
Para el primero pretendió el entrenador un ecosistema parecido al que le ha permitido rendir, de un tiempo a esta parte, como hacía muchos meses que no rendía, y con el recuerdo puesto en la sociedad del manchego con Neymar en ese sector izquierdo, no acompañó al capitán con Munir o Sandro sino con Sergi Roberto. Éste, más centrocampista, en un rol parecido al que desarrolló en el Santiago Bernabéu trasladado a la otra orilla del campo, podría permitirle a Iniesta una suerte de entendimiento similar al que viene teniendo con el delantero brasileño. El intercambio fue permanente y fluido, y si bien Sergi estuvo algo más gris que de costumbre, su presencia permitió que Andrés mantuviera su brillantez. Se turnaron la amplitud y la altura, alternaron en la mediapunta y conectaron entre ambos. La sociedad más fecunda de en cuatas estuvo inmerso el de Fuentealbilla, sin embargo, la protagonizó con Luis Suárez.
El uruguayo era el claro argumento principal en el frente de ataque culé, y para exprimir toda su capacidad ofensiva se le brindó absoluta libertad. Aunque sus dos escuderos en ataque le dejaban vía libre para lanzar largos desmarques a banda, donde redobló su influencia el charrúa fue en la frontal del área, abarcando la corona de forma incluso más obstinada de lo que ya lo hace normalmente. Tocaba de espaldas para entregar de cara en el triángulo pequeño que formaba con Roberto e Iniesta, y mismo papel desarrollaba en el más grande que junto a Andrés completaba Rakitic. Además, cada giro sobre el eje que compartía con su marcador, suponía un desajuste de consecuencias catastróficas para su adversario. Equilibrando la libertad de Luis Suárez, un Munir que, pese a partir desde la banda derecha, en esta ocasión se fijó menos próximo a la cal y se acercó más al área para que de este modo los centrales tuvieran un reclamo que los mantuviera atrás. Vivió varias fases como el culé más adelantado.
Por último, a los partidos de Andrés y Luis y a lo que desencadenaban a su alrededor, el Barça incorporó también el recurso del disparo lejano como elemento de desorden. Marginal en otras épocas porque pone en riesgo el mantenimiento del balón, en la actual es una solución más utilizada por su capacidad, tenga éxito o no, de mover a unas zagas contrarias a las que atacando en posicional puede resultar más difícil hincarles el diente. Sin la diagonal de Messi que gire, ni la hiperactividad saltimbanqui de Neymar que maree, fue, junto a Iniesta y Suárez, la tercera vía para tumbar el muro de Scolari.

