
Muy probablemente será su última oportunidad, porque la carrera del guardameta de Carrara, de El Ronaldo de los porteros, toca ya a su fin. No obstante, es un buen momento este para apreciar «los fundamentos» de un meta que fue prácticamente perfecto, porque ya no le queda nada más para sobrevivir que la pura calidad. El chasis apenas resiste los golpes, las manos y los pies suelen moverse más despacio de lo que les gustaría y un rechace es pista libre para que otro -rival o compañero- llegue al balón antes que él, pero Buffon ha sabido y sabe tanto que sobrelleva el declive esquivando sobresaltos, esfuerzos poco recomendables y escalones demasiado altos. Su colocación sigue siendo perfecta, su lectura táctica sublime y su comprensión del juego absoluta. Contra un definidor de época, un caimán experto en cazar todo cuanto queda suelto y un rematador con apariencia de invertebrado, nada ni nadie le garantiza salir indemne, pero ya le acercó las semifinales a la Juventus con varias atajadas de mérito ante el Mónaco. Esta vez tendrá a la Champions de su lado. Sabe que le debe una.
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