F.C.Barcelona

En la planificación del F.C.Barcelona de cara a la próxima temporada, existe un factor externo que forzosamente tendrá un papel muy relevante: la Copa África. De los jugadores que forman la actual plantilla, en principio, Touré Yaya, Keita y Eto'o serán requeridos por sus respectivas selecciones, por lo que el técnico no podrá contar con ellos durante una fase de la temporada. Especial incidencia pueden tener estas ausencias en el centro del campo, ya que si como todo parece indicar Gudjohnsen abandona el club a final de temporada, durante el período que dure la Copa África, el equipo se quedaría únicamente con Busquets, Xavi, Iniesta y Hleb. Mientras que los cuatro jugadores pueden actuar en los interiores, vemos como en la demarcación de mediocentro Guardiola únicamente contaría con el joven Busquets, mientras que otras soluciones como Henrique o Piqué no dejarían de ser un recurso puntual. No creemos que una posible alternativa sea avanzar la posición de Márquez ya que el rol del mexicano es imprescindible desde la defensa, y puestos a escoger, seguramente el técnico prefiriese debilitar la posición de mediocentro en favor de la de central, que no a la inversa. Así pues, vemos que independientemente de que se produzca alguna otra baja en la medular, la plantilla azulgrana necesitaría un refuerzo de carácter defensivo en esta línea.

Pese a lo aplastante de los resultados hasta la fecha, el equipo de Guardiola es un proyecto que todavía puede y debe crecer más. En el equipo existen dos o tres demarcaciones que de ser reforzadas adecuadamente con los perfiles que encajan en las necesidades del juego culé, darían al Barça una nueva dimensión. Una de ellas es el lateral izquierdo, una posición que si bien de entrada puede parecer secundaria, en el esquema azulgrana actual adquiere mayor relevancia debido a que condiciona otras posiciones. Así pues, reforzando el lateral izquierdo, el F.C.Barcelona no estará únicamente fortaleciendo una demarcación del equipo, sino que logrará que otros jugadores se vean beneficiados por el cambio y por lo tanto que su aportación al equipo aumente. Vemos, pues, que el objetivo de la secretaría técnica no debe ser un jugador para completar la plantilla y poder ofrecer en el lateral unas características ofensivas para poder rotar con Abidal, sino que el perfil a incorporar debe ser el de un titular, ya que en esta incorporación debe sustentarse gran parte de la evolución del equipo.

Llega febrero y concluye el período que permite a los equipos incorporar nuevos futbolistas a sus plantillas, verano se vislumbra lejísimos y hablar a estas alturas de la planificación de la próxima campaña puede parecer precipitado. No obstante, una planificación de calidad debe realizarse con tranquilidad, sin prisas y sobre todo desde el análisis, huyendo de los juicios provocados por los resultados finales del equipo. De aquí al final pueden suceder muchas cosas, un detalle o una jugada aislada puede dejar al Barcelona fuera de la Champions frente al Lyon, una mala noche y alguna baja destacada, alejarlo de la final de la Copa del Rey...pero la realidad del equipo será la misma que se ha visto en los últimos meses. De la misma forma, la secretaría no debe guiarse por los extraordinarios resultados obtenidos hasta la fecha. El camino es el análisis y el estudio objetivo. La temporada que viene los rivales se reforzaran para batir al Barça si, como todo parece indicar, termina conquistando el campeonato doméstico, por lo que una buena planificación será aquella que persiga detectar las carencias del equipos y sus principales campos de mejora dejando de lado para lograrlo, por una vez en el mundo del fútbol, el resultado final.

En su presentación como nuevo técnico del F.C.Barcelona, Pep Guardiola decía ser consciente de que en un gran club un entrenador no puede pedir tiempo, ya que pese a que todo proyecto necesita un período de crecimiento hasta llegar a su madurez, el día a día en un club grande es muy exigente obligando al equipo a sumar de tres en tres cada fin de semana. Con esta premisa, Pep Guardiola empezó a construir un equipo que garantizase resultados a corto plazo, potenciando sus puntos fuertes, disimulando sus debilidades y tratando de sacar el máximo rendimiento a todas las piezas. El objetivo de esta temporada era el de conseguir crédito, que el equipo transmitiese buenas sensaciones que se ganasen a un entorno que venía de dos años muy convulsos, y a final de temporada estar en la pomada en la lucha por los títulos. El Barça, en el primer año de Pep, debía volver a ser competitivo y poco a poco ir creciendo para edificar las bases de un nuevo proyecto campeón a la altura del de Frank Rijkaard que le precede. El crecimiento más importante deberá producirse a lo largo de la próxima temporada, pero Guardiola se ha encontrado con un regalo en forma de tiempo que puede acelerar el proceso. Los once puntos de ventaja en Liga respecto al segundo clasificado pueden permitir al técnico azulgrana adelantar los tiempos al crecimiento del equipo y aprovechar este margen para abordar determinados campos de mejora.

Quedan poco más de 24 horas para que el silbato del árbitro marque el inicio del partido más esperado de lo que llevamos de temporada. Ayer nos detuvimos en el planteamiento que posiblemente presente Juande Ramos para vencer a los pronósticos que sitúan a su equipo como el claro derrotado. Hoy, por su parte, trataremos de abordar la labor de Pep Guardiola, que tendrá la difícil misión de preparar un partido que no tiene porqué reflejar la distancia real entre ambos conjuntos, en el que todos dan al Barça como claro ganador y donde las apuestas se encaminan más a saber la diferencia de goles a favor de los azulgranas que en el signo del resultado final. En este sentido, uno de los méritos de Guardiola será el de encontrar el punto de activación justo, evitar triunfalismos pero huir también de planteamientos que disparen las revoluciones de los jugadores. Es por eso que Pep, al contrario de la opinión de parte de la prensa y afición, no pasará el video del partido en el Bernabéu de la pasada temporada. Todos los jugadores que estuvieron esa noche sobre el césped tienen bien presente lo que ocurrió y declaraciones como las de Márquez, Henry o Puyol reconociendo que aquel partido fue el peor momento de su carrera, dejan patente que lo que ahí sucedió nadie lo ha olvidado.

Dos equipos en situaciones diametralmente opuestas, realidades futbolísticas muy alejadas, aficiones antagónicas en cuanto a ilusión y dos dinámicas que nada tienen que ver la una con la otra. A priori, el signo en la quiniela estaría claro, pero eso no sería un clásico entre Barça y Madrid. El clásico, el partido por antonomasia de nuestra liga en que se enfrentan los dos conjuntos más grandes de la historia de la competición y dos de los equipos más admirados y laureados a lo largo de la historia del balompié, siempre es un choque especial donde se congelan las circunstancias de cada equipo, se renueva el entusiasmo de la grada y el fútbol adquiere su cara más mágica deparando encuentros de sorprendente desenlace y fuera de toda lógica. No hay duda de que el Barcelona afronta el choque como el máximo favorito gracias al crédito que por juego y resultados ha cosechado hasta le fecha, pero en frente no habrá un rival cualquiera, sino que esperará un Madrid herido, más inestable imposible pero con la necesidad de reclamar su condición de aspirante al título. Una victoria culé alejaría a los blancos a doce puntos, una distancia que pese a que todavía queda más de una vuelta por jugarse, visto lo que han ofrecido unos y otros en lo que llevamos de temporada, se presume muy difícil de recuperar. En cambio, de dar la campanada en el Camp Nou, el Madrid recortaría hasta los seis puntos -con el partido de la segunda vuelta en el Bernabéu aún pendiente-, volvería a activar la dinámica positiva, se renovaría la ilusión del madridismo y el proyecto de Junade Ramos recibiría una inyección tremenda.

Segundo puerto de montaña tanto para azulgranas como para valencianistas ya que ambos equipos ya se han visto las caras con el Sevilla de Manolo Jiménez. Separados por cinco puntos, primero y tercero en la clasificación, nos encontramos a dos equipos que ejemplifican como pueden cambiar las cosas en el mundo del fútbol en apenas unos meses. Si echamos la vista atrás y nos trasladamos al final de la pasada campaña, nos encontraremos a dos equipos rotos, a años luz del rendimiento que se les suponía, con un clima social tenso y una situación institucional complicada. Pasados unos meses, y aunque en alguno de los casos la paz social e institucional todavía no es completa, los proyectos de Barça y Valencia avanzan de manera firme mostrando buenas sensaciones y alcanzando un rendimiento que irremediablemente ha conseguido renovar la ilusión de las aficiones. En ambos casos, capitaneando la nave dos técnicos jóvenes, profesionales, modernos, inteligentes y sobretodo apasionados: Pep Guardiola y Unai Emery, posiblemente las claves para explicar el cambio radical que han experimentado sus equipos, y unos firmes soportes sobre los que edificar unos nuevos proyectos deportivos.

Certificado el pase a octavos como primero de grupo y con la Copa apartada hasta enero, el Barça afronta la fase decisiva de la primera vuelta de la Liga partiendo como líder de la clasificación, pero lo que es más importante, con una dinámica tremendamente positiva. Su particular Tourmalet comenzará con la visita al Sánchez Pizjuán, donde esperará un Sevilla que ya tuvo que vérselas con el Valencia en la última jornada. Primero y quinto en la tabla, separados por cinco puntos, ambos conjuntos afrontan esta temporada con el objetivo de arrancar unos nuevos proyectos que estén a la altura de los que les han precedido. Dos equipos por ensamblar, muchas caras nuevas y conceptos novedosos aportados por ambos técnicos, y por si fueran pocos los paralelismos, dos bajas importantes que afectan a dos de los jugadores más determinantes en el ataque, Navas e Iniesta. Se prevé, pues, un partido muy igualado en que ambos equipos podrán medir su potencial ante un rival de verdadera entidad. Como ya hemos visto con otros equipos de la Liga, el paso por el Tourmalet, y sobretodo la reacción posterior a éste, puede dejar muy tocado al equipo, y para Sevilla y Barça, una mala racha en estos partidos puede significar perder de vista la cabeza de la clasificación.

A lo largo de esta serie en que perseguíamos el objetivo de diseccionar los entresijos del nuevo proyecto de Pep Guardiola, nos hemos detenido ya en nueve de las once posiciones que conforman el equipo. En la primera, nuestro objeto de análisis fue la banda derecha, le siguió el triangulo defensivo y la anterior entrega se centró en el funcionamiento de la banda izquierda. Así pues, en esta última entrega llega el turno para las dos demarcaciones que conforman el inicio y el final de cualquier alineación, el portero y el guardameta. Dos de las posiciones más determinantes para un equipo, las que intervienen directamente en los goles y en el marcador y, por lo tanto, las que en gran medida marcan el éxito o el fracaso de un proyecto. Por ello, a menudo son las posiciones más controvertidas y al entorno de las cuales giran más debates. No obstante, el objetivo del artículo no es el de valorar el nivel de los jugadores que las defienden, sino las especificidades que dichas demarcaciones requieren dentro del sistema que Pep Guardiola está diseñando para su nuevo Barça.

Pese a las ideas iniciales del técnico, en toda creación de un equipo existen elementos resultantes del azar o de las continuas probaturas. Se suele decir -y no sin razón- que un nuevo proyecto siempre precisa de tiempo para cristalizar, no sólo por la necesidad de crear y consolidar nuevos automatismos en la dinámica del juego, sino porque tiempo es lo que necesita el técnico para dar en la tecla indicada. En muchas ocasiones la configuración final del equipo difiere notablemente de la ideada inicialmente por el entrenador, debido a que con el paso de las jornadas, las alternativas en el once titular y, porqué no decirlo, a cierto factor suerte, el técnico consolida el equipo valiéndose de las conclusiones de la experiencia directa. El Barça de Guardiola no será una excepción, y no es aventurado asegurar que hoy por hoy Márquez, Xavi y Messi son los únicos futbolistas que tienen definido su papel en el esquema del técnico. No obstante, en la cabeza de Pep hay aspectos que resultan innegociables, como la férrea voluntad de dominar el balón y el juego, la intención de situar al equipo lo más cerca posible de la portería rival o la importancia que el aprovechamiento de las bandas debe tener en el ataque. Así, en este post, una vez analizada la banda derecha y el triángulo defensivo del equipo, nos centraremos en los hombres, perfiles y relaciones que pueden establecerse en perfil zurdo del equipo, a priori, la zona que más dudas puede generar.