
Brasil, como acostumbra, empezó el partido con un nivel de intensidad que en el Mundial nadie puede igualar. David Luiz y Thiago Silva defendiendo en invasión sobre la zona de los mediocentros, éstos haciendo lo propio unos metros más arriba, y los laterales, adelantados, completando el ciclón. Colombia no podía salir, la perdía en su campo si James no lo remediaba y, cuando el cuero era brasileño, apenas encontraba respuesta. El doble pivote Sánchez-Guarín, muy superado e incluso intimidado, abrió la frontal y prácticamente siempre se quedó a medio camino entre atender dentro o auxiliar fuera. El mediocampo colombiano se apretó contra sus propios centrales y se dispersó hacia sus costados. Y aún así, Brasil encontró muchas facilidades por fuera, punto en el cual mucho tuvo que ver Oscar dos Santos. Dependiendo de qué banda elegía el mediapunta del Chelsea, vivía más feliz Maicon o Marcelo, y maldecía Ibarbo o Cuadrado. La clave estuvo en que, cuando Brasil salía en combinación por fuera, Oscar se aproximaba al lateral propio y, tras pared o una combinación con más pasos intermedios, él asumía la teórica posición del zaguero cuando Marcelo o Maicon se proyectaban en ataque. Oscar quedaba por detrás del lateral en ese primer estadio del juego, en uno de los dos costados, fijando la vigilancia del atacante de banda colombiano. Bien Ibarbo, bien Cuadrado, seguían manteniendo una referencia ante ellos a la que defender, un anzuelo, incluso cuando el lateral brasileño de su lado ya esperaba varios metros a su espalda.
