
No tengo claro que renunciar a Halilovic sea una medida efectiva cuando lo que más urge mejorar es la calidad del juego.
— L. Alcázar (@l_Alcazar) 11 de marzo de 2016
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Eso es, exactamente, lo que llegó a paliar Alen Halilovic este verano. Tenía que ser la pieza que desde una aportación muchas veces meramente individual, adornara los ataques rojiblancos con las gotas de más calidad individual y que generara por sí mismo acercamientos sin que nadie pudiera auxiliarle demasiado en la tarea. Desde su conducción con la pelota, su dribbling -es el tercero de la Liga en regates por partido sólo por detrás de Neymar y Leo Messi-, su visión para la asistencia -lleva 5- o el cambio de orientación, y desde su capacidad para maniobrar en espacios reducidos rescatando tiempo y oxígeno de donde no lo hay en los últimos metros. Llegar donde las limitaciones de la plantilla sportinguista no permitían llegar, a cambio de que ésta llegara donde no llega el croata. Alcanzado este punto, da la impresión de que ambas partes ya no pueden negociarlo. El Sporting necesita a Halilovic y deberá aprender a compensarlo. Alen sólo podía faltar si no era imprescindible, y parece que ya lo es.
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