
Lo ha hecho desde tres puntos de vista a la postre fundamentales: Por situación, por disposición y por respuesta. En cuanto a la primero, y se pudo ver el martes, Leo es el futbolista que permite al Barça asentarse arriba. Sacar el balón cuando la rendija no aparece, atravesar el mediocampo rival y acomodar el juego en la frontal del adversario, y todo esto sin que el equipo tenga que forzar demasiado la estructura. Apenas necesita colaboración más allá de un primer pase limpio y movimiento por delante suyo. En cambio, sin los recursos que proporciona el 10 para trasladar la pelota a la zona que más interesa, contra el Leverkusen los azulgranas sí tuvieron que extremar su comportamiento posicional para generar espacios y líneas de pase casi por desgarro. Los interiores se abrieron hacia los lados, los laterales esperaron el balón desde muy arriba, los delanteros se fijaron… todo el conjunto se abrió quedando expuesto frente a una eventual pérdida de balón que se presentaba sin barreras en transición defensiva ni proximidad entre las piezas para poder ejercer la presión en ventaja.
Además -y esto ya pertenece al segundo motivo- el ataque del Barça con Messi coloca a todas las piezas que se reparten sobre el césped, de modo que la recuperación del balón por parte azulgrana sea más fácil. A unos -los suyos- los junta, les permite adelantar posiciones y orientarse de cara al guardameta rival. A los otros, en cambio, los retrasa, los desordena y los gira hacia el fondo que defienden. Sobre todo a partir de su envío diagonal hacia el sector izquierdo, un automatismo clave en el escenario post-pérdida por lo antes comentado y cuyo desgaste debido a las puntuales ausencias de Alba o Neymar ya se ha hecho sentir en el trabajo de contención de los catalanes en este inicio de temporada, y es que cuando han coincidido los tres, los rivales han disparado casi un 40% menos sobre la portería culé. Y nos queda el tercer punto, el de la respuesta del adversario, que con Leo sobre el campo oscila entre el miedo y la prudencia. Nadie, o casi nadie, con la MSN pero sobre todo con el argentino como amenaza en una hipotética contra, se atreve a irse al ataque con la misma alegría que si no estuviera. El contrario, como es lógico, toma precauciones y muy pocos riesgos, ataca defendiéndose, guardándose de una posible réplica con sus futbolistas en posición y descolgando solo a aquellos que sea estrictamente necesario.
Cabe preguntarse cómo atacara el Barça sin Leo Messi para saber cómo defenderá. O, teniendo en cuenta lo parvo del fondo de armario que manejará Luis Enrique, si será la nueva fórmula defensiva la que defina a la ofensiva. ¿Puede elegir el Barça cómo atacar estas semanas? ¿Y cómo defender? Ante el Sevilla tendremos la segunda oportunidad de empezar a hallar respuestas.

