Por la mañana, el Barça perdió a Semedo debido a una lesión, y no fue capaz de reemplazarlo en el partido que lo enfrentó al Levante. No pudo hacerlo ni de forma directa, pues en la convocatoria azulgrana no figuraba ningún otro jugador que de forma natural encajara en la demarcación del portugués, ni tampoco a través de una vía más indirecta, ya que el cambio de esquema por el que en última instancia se decantó Valverde no proporcionó los réditos que el abultado marcador final pudiera insinuar. La apuesta del Txingurri, sin lateral derecho al uso, consistió en recurrir a un sistema de tres centrales y dos carrileros en el que Vermaelen reforzaría el centro y Dembélé asumiría en solitario la banda derecha, como el reflejo de Alba en la otra orilla del campo. Para un equipo que habitualmente juega con defensa de cuatro, sumar un tercer central equivale a extraer un futbolista de una de las zonas del campo que normalmente están ocupadas, siendo ésta una contingencia que el técnico trató de esquivar mediante el concurso de Arturo Vidal.
No obstante, Vidal fue centrocampista o delantero, pero no las dos cosas a la vez, de manera que teniendo el equipo que aplicar un dispositivo tan poco engrasado, la puesta en escena colectiva no resultó nada armónica. Al Barça le faltó un jugador en cada momento del juego. Habituado a juntar hasta tres futbolistas en cada uno de los dos perfiles ofensivos (lateral, interior y extremo), el hecho de pasar a tener únicamente dos cortocircuitó buena parte de los mecanismos ofensivos en los que viene apoyándose su fútbol de ataque. Si Vidal y Messi iban por dentro, su suma con Rakitic y Busquets arrojaba un efectivo menos que cuando su apoyo interior se enmarca en el 1-4-3-3, y si apoyaban por fuera como vía alternativa para desequilibrar a la defensa del Levante, a la sociedad con el carrilero le faltaba una pieza para construir el triángulo.
Barça y Levante viajaron de un lado al otro del campo, y los visitantes supieron golpear con más fuerza y mejor puntería en cada uno de los fondos, con dos figuras especialmente destacadas en cada uno de ellos. Frente a la portería rival, el nombre propio de los azulgranas nuevamente fue el de Messi, quien además -como si fuera poco- de anotar tres goles y repartir otros dos más, se valió de un encuentro de esfuerzos duraderos y muy pronunciados para dibujar un contexto de ataque más favorable del dispuesto inicialmente. Con menos efectivos que otras veces, sus carreras con y sin el balón, a la espalda de la zaga o atravesándola de lado a lado, permitieron que en acciones en las que al Barça le faltaban jugadores el Levante también los perdiera. Atrayendo y arrastrando defensas granotas fuera de posición, juntándolos a su alrededor y soltando el pase en el momento preciso para que un compañero -sobre todo un muy buen Luis Suárez- lo recibiera con tiempo y espacio, allá donde su equipo echó en falta una pieza extra Leo valió por dos. Mientras tanto, en las inmediaciones de Ter Stegen, Piqué fue el otro Messi. Amigo de los momentos comprometidos y de aquellos tramos en que el partido le exige vestir capa y escudo, Gerard coronó la línea ascendente de sus últimas semanas con un encuentro de mucha categoría.
Luchó, primero, con un brazo atado a la espalda, pues como central derecho y encargado de compensar la posición defensiva de Dembélé en el lado del campo que con Morales presentaba la principal amenaza local, tuvo que repartir su impacto entre lo concreto y lo general. Entre la particular disputa librada en el costado derecho de la zaga barcelonista, y la necesidad más amplia de equilibrar un sistema defensivo de organización castigada. Además, a la posición del francés no llegaron los refuerzos que otras noches ofrece el interior de ese lado, pues como en los momentos en que Vidal actuó de delantero en la medular blaugrana quedaron sólo dos hombres, Rakitic centró bastante más su impacto para abrigar al mediocentro. Y es que si bien en la teoría el centro de la defensa era la parcela del campo donde el Barça ganaba a un jugador con respecto a su esquema más habitual, los sucesivos desajustes originados en banda o en las coberturas de la línea de medios fueron como garras que arrastraron, una y otra vez, a alguno de los centrales fuera de zona. Seguramente por eso Valverde aprovechó la entrada al campo de Arthur, en busca de un mayor número de pases y de ofrecimientos alrededor del balón, para resituar a Gerard en el eje central de la zaga. Escoltado por Rakitic y Lenglet, y por lo tanto liberado de la ayuda sobre la banda, el catalán emergió como figura tiránica para dominar mientras el balón, en poder del Levante, ansiaba volver a los pies de Messi. Piqué, como Leo, también valió por dos. Por eso el Barça, aún faltándole una pieza, en la suma salió ganador.
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– Foto: Jose Jordan/AFP/Getty Images

