
Xavi e Iniesta no han empezado bien y por eso jugaron ante el Málaga. Causas habrá muchas y la Confederaciones seguro que pesa, pero nadie lo sabe mejor que el cuerpo técnico que los ve cada día. Anoche el equipo de Schuster replicó el dibujo de Simeone: 1-4-5-1 con trivote y dos hombres abiertos para hacer más ancha la segunda línea defensiva. Arriba sólo Santa Cruz, como isla enfrentada a Piqué y Mascherano. Sacaron poco los locales del paraguayo, más teniendo en cuenta que en frente estaba Mascherano, al que le viene muy bien la manera de defender que trata de implantar el Tata Martino, pero que sufre y sufrirá ante arietes que dominen el juego directo. El dibujo era el mismo que el del Atlético, pero el plan fue distinto. Los de Simeone buscaban el robo, una defensa agresiva en la que el equipo, pese a no tener el balón, era protagonista. El sistema defensivo del Málaga fue otra cosa, más pasivo, más flotante, con menos iniciativa. El Barça estuvo cómodo con balón como no lo estuvo el miércoles, pero aún así no consiguió progresar fácilmente.
El principal problema fue la falta de juego a la espalda de la línea de cinco del Málaga. Ahí Cesc tenía que cubrir un doble rol, en la mediapunta y el área. Tanto Xavi como Iniesta se miraban cara a cara con Tissone, Camacho o Darder, y situados ambos casi en paralelo. El movimiento ganador habría sido mandar a uno de los dos a la mediapunta. Incluso a Song, que nunca terminó de encontrar su papel. O la entrada de Sergi Roberto. Quien sí entró fue Neymar y menuda entrada. El brasileño va llegando. O ya está aquí. Poco a poco, que estamos en la jornada dos.
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