
La lectura simple se centrará en este último estadio, la defensa de tres, no en vano la novedad siempre es lo más fácil de criticar. No obstante, hay algunos puntos que nos hacen pensar que detrás de esa superioridad valencianista, se esconde algo más. En primer lugar, cabe señalar que si bien la pareja Alba-Mathieu forma una banda peligrosa por su proyección ofensiva, no lo es menos la formada por Miguel y Pablo Hernández, y aun así, la banda izquierda del Barça apenas sufrió durante los primeros 45 minutos de juego. El otro punto a mencionar es que, en el segundo tiempo, a raíz de la salida del terreno de juego de Puyol, el Barça volvió a formar con defensa de 3, pero en esta ocasión, los problemas defensivos fueron mucho menores.
¿Dónde estuvo la clave, pues, de los problemas defensivos del Barça en l primer tiempo? La respuesta, como siempre en este equipo capaz de convertir a jugadores como Abidal o Mascherano en centrales de rendimiento élite, está en el ataque. Para poner en práctica el 1-3-4-3 y encajar en él a Dani Alves, Guardiola, ante las bajas de Alexis e Iniesta, decidió alinear al brasileño como extremo derecho. No obstante, Alves es un jugador que sufre cuando tiene que encarar en estático y sin espacios el ataque. El suyo es un juego de llegar al espacio libre y no de estar en el ocupado. Ante Osasuna, la diferencia de nivel entre ambos equipo, las dimensiones del Camp Nou y un punto más de inspiración del equipo en general, le permitieron esas situaciones en las que la banda quedaba limpia de rivales y él podía aparecer como cuando arranca desde el lateral. Ante el Valencia, sin embargo, estas situaciones apenas se dieron. En banda derecha, pues, el Barça no pudo atacar bien y facilitar así la transición defensiva en caso de pérdida. En el momento que perdía el balón, el equipo no estaba bien situado para lanzar su característica presión, por lo que el Valencia encontraba facilidades para transitar hasta el área de Valdés. Xavi además, no es el perfil de interior capaz de corregir estas situaciones tirando de físico y recorrido defensivo, más aún teniendo en cuenta que su puesta a apunto está siendo más lenta debido a los problemas físicos que arrastró la pasada temporada. Ante Osasuna vimos a Thiago caer hasta el lateral en varias ocasiones, algo que ayer apenas sucedió con Xavi.
Guardiola, en un primer momento, optó por la vuelta a la defensa de cuatro, dibujando un 1-4-3-3 en el que Villa y Adriano pasaron a ocupar los extremos. Adriano es un jugador más apto para jugar en espacios reducidos, lo que permitió al equipo recuperar el 1-3-4-3 a raíz de la salida del campo de Puyol sin que la defensa se resintiera, incluso después de que Emery diese entrada a un estilete como Piatti.
Con una zaga menos preparada para defender que antes -Alves ocupó la plaza de Puyol en la línea de tres- el Barça defendió mejor porqué atacó mejor. Dominó y pudo imponer su juego sin agarrarse desesperadamente a Leo Messi como sí sucedió en el primer tiempo. Sobre el argentino poco más se puede decir. Si acaso que con una actuación lejos de sus mejores noches, asistió en los dos goles, forzó dos penaltis y nos regaló una asistencia a Villa que el asturiano no acertó a transformar, al alcance, sólo, de un elegido.
