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Quintero para desempatar

Quintero para desempatar

Colombia es mejor equipo que Costa de Marfil, pero sin Falcao, el mejor futbolista de los 22 era africano. José Pékerman, en consecuencia, tomó dos medidas, una individual y una colectiva. Para lo primero se encomendó a Carlos La Roca Sánchez, un futbolista, el del Elche, con problemas para leer el juego, al que su entrenador prácticamente sólo dio una indicación: Touré Yaya. Lo suyo fue lo más parecido que podemos ver hoy en día a una marca individual, y como despliegue y actitud a Sánchez le sobran, y a Touré no le sucede lo mismo con la interpretación de estas situaciones, el mecanismo logró maniatar al todocampista del Manchester City. Junto a la vigilancia de Sánchez, Pékerman pidió a los suyos renunciar, en el transcurso de determinadas fases, a la iniciativa. Costa de Marfil es un conjunto sobrado de aptitudes para imponerse en ataques abiertos, pero que tiene más problemas sin espacios y cuando le toca iniciar desde atrás con el rival organizado. Con un 4-1-4-1 en defensa, en el cuál las dos líneas de cuatro emparedaban a un Carlos Sánchez que se enfocaba en su duelo particular, Colombia obligó a la selección de Lamouchi a llevar la voz cantante.

En este escenario, el cabo suelto para el desequilibrio marfileño era el posible emparejamiento James-Aurier cuando los africanos tuvieran el balón. El talentoso mediapunta del Mónaco baja poco, y el lateral del Toulouse sube mucho y bien, por lo que el seleccionador de Los Cafeteros optó por escorar a Ibarbo a la banda izquierda, centrar a James para descargarlo de responsabilidades en el retorno, y formar con una suerte de 4-2-3-1 con balón, en el cual Cuadrado completaba la línea de tres que formaba por detrás de Teo. Con este guión, el inicio de partido fue para los latinoamericanos. Costa de Marfil la perdía mal y desorganizado atrás, James dirigía y lanzaba, Cuadrado, a la contra, atacaba los espacios y se juntaba con Zúñiga en el perfil derecho del ataque, y Teófilo Gutiérrez encontraba ocasiones de gol. Éstas, sin embargo, no se concretaron, y ya en el último cuarto de hora del primer tiempo, Colombia decidió tomar la iniciativa, lo que para su rival fue casi casi un respiro. El primer tiempo estaba siendo uno en el cual, quien contragolpeaba, jugaba mejor.

Tras el descanso, sin embargo, no tardó mucho Pékerman en dar entrada al partido a Juan Quintero, el futbolista más especial de un combinado que tiene a varios. Ocupó el lugar de Ibarbo para, definitivamente, meter a su equipo en campo rival, amasar balón, juntarse con James en la izquierda y liberar en la derecha a Cuadrado. La sustitución tenía un riesgo, y es que si Colombia no se imponía con balón, la salida de Ibarbo le había dejado abierta la puerta a Aurier. Lamouchi lo leyó rápido, y tras el cambio de Pékerman no tardó ni cinco minutos en decidir que entraría Drogba. Aurier tendría la oportunidad de llegar para centrar, y en el área esperaría Didier. Sin embargo, este escenario no se dio hasta que Colombia, de la mano de Quintero, se puso 2-0 por delante. Fue entonces cuando los americanos se echaron un poco atrás, Aurier encontró el carril libre y el lateral marfileño bombardeó a centros el área de Ospina. Aunque más que de Ospina fue de Yepes. El veteranísimo central, en una batalla tan dura como inspiradora, mantuvo a Drogba a raya. Desde un costado que ahora defendía en solitario Santiago Arias, llegaban muchos centros, pero pocos terminaban en remate, y gran parte de la culpa la tuvo el capitán.

Colombia suma seis puntos y ya piensa en los octavos de final. Una Colombia que no tiene a Falcao pero tiene a James y a Cuadrado. Y en los segundos tiempos, a Quintero.

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