
Ayer Xavi formó doble pivote con Busquets. En salida y en lo que no es salida, Cesc se situó una línea por delante. La disposición tenía un motivo doble. Por un lado, multiplicar los movimientos y las opciones de líneas de pase en zona de tres cuartos, y por el otro, haciendo pivotar la salida sobre Xavi, minimizar el riesgo de pérdida. En ese doble pivote Busquets-Xavi, sorprendió que de inicio el primero formara en la derecha y el segundo en la izquierda. Sin tener muy claro el porqué, sí sabemos que tiene que ver con Diego Costa, pues cuando el brasileño salió el terreno de juego lesionado, el 6 pasó al perfil derecho y el 16 al izquierdo. Seguramente, ante la amenaza de salida atlética, Martino quiso reforzar la banda derecha en transición defensiva mandando a Sergio en la ayuda de Alves y Neymar. Sin Costa a los colchoneros les costaría mucho más salir, y ya no hacía falta el ajuste.
En esa banda derecha que en un principio custodiaba Busquets, el Barça encontró un factor de desequilibrio en la figura de Neymar y su relación espacial con Messi. Ya van varios partidos que se adivina que cuanto más cerca están, mejor se entienden. Además el brasileño ayer estuvo especialmente bien y no paró de producir en todo el partido. Faltas, tarjetas, recepciones de cara para Leo y el gol que más tarde vendría. De hecho el Barça se encontró en tres cuartos con Neymar, Cesc y un Andrés Iniesta primoroso. Alves y Jordi Alba no eran la salida lateral que en su día obligó a Simeone a jugar con un mediocampo de cinco hombres, pero mantenían abierta la atención de Arda y Koke, de modo que, o los laterales atléticos cerraban mucho y arriba, o el Barça atacaba en superioridad a Gabi y Tiago. Pero el Atlético resistió. Si en partidos anteriores la última barrera había sido el mediocampo, ayer esta fue la defensa, pero siguió siendo barrera. Entre lo bien que defendieron los visitantes y que el Barça de los centrocampistas fía el éxito atacante más a la inspiración que al orden, los locales no terminaron de traducir la ventaja en peligro real.
De ahí que ya por detrás en el marcador, el cambio fuera tan claro como necesario. La entrada de un extremo devolvía a cada pieza a su casilla, y la ausencia de una salida atlética feroz, permitía que la endeblez defensiva de la pareja Xavi-Iniesta apenas castigara. Todo se volvía más fácil y sin pagar peaje. Un imperial Busquets y unos Bartra y Mascherano perfectos en la anticipación, apagaban cualquier incendio y reducian el espacio que pudiera dejar el interior a su espalda. El Atlético, que ya no tenía a Diego Costa ni a Villa, se cerró sobre su frontal y seguramente la habrían salvaguardado si en frente ayer no hubiese jugado un tal Andrés Iniesta y no hubiese compartido inspiración con un tal Neymar. Con ellos la perfecta defensa rojiblanca sobre Leo pesó menos. Fueron desborde y fuente de ventajas en casi cada acción del segundo tiempo.
El debate entre el Barça de los centrocampistas y el de los extremos, está servido para la vuelta, y esta vez con razón. Que coincidan en el once Xavi, Iniesta y Cesc es un tema de equilibrios. Xavi es el orden, el Xavi-Iniesta es débil atrás y Cesc es quien refuerza este aspecto. En el mikado que ha formado Martino, sacar una pieza afecta a las demás. Pero anoche el papel de Fàbregas no fue el de reforzar la posición de Busquets, que es lo que justificaba perderse al Iniesta del segundo tiempo. Y en el Calderón, con un Atlético mermado para salir, seguramente tampoco lo necesite. Simeone ya ha empezado a jugar la vuelta: toca hacer creer al Barça que Diego Costa podrá llegar. Que habrá amenaza. No como Piqué. La baja del central es dramática al nivel de la de Víctor Valdés. Sólo Leo es más importante ahora mismo.
