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La mentalidad de un campeón

2Comienza la temporada y con ella desde En un momento dado iniciamos un nuevo camino en el que la actualidad del F.C.Barcelona será el centro de nuestro análisis. El equipo de Guardiola, esta temporada se enfrenta al difícil reto de reeditar los triunfos del pasado curso y, para conseguirlo, a la disputa de los tres títulos que conquistó en el primer año del proyecto Guardiola, sumará las dos Supercopas y el Mundial de Clubs. En el fútbol, la línea que separa el éxito del fracaso resulta enormemente frágil y los pequeños detalles y el azar acostumbran a jugar un papel fundamental en el devenir de las competiciones. No obstante, un gran equipo debe aspirar a estar por encima del factor suerte y a minimizar la incidencia que puedan tener los detalles, para lo cual, y más teniendo en cuenta que se viene de una temporada repleta de éxitos, el cuerpo técnico del Barça deberá prestar mucha atención a todos los aspectos que hacen referencia a la preparación de la temporada.

Mientras que a nivel estrictamente futbolístico añadir un año al proyecto debe contribuir a fortalecer las bases y automatismos, y así posibilitar el crecimiento en nuevas direcciones, uno de los peligros a los que se enfrenta un equipo campeón es la erosión de los aspectos referentes a la mentalidad que le ha conducido al éxito. Cuando, como en el caso del Barça, el equipo viene de conseguir todos los títulos que estaban en juego, aumenta el riesgo de que aparezca la temida autocomplacencia o que la sed de victorias del grupo se haya saciado. Así pues, tanto o más importante que la tarea que pueda desarrollar el cuerpo técnico en el apartado deportivo debe ser el tratamiento que éste haga de los aspectos referentes a la preparación psicológica del grupo.

A nivel individual ningún jugador debe sentirse intocable, y aunque algunos nombres propios como los de Messi, Iniesta o Ibrahimović se adivinan como indiscutibles, Guardiola deberá manejar entre 15 y 16 futbolistas capacitados para ofrecer un rendimiento de garantías. En este sentido, hombres como Keita, Busquets, Puyol, Henry o el recién incorporado Maxwell tendrán un papel fundamental a la hora de evitar que se establezca un once fijo.

Por otro lado, Guardiola deberá trabajar también, sobre la ambición del equipo, para lo cual ya no será efectivo insistir sobre el deseo del futbolista de entrar a formar parte de la historia de la institución pues esto es algo ya alcanzado tras la pasada campaña. En cambio, para seguir alimentando el hambre por la victoria, el mensaje debe trasladarse a la búsqueda de la idea de que es el club el que debe hacer historia. De este modo, haciendo ver a la plantilla el selecto grupo de equipos que poseen un Mundial de Clubs o el hecho que ningún equipo ha logrado repetir victoria en la actual versión de la Champions, Guardiola deberá insistir en el peso de la camiseta azulgrana como algo que obliga imperativamente a la victoria como vía para afianzar la posición del club entre los equipos más laureados del mundo, a lo cual sin duda ayudará la destacada presencia de canteranos en la plantilla. Mensajes utilizados la temporada anterior como “Somos el Barça y el Barça está obligado a ganar siempre independientemente del partido” deben convertirse esta campaña en algo parecido a un mantra para el vestuario.

No obstante, los títulos deben entenderse siempre como una consecuencia y el motivo por el cual se hacen las cosas, pero nunca como el primer objetivo. Este es precisamente uno de los mayores peligros a los que se enfrenta un equipo campeón, el de confundir el hacer por el conseguir. Habitualmente, cuando uno se instala en la cumbre, se enfrenta al temor de perder su posición y lo que importa ya no es ganar, sino seguir siendo el campeón. Es en este punto en el que existe más peligro de confundir objetivos directos con motivos. La motivación será siempre la de ganar, pero los objetivos, aquello en lo que debe pensar el futbolista a lo largo de la semana, antes de saltar al césped o cuando el balón empieza a rodar, deben ser cada uno de los principios técnicos, conceptos tácticos o actitudes competitivas que posibilitarán finalmente conseguir la victoria. Así, cuando Messi salga al campo, su mente no deberá estar centrada en el resultado final ni en el título que éste permitiría alcanzar, sino en desequilibrar en el uno contra uno, buscar la zona de la mediapunta, contactar con los interiores o asistir al delantero, es decir, aquellos aspectos que han de darle la victoria al equipo. El concepto es algo parecido a la postura que Pep Guardiola adoptó antes de la final de Roma rebatiendo la recurrente sentencia según la cual las finales no se juegan, se ganan, pues para el míster del Barça la victoria es una consecuencia y por lo tanto, el triunfo no es posible sin la batalla previa librada sobre el césped.

Para conseguir la activación justa, una buena solución es fijar rutinas de motivación que provoquen que el futbolista, mediante algún tipo de estimulo, alcance el estado optimo de concentración. Con esta función, precisamente, la pasada campaña el cuerpo técnico utilizó la repetición antes de los partidos de la canción Viva la vida de Coldplay. Esta acción, utilizada sobretodo en deportes individuales, más que motivar directamente al futbolista, pretende que el jugador inconscientemente termine por asimilar la canción con la competición y así automatizar el trabajo psicológico de concentración, y que éste se efectúe de manera natural sin ningún esfuerzo previo.

Está claro que en el fútbol el balón manda, y por esto antes de que comience la Liga abordaremos las cuestiones tácticas de este segundo año del proyecto Guardiola centrándonos, sobretodo, en la aportación de los nuevos fichajes. No obstante, si el cuerpo técnico logra motivar nuevamente al equipo y mantener los objetivos a corto plazo, el Barça habrá recorrido una parte muy importante del camino que lleva al éxito y que debe permitirle seguir haciendo historia.

*Del mismo modo que hace dos temporadas con la triste muerte de Antonio Puerta, no nos gustaría que el evitar frivolizar con un hecho de tanta magnitud como el fallecimiento de Dani Jarque sea interpretado como un acto de indiferencia, por lo que vaya con estas líneas nuestro reconocimiento y recuerdo a Jarque. Como con el jugador sevillista, en este momento nos gustaría recordar la inscripción que en Anfield acompaña a la estatua de Bill Shankly “made the people happy” y quedarnos con la capacidad de Jarque de hacer feliz a mucha gente semana tras semana.

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