
La temporada pasada, a la lesión de Villa se le unieron los problemas de Pedro, dejando a Guardiola sin sus dos exremos más goleadores. Iniesta puede jugar arriba pero no tiene gol, Cuenca es jugador de fuera-fuera y Alexis Sánchez sigue buscando su encaje en el equipo. De ahí el peso de Cesc en la última línea o la apuesta por Cristian Tello.
Su mejor versión, seguramente la vimos en el tramo final de la temporada 2010-11, cuando intercambió banda con Pedro. El canario fijaba abierto en la izquierda mientras David atacaba el área desde la derecha liberado por el caudal ofensivo de Davi Alves. La pega, que en la diagonal hacia dentro era su pierna izquierda la que quedaba habilitada para el disparo siendo él diestro.
Curiosamente, ahora que la lesión puede haber hecho mella y que el aparentemente confirmado fichaje de Neymar para el próximo verano parece empujarlo fuera de la disciplina culé, a Villa se le presenta el escenario propicio para sobresalir. El principal cambio: la llegada de Jordi Alba, un lateral larguísimo capaz de sumir toda la profundidad y amplitud del costado. El jugador que fije la banda limpiando el espacio a Andrés Iniesta y permitiendo la libertad de el Guaje. David, ahora, sin la obligación de fijarse, se mueve con más frecuencia por las inmediaciones del gol. Es la referencia que desahoga a Messi de la atención de los centrales y que permite al Barça seguir amenazando el área pequeña cuando Leo decide caer a la altura de sus interiores.
