeros. Su crecimiento pasador en la medular, por ejemplo, iluminó en dirección a un Leo Messi más próximo al área contraria que con Luis Enrique y protagonista en la finalización. Su posicionamiento contenido señaló el lugar estratégico y potenciado de Sergio Busquets, liberado por la cobertura del croata tanto a la hora de presionar como de relacionarse desde el pase con la frontal del área rival. Y su situación en transición defensiva, cerca del pivote y con el ala derecha siendo responsabilidad del retorno de uno de los delanteros, habló de un equilibrio entendido como herramienta de control. Un Barça construido desde sus propios límites, con una clara y sólida estructura de soportes, sobre los cuales potencial con mecanismos concretos a sus piezas más determinantes y de mayor nivel.

El Ivan Rakitic del inicio de curso 2018-19 está siendo distinto, y por extensión, tanto causa como consecuencia, también lo está siendo el Barça. Anoche en su regreso a la Champions League, ante un PSV que en la Eredivisie entiende el golpe como la mejor protección y que para saltar al Camp Nou apenas tomó precauciones extra, los azulgranas impusieron su ley desde el guión abierto, el ir y venir y el acometer más fuerte. Corriendo hacia atrás y hacia delante, y haciendo valer en ambas direcciones la fortaleza de sus piezas. Ter Stegen, Piqué, Dembélé, Messi y Coutinho fueron más en las inmediaciones del área que Zoet, Schwaab, Lozano, De Jong o Bergwijn. Defendiéndose con cuatro delanteros y sin un escudo protector especialmente sólido en el mediocampo o la defensa, los hombres de Van Bommel respondieron a la posesión barcelonista con más repliegue que presión, situados en campo propio y con la lenta circulación de su adversario como principal aliado en la contención. Escaso en el carril derecho, descoordinado en el izquierdo e impreciso en el central, al ataque del Barça fue una pista abierta a la contundencia de sus futbolistas, que tuvo orientados al interior casi a todas sus piezas pero sin que entre ellas se estableciera la fluidez suficiente para desbordar al sistema defensivo rival.

Más bien, las acciones tuvieron como finales más habituales o bien un destello individual a modo de desatascador, o bien una pérdida poco resguardada que desembocaba en contraataque holandés. Sin la presencia de un delantero abierto a banda derecha y ensuciado el camino que conecta a Messi con Jordi Alba se redujeron las opciones de perder el balón «en ventaja», esto es en contextos que no sólo no acarrean problemas si no que pueden llegar a ser una solución, puesto que multiplican las opciones de un robo controlado cuando el adversario trata de salir, y separado Rakitic de Busquets para mantener templada la transición defensa-ataque del contrario, tanto Bergwijn como Lozano pudieron lanzarse en dirección a Ter Stegen, hacer correr hacia atrás a los laterales y exigir a los centrales en situaciones de mucha exposición. La puntualidad correctora de Alba y la genial interpretación defensiva de Piqué, no obstante, se impusieron a sus pares y, con ello, posibilitaron un regreso igualmente veloz hacia la otra mitad de campo, con el PSV abierto y metros que son tiempo en las botas de los culésEl segundo Barça de Valverde está siendo diferente, y todavía no se adivina el porqué. Sobre el papel, sus titulares parecerían adaptarse mejor a un plan -el del año pasado- especialmente diseñado para abrigar sus carencias y lustrar sus virtudes colectivas e individuales. Un extremo derecho para Messi, Sergi Roberto y Rakitic, un Rakitic para Busquets y Leo, un extremo izquierdo invisible para Jordi Alba y Coutinho…

Puestos a aventurar los motivos del cambio, hay dos nombres que pueden esconder razones. Por un lado el de Luis Suárez, probablemente el futbolista más descuidado por el diseño del curso anterior al tener que delegar su espacio a un Messi centrado y más delantero, a cambio de asumir parte de la ocupación de la banda izquierda. Quizá pensando ahora en construir para el uruguayo un contexto amable a partir de la reducción de metros y tareas como el que meses atrás entregó a Iniesta y Messi. Una segunda lectura cabe dirigirla al adiós de Iniesta, que si bien posicionalmente dejó huérfano un espacio entre el mediocampo y la punta izquierda muy afín al punto de evolución que al parecer se busca en el fútbol de Coutinho pero que, sin embargo, no tiene recambio directo en cuanto a la administración de los ataques más posicionales. Ya sea buscando el sustituto en un ritmo más desencadenado que no precise de un sacacorchos como el de Andrés, o en un Messi de nuevo vinculado a la medular que requiera potenciar la faceta finalizadora de otros compañeros. Como la que encuentra el equipo en el Dembélé que pisa la frontal desde el perfil izquierdo para recibir el envío tanto de Leo como de Coutinho. ¿Por qué ha decidido cambiar Valverde?

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– Foto: Aitor Alcalde/Getty Images

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