El día en el que Leo Messi cuelgue las botas y se sucedan las colecciones de imágenes rememorando su leyenda, uno de los momentos concretos que mejor han definido al impacto del argentino sobre un campo de fútbol probablemente apenas esté presente en la mayor parte de los recopilatorios. Fue el 29 de noviembre de 2010, en el Camp Nou, ante el Real Madrid y en un partido que terminaría con un cinco a cero para los azulgranas, cuando Leo, todavía con empate a nada, a la salida de un saque de esquina que él mismo había forzado, recogió un rechace esquinado a la derecha del área grande, con tres rivales ante él, otros seis repartidos entre el punto de penalti y la línea de gol, e Iker Casillas situado bajo palos. Una situación en la que el gol no existía ni existió, pero de la cual fue capaz de inventar un disparo con su pierna izquierda que se estrelló en el palo más alejado del arco madridista y que, de un plumazo y después de haberse disputado sólo cinco minutos de encuentro, descargó sobre el conjunto blanco todo el peso de su autoridad acumulada a lo largo de los enfrentamientos pasados. Una estela inalcanzable, una condena condensada en el estruendo de un tiro al palo, como último aviso de un enemigo al que, para hacerle frente, había que entender de un modo distinto. Aquella noche, con la sangre que deja aprender de la experiencia directa, el Madrid de Mourinho empezó de nuevo, consciente ya el portugués que el Messi que se había cruzado en el camino de su Inter no era el que podía ser en un equipo recompuesto. Caer ante él para descubrir, a la distancia de un lamento, de qué forma vence. Para entender del todo al 10, primero hay que sufrirlo.
Este es un agridulce privilegio del que sólo los equipos de La Liga pueden disponer año a año. A lo largo de la última década, en la Champions League los equipos ingleses han lamentado especialmente no tener accesible este derecho. La tradición de su fútbol marca un desempeño táctico muy propio, que en contacto con el choque cultural que representa contra ello Leo Messi, ha desencadenado algunas de las paginas más brillantes de la carrera del argentino. Cuando Manchester United, Arsenal o Manchester City aprendieron la verdadera dimensión de lo que significa enfrentar al argentino, para ellos ya fue demasiado tarde. El mismo mal dio la sensación de padecer anoche el Tottenham de Pochettino, contra un Leo que encontró espacios para recibir, mucha pierna impaciente a la que esquivar y que, además, contó de su lado con la actuación colectiva más positiva de su equipo durante el arranque de curso. Los ingleses desafiaron a un Messi al que no conocían, y a un Barça distinto del que imaginaron.
En parte, porque el once que dispuso Ernesto Valverde en Wembley guardó sorpresas que ayudaron a subsanar alguno de los problemas que estaban sufriendo los culés en casi todos los partidos de la nueva temporada. La decisión más transcendente del Txingurri consistió en dar entrada en el once a Arthur Melo en detrimento de Dembélé, un cambio que, como consecuencia derivada, llevó a Coutinho a la demarcación teórica del extremo izquierdo. A nivel de significado, el mensaje resultó cristalino: se sacrificó a un futbolista muy propenso a la pérdida del balón en favor de uno que persigue la conservación del cuero de forma extremada y casi obsesiva, como si del valor máximo del juego se tratara. Debido a la composición de la plantilla barcelonista, Arthur ocupa un espacio de reservada importancia en el desarrollo futuro de su temporada. En un Barça que sin Iniesta ha perdido soluciones para estructurar su juego a través de la circulación fluida, y que mira a Messi o Coutinho como remedios para hacer avanzar el balón desde la media cuando el rival es capaz de castigar la ausencia de pasadores en los interiores culés, la adaptación, encaje y rendimiento del brasileño están llamados a marcar las posibilidades reales de crecimiento del cuadro blaugrana. En este sentido, en la primera prueba de nivel, su respuesta fue perfecta tanto individual como colectivamente. El futbolista, quizá porque se encontrara muy rápido un escenario de marcador a favor que le permite hacer pesar mucho más sus virtudes que las cuestiones que todavía tiene por mejorar, mostró personalidad, confianza y atrevimiento, soltándose con gestos que le fueron característicos en Brasil pero que todavía no habría trasladado al Barça.
– De izquierda a derecha: los pases de Lenglet, Jordi Alba y Arthur, la superioridad numérica del carril izquierdo del Barça en salida, y el volumen de juego culé en los tres carriles durante la primera parte (vía. fcbarcelona.cat). –
Protegiendo el balón de los intentos del Tottenham por recuperar la pelota cerca de Ter Stegen, móvil para generar siempre una línea de pase al poseedor del balón, claro y conector en el toque, resultó una de las principales claves para que los visitantes no tuvieran que esperar a que el juego llegara a las botas de Leo para que apareciera la ventaja. Sobre todo cuando se situó sobre el perfil izquierdo del mediocampo como nexo entre Lenglet, Jordi Alba y Sergio Busquets, los de Valverde encontraron una salida en superioridad que inclinara el ritmo a su favor. En la medida que la circulación culé tuviera continuidad, no la tendría la presión del Tottenham. Pochettino había diseñado de inicio un acoso sin romper su 1-4-2-3-1, en el que Lamela taparía a Busquets pero que aceptaba librar con un hombre menos la batalla del avance blaugrana a través de su carril izquierdo. Sumándose Arthur a Lenglet y Jordi Alba, los catalanes fueron mayoría ante Lucas Moura y Winks, y cualquier intento del lateral Trippier por sumarse a la disputa, fue respondido por el central zurdo culé con un servicio largo que activara el emparejamiento hombre a hombre de Coutinho o Luis Suárez a su espalda. La mezcla entre pases cortos y pases largos con la que adornó el francés el primer escalón de la jugada no sólo rompió el tiempo de la presión spur, sino que a su vez giró hacia Lloris a un planteamiento defensivo que, sobre el papel, pareció pensado para ir siempre hacia arriba.
– Coutinho acercándose a Messi en el carril central, y Jordi Alba entrando en profundidad, desde atrás, por la banda. –
Gracias a ello, y a pesar de que su juego de ataque prácticamente sólo pudo contar con dos de los tres carriles, toda vez Messi no ejerció de extremo, Semedo tuvo una incidencia escasa con el balón y Rakitic, bastante abierto, no resultó un foco creativo, los de Valverde supieron alcanzar las zonas del campo donde aguardaba Leo Messi después de haber desordenado a su adversario. Con pases limpios desde atrás, zona de recepción entre líneas, movimientos de Luis Suárez por delante y un Coutinho que tan pronto hacia de socio cercano, como de referencia abierta en banda o de corredor al espacio, el juego del argentino ardió con la pasión del fuego. Además, lo variado tanto de la posición como de los encargos de Coutinho procuraron para Jordi Alba una pista de despegue más libre de lo que viene siendo habitual esta temporada, lo cual dibujó el escenario perfecto para que la tensión que Messi era capaz de generar en el carril central tuviera desahogo en la diagonal del argentino hacia la punta izquierda. La conexión entre el 10 y el lateral izquierdo volvió a ser la solución a la que, como el año pasado, encomendarse ante riesgo de extrañar mayor dosis de profundidad en la delantera. Controlando las pérdidas de balón en el carril central, esquivando la presión del Tottenham, obligando a correr a los hombres de Pochettino y logrando girar a la zaga inglesa gracias a los desmarques al espacio, la transición ataque-defensa de los visitantes alcanzó una solidez sensiblemente superior que en anteriores partidos.
De cara al segundo tiempo, Mauricio Pochettino introdujo dos cambios en su equipo que le permitieron recortar las diferencias en el juego definidas durante la primera mitad. En primer lugar, mandó a un futbolista más a presionar la salida del sector izquierdo culé, liberando a Semedo para que Son pudiera centrar su posición y así Kane o Lamela se sumaran a Lucas y Winks contra Lenglet, Alba y Arthur (Imagen inferior izquierda); y en segundo lugar activó a Ben Davies en ataque. Durante los primeros 45 minutos, la estrategia de Ernesto Valverde, en parte, había olvidado al lateral izquierdo spur. En ataque no le enfrentó una amenaza directa, esperando, como así fue, que el galés no acompañara a Messi a zonas más interiores y así la presencia interior de Leo generara superioridades numéricas en el carril central, y en defensa aprovechó su contención para movilizar también hacia dentro la ayuda defensiva del centrocampista más perfilado a la derecha, rol que según el momento de juego se intercambiaron Rakitic y Arthur. En la reanudación, sin embargo, el lateral izquierdo local buscó mayor protagonismo cerca de Semedo, movimiento que el Tottenham reforzó con el cambio de banda de Lucas Moura. La maniobra de Pochettino en unos tramos debilitó la zona del portugués y en otros -cuando acudía a banda un refuerzo extraído del centro- la frontal.
También Valverde dejó desde el banquillo un movimiento interesante, más por la lectura a futuro que por el efecto real que tuvo sobre el césped de Wembley. A lo largo del segundo tiempo, y a medida que el Tottenham ganaba impacto más allá de la divisoria, el Barça sintió de nuevo la falta de una solución profunda por delante de la pelota, toda vez Luis Suárez, pese a su buena actuación, tiene dificultades para intimidar a muchos metros de la portería. El arma barcelonista más punzante, Jordi Alba, lo es llegando desde atrás, lo que significa que para activarse es preciso que la posesión haya alcanzado previamente cierta altura. Así pues, tras la entrada al campo de Fernando Llorente para formar junto a Harry Kane una doble referencia muy poderosa por alto, Valverde recurrió a Vermaelen como tercer antiaéreo junto a Piqué y Lenglet. La presencia del belga en el lateral izquierdo, no obstante, permitió adelantar la posición de Jordi Alba, situando el inicio de sus carreras más arriba y proporcionando a la salida en largo de la defensa un corredor para girar el encuentro (Imagen superior derecha). En contextos como el de anoche, en los que con un marcador favorable ajustado la entrada de Ousmane Dembélé permita estirar pero también conlleve el peligro de sus pérdidas, es una variante que puede proporcionarle al Txingurri un tipo de pieza que le falta.
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– Foto: Julian Finney/Getty Images

