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En pareja: Luis Enrique y Luis Suárez

Luis_Enrique_Luis_SuarezLlegados casi al ecuador de la temporada, el Barça de Luis Enrique está lejos de donde se pensaba que podría estar. Clasificado como primero de grupo en la Champions, enganchado a la Liga y adelante en la Copa del Rey, no son los resultados los que marcan el veredicto sino una propuesta y ejecución en el juego que hacen sospechar de la fiabilidad del equipo en los envites más exigentes. El proyecto, hasta ahora, ha atravesado tres fases claramente diferenciadas. La primera, hasta el clásico en el Bernabéu, fue la presentación y desarrollo de la idea de Luis Enrique. Durante estas primeras semanas el equipo repitió mecanismos y conceptos, como fueron la participación por dentro de los tres delanteros, la importancia de los laterales arriba para abrir el campo, la posición de Messi como mediapunta, el escaso peso en la frontal de los interiores y un estilo, por lo general, más abierto y tendente a acelerar las transiciones que seguramente tuvo ante el Athletic su partido más redondo.

Sin embargo, la propuesta planteaba dudas. La transición defensiva sobrevivía ante rivales de menor entidad pero, como se vio en París, difícilmente sobreviviría a los cocos, y el mediocampo asentaba poco como para evitarlo. El Barça de Luis Enrique caminaba hacia un intercambio de golpes al que llegaría menos protegido que los mejores. Así pues, para jugar contra el Madrid -la segunda fase en la evolución del Barça de Luis Enrique- el técnico asumió que su plan base, al menos de momento, no era suficiente, y ordenó un golpe de timón que devolvió la batuta a Xavi y apostó por el ritmo bajo como medida de protección. La solución tampoco resultó, y con el antiguo plan insuficiente y el nuevo en entredicho, desde entonces el equipo se inclina cada vez más hacia la indefinición. Por el camino, algunas constantes como unas obligaciones en ataque más homologables para los laterales, la presencia en banda de al menos uno de los delanteros o el vaciado del interior derecho para que Messi ejerza casi como centrocampista de base, y probaturas como la coincidencia en mediocampo de Busquets o Mascherano o el revolucionario cambio de sistema que enfrentó al Paris Saint Germain en el Camp Nou. En las últimas semanas del año parece intuirse una leve mejoría en trancisión defensiva, debido al asentamiento y buen rendimiento de Gerard Piqué y a que, coincidiendo con la vuelta de Iniesta, la posesión ha ganado poso dándole, así, más sentido al papel de Busquets. En ataque, mientras tanto, parecen diluirse las ventajas colectivas, con Messi como principal y casi único argumento en mediocampo para ofrecer escenarios favorables a los hombres de arriba.

Uno de los principales damnificados es el hombre que debía llenar el agujero de resolución e intimidación que deja Leo cuando interviene tan atrás. Luis Suárez debutó en el Santiago Bernabéu, con el argentino arriba y Xavi en la media, y el uruguayo ralló a un buen nivel. Lo estiró a encuentros posteriores en que, sin la suerte del gol, sobresalió con maniobras en el espacio reducido que pensaríamos para otros, incluso cuando jugó en banda. Sin embargo, a medida que la puesta en escena se ha ido enmarañando, su posición en punta lo ha aislado en más ocasiones de las deseadas, sin que el equipo sepa tejer una red de juego que le asista, y con sus principales socios demasiado lejos: Neymar más sujeto a la cal que al inicio de curso y Messi metido a interior. Sin lugar a dudas, el gran propósito del Barça de Luis Enrique para el nuevo año deberá ser encontrar un plan que potencie a sus tres cracks.

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