
En el F.C.Barcelona ese cambio lo encarna la junta que en su día encabezó Joan Laporta. Sin entrar en profundidad en el personaje, porque este no es ni el momento ni el lugar, diremos que su gran logro al frente de la institución en el ámbito deportivo, fue el aceptar que otros saben más. Algo tan evidente, y tan difícil de asumir por algunos, como que los profesionales son los expertos y que el resto son opiniones de amateur. Tanto es así que aquella junta terminó sin directivo encargado del área deportiva. Los profesionales decidían y la junta disponía. Pero esta estructura, por lo demás idónea, encierra una paradoja. ¿Quién decide quién decide?
Si el directivo asume que él no sabe de fútbol, ¿cómo puede elegir a aquellas personas que presumiblemente sí saben? Laporta tuvo un as en la manga: contaba con los consejos que, desde fuera del club, le brindaba Johan Cruyff. Una posición, por otro lado problemática, que en este punto resultó vital. Nadie mejor que el Flaco para detectar quiénes eran las personas más indicadas para decidir sobre la parcela deportivo en el nuevo Barça. Así llegó Txiqui, y de su mano y con la bendición del holandés, los dos entrenadores del proyecto: Frank Rijkaard y Pep Guardiola. No se decidió mal, precisamente.
Pero como decimos, la posición de Johan en ese Barça tampoco es la ideal, y por otro lado, ¿qué pasa cuando no se tiene un Cruyff como consejero?
Hace hoy un mes y un día, Pep Guardiola fue presentado como nuevo entrenador del Bayern Munich. Junto a él, en el acto formaban Matthias Sammer, Karl-Heinz Rummenigge y Uli Hoeneß. Los hoy director deportivo, director general y presidente del club de Baviera, otrora estrellas del fútbol alemán. El Kaiser Franz Beckenbauer, no andaba muy lejos. Ex-futbolistas metidos, no sólo a técnicos, sino también a directivos. Los que deciden, y los que deciden quién decide.
