
El Barça que saltó el sábado al césped del Camp Nou, era un Barça, de nuevo, aparentemente convencido. En las últimas jornadas venía estrenando propuesta -otra más- y funcionaba. La del Messi «centrocampista» que compensa Cesc jugando muy arriba. Con este disfraz, el conjunto del Tata es un equipo fluido, cómodo, alegre. Que crea ventajas con facilidad. La primera parte el sábado fue para cerrar el partido. Entró uno y pudieron entrar más, pero no lo hicieron. El Valencia, que durante esos 45 minutos presentó muy poca respuesta, quedó a expensas de un resultado sonrojante.
Los de Pizzi, molestamente desordenados, ni tuvieron plan para salir ni se encerraron bien. El Barça se juntaba arriba y con Busquets y los laterales -que jugaron por dentro- controlaba la salida en corto de los ché. A los visitantes les quedaba el envío directo, pero en la primera mitad Piqué no dio opción alguna a Alcácer. Parecía un partido cerrado, y el Barça bajó un par de marchas. Pero no lo estaba. Tras un último cuarto de hora del primer tiempo con los azulgranas contemporizando, cuando el árbitro hinchaba los pulmones para pitar el descanso, Parejo empataba y volvía a poner de relieve un mal endémico en el Barça: ante un ataque del rival por el lado izquierdo de la defensa azulgrana, cuando Alves cierra, nadie acompaña el movimiento del brasileño. A menudo la banda derecha del Barça en ataque es toda para el lateral; en defensa a veces también.
El segundo tiempo empezó como terminó el primero: con gol visitante. Y a partir de aquí se descosió todo. Un Barça descabezado sacaba a relucir todas las carencias de su nuevo plan, y alguna más que no va necesariamente ligada al dibujo. El Valencia, por su parte, crecido, empezó a superar a los locales en todas las zonas del campo. Mathieu cortaba, Parejo salía, Feghouli amenazaba y Alcácer se imponía donde antes no pudo. Detengámonos un momento en realizar el croquis culé. El punto de inicio es que Messi es casi interior derecho. Su lugar arriba lo ocupa Cesc, el interior izquierdo. Aparece el agujero: el esquema presenta dos interiores derechos y ninguno izquierdo. Sigamos. Xavi, «expulsado» por Leo, asume galones en el círculo central y termina siendo mediocentro de facto. Busquets, por su parte, cede su lugar y desaparece. No pasa al interior izquierdo porque no tiene sentido que tu mejor recuperador juegue en el perfil donde no está el balón, y se queda sin espacio. ¿De qué jugó Busquets el sábado?
El cambio de Iniesta por Xavi seguramente deba leerse por ahí. Martino trataba de recuperar al segundo futbolista más importante de su equipo. Devolver a Busi a la base y ocupar el interior izquierdo con Iniesta. Con Messi y Cesc intercambiando demarcación, se modifican los nombres pero permanece la lógica posicional. Si Martino no se rinde, el futuro de esta propuesta puede pasar por ahí.
