Icono del sitio En un momento dado

Central y medio

Con la presencia casi innegociable de dos extremos abiertos y tras la recuperación del mejor Cesc, se avecinaba debate con los interiores. Cesc, Xavi e Iniesta para dos puestos. Pero anoche Vilanova zanjó momentáneamente tal posibilidad alineando juntos a los tres y manteniendo, a la vez, sus dos hombres abiertos a los costados. El recurso para lograrlo fue recuperar el rol de central-mediocentro para Sergio Busquets que ya Guardiola pensó para él la pasada temporada en un papel que recuerda en ciertos aspectos al que en su día desempeñó Miquel Ángel Nadal en el tardo Dream Team de Cruyff.

Mediocentro cuando el equipo tiene el balón y central cuando defiende, es una figura que permite conjugar el rombo en la medular con la participación de dos extremos. Sin embargo, tras el gol de Bermejo y de un par de acercamientos peligrosos del Celta incluido un mano a mano que resolvió meritoriamente Valdés, el Barça recuperó la defensa de cuatro. Primero con Busquets sujeto atrás e iniciado el segundo tiempo con la presencia de Marc Bartra, Vilanova trató de contener los desajustes defensivos que castigaron en el primer tiempo a la vez que, con marcador a favor, se la jugaba al ritmo de Xavi para defender con balón.

Cabe destacar que, desde hace ya varios partidos, la seguridad atrás del Barça va en aumento. El equipo concede menos facilidades al rival para transitar que ya no se planta en las inmediaciones de Valdés en cada uno de sus ataques. Ayer el equipo de Vilanova concedió dos ocasiones clarísimas -una, el gol- de mano a mano con el portero, más achacables a fallos individuales que a un error de concepto colectivo. Y lamentablemente, ahí debemos volver a mirar hacia Mascherano.

Con el argentino habría que diferenciar dos aspectos, primero uno circunstancial y luego otro estructural. El primero, nos habla de su actual mal momento y de una inseguridad sorprendente en el Jefecito. Seguramente, la vuelta de los centrales titulares servirá Mascherano para tomar un respiro y quitarse la ansiedad que ahora aflora en su juego. El segundo aspecto, el estructural, nos habla de la naturaleza de su reconversión a central. Mascherano pasó a ejercer de zaguero en el Barça de Guardiola de 2011, el mismo que dio viabilidad ahí a Busquets o que convirtió en un baluarte de la posición a un Abidal que había fracasado estrepitosamente en ña demarcación con Francia. El éxito de ese paso atrás de Mascherano sobre el campo, se basó en el hecho que lo que ese equipo pedía de él como central, no andaba muy lejos de su desempeño habitual como mediocentro. Excelencia técnica defensiva, pulmones para correr hacía atrás, anticipación y tranquilidad con la pelota en los pies.

La diferencia estriba a que, si jugando de mediocentro le guardaban la espalda los dos centrales, ahora como central, detrás sólo hay un inmenso desierto verde. Y como Mascherano no es central, está más expuesto al fallo que otros. En defensa de 4, el problema se minimiza tanto que apenas afecta ante los rivales más exigentes, pero cerrando con tres, no hay quien corrija el fallo a la espera del cuando y el cómo de la vuelta de Abidal.

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