
Como en los casos de Xabi Alonso y Alaba después, esta obediencia posicional es una de las principales virtudes que pretende Guardiola en sus futbolistas y más especialmente en sus centrocampistas, algo que casaba muy poco con las características del gran centrocampista del Bayern tricapeón. Bastian Schweinsteiger había comandado un año antes al mediocampo muniqués a partir de un despliegue sin parangón. Teóricamente formaba junto a Javi Martínez la pareja de mediocentros del equipo, pero en la práctica su movilidad le llevaba a aparecer entre centrales en la salida, caer a banda o llegar al área. Su comportamiento posicional era perfecto para la identidad futbolística de aquel equipo, pero obedecía muy poco al que cabría esperar en un centrocampista de Guardiola. De hecho era el opuesto. Para que ambos caminos se encontraran, los dos debían cambiar mucho, o uno de los dos hacerlo del todo. Aun así, estaban obligados a intentarlo. Primero el alemán, cohibiendo sus ansias de movilidad para darle al esquema esa referencia en el círculo central que pretendía, y posteriormente el entrenador, acomodándole una plaza de interior adelantado que diera más vuelo a su juego sin balón. Ninguna de las formulas funcionó. En la primera Bastian era medio Bastian, y en la segunda el mecanismo de Pep una nota fuera de tiempo. Ahora el alemán ha regresado con quien le cambiara la carrera, y el catalán lo volverá a intentar con otro medio que no para quieto.
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