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Messi sin sus conexiones

1691726-35833009-640-360Hace un año, también en el Olímpico, la Roma pagó muy cara su inocencia casi infantil ante el Bayern de Guardiola. Le jugó de tú a tú a los campeones alemanes, se expuso cuando atacaba y le faltó contundencia al defender. Si alguien podía esperar una actuación parecida de los de García ante la visita del F.C.Barcelona, se topó con una cara muy distinta del conjunto italiano. Los locales ajustaron, individual y colectivamente, fueron inferiores pero asumieron su inferioridad, y así, desde la trinchera, arrancaron un punto de su duelo contra el campeón. Con un poco de fortuna y mucho acierto, aguantaron de pie el envite de un Barça que se mostró, dominó más, pero no pudo vencerles.

La adaptación de los locales al escenario de sufrimiento pasó, por ejemplo, por la altura de su presión. En realidad no la hubo, pues no presionó. Esperó con dos líneas muy juntas en su propio campo, concediendo un primer pase sin protección a Piqué y Mathieu, y con Dzeko, su primer defensor, encargado de trabajar sobre Busquets cuando su equipo no tenía la pelota. El mediocentro culé no es una pieza especialmente jugosa en lo que estrictamente llamaríamos la salida de pelota, pero justo en el escalón siguiente, es clave dando continuidad y acelerando una posesión que termine desbordando al oponente. Con el cinco tapado, esta fase transcurrió más masticada sin que con ello se privara el Barça de llevar el juego arriba. Con especial protagonismo de Leo Messi, Iniesta y Neymar. El brasileño, como hace apenas unos días en el Calderón en ausencia del argentino, orientó su juego hacía una posición más cerrada de lo que venía haciendo la temporada pasada, un comportamiento que el jugador individualmente agradece pero que en esta ocasión implicó pagar algún peaje.

Ausente Dani Alves y cerrado Neymar, el ataque azulgrana encontraba desactivadas los circuitos que mejor conectan con Leo Messi, el origen de su ofensiva. Ni Alba, ni Rakitic, ni Sergi Roberto lo compensaron, el primero porque un centelleante duelo con Salah lo mantuvo contenido durante el primer tiempo, y los otros dos porque su rol se relaciona más y mejor con el espacio que con la asociación en espacios reducidos. El cambio en las funciones del lateral -Roberto está siendo mucho más exterior que Alves- implica también que el interior, antes catapultado, ahora deba enviarse notitas con Leo, y en ese cometido Rakitic no estuvo todo lo atinado que habría deseado el diez. De hecho, y tras el gol, se observó un intercambio de posiciones entre el croata y Andrés Iniesta que se prolongó durante varios minutos para generarle a Messi una sociedad más íntima. Por ahí cabe leer también la entrada al campo del infortunado Rafinha, pues el brasileño sí posee más continuidad a la hora de combinar en corto.

La falta de las conexiones habituales en el ataque del Barça fue una de las explicaciones de que su mando e iniciativa no se tradujera tan convincentemente en el marcador. La otra corre a cuenta del mérito de su rival. Por un lado, en lo que concierne a la pizarra, la inexistencia de presión adelantada y la vigilancia de Dzeko sobre Busquets permitió a la Roma emparejar a sus interiores con los del Barça, dejando libre por detrás a Danielle De Rossi. El trabajo de il altro capitano en la zona del mediocentro resultó clave para que los culés no encontraran espacios en tres cuartos en los que recibir y para que, si alguno optaba por adentrarse por esta zona con el balón controlado, su intento tuviera un destino marcado de antemano. La prontitud de la pareja de centrales saliendo a la anticipación en el balcón del área y la ausencia ya mencionada de un recurso tan poderoso para separar líneas rivales como es la diagonal Messi-Neymar, terminaron por convertir en fortín la zona del pivote italiano.

No fue la única individualidad romana que sobresalió en defensa, pues Florenzi tras su golazo y la pareja de centrales fueron capaces de aguantarle el duelo a dos contrincantes de peso. Especialmente el alemán Rüdiger, que se enfrentó a la siempre exigente papeleta de contener la versatilidad de Luis Suárez, dejó una impresión muy grata, tanto cuando tuvo que anticipar, pelearse en el cuerpo a cuerpo o tapar esa salida que siempre suele tener el uruguayo hacia la espalda del lateral que persigue a Messi, quien ahora con Sergi Roberto tiene doble preocupación. El canterano, al que se sumó Jordi Alba tras envalentonarse en el descanso, recorrió su carril con la insistencia que viene demostrando esta temporada. Es una cualidad la suya, y una utilización la que Luis Enrique hace de ella, que cambia el reparto de papeles a que acostumbraba el perfil derecho del ataque, pero que justamente por eso puede dar mejor encaje a recursos que antes no terminaron de ajustar.

En concreto, cuando después de que Rafinha abandonara el terreno de juego en camilla y Busquets se ubicara en el interior derecho para cederle el mediocentro a Mascherano, la idea tuvo una lógica diferente. En primer lugar, Busi fue claramente interior, no segundo mediocentro como la temporada pasada cuando compartía medular con el Jefecito. Es algo que se apuntó en pretemporada y que, parece, puede tener continuidad. Pero además, como a Sergi Roberto se le pide que abarque más carril que a Dani Alves, posicionalmente la propuesta es menos redundante y resulta coherente si al interior se le reclama que le guarde la espalda al lateral, tal como sucedía con Rakitic la primera mitad del curso pasado cuando también a Alves se le dio autoridad de carrilero.

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