La MSN ha vuelto a ser clave para que el Barça al que pone apellido haya revalidado título de Liga. Messi, esta vez menos vertebrador de un sistema alterado respecto al de un año atrás, fue la explicación que evitó la caída en los momentos más delicados, Suárez la constante a lo largo de la temporada en números, actividad y juego, y Neymar el hombre que cubrió la vacante del 10 mientras una lesión lo mantuvo apartado. Aquellos casi dos meses sin el argentino, en los que el equipo tuvo que disputar hasta ocho partidos sin quien fuera su faro y guía, dejaron ver la mejor versión del brasileño hasta la fecha, a los mandos de un candidato a todo y haciéndole mantener la efectividad e inspiración pese a lo colosal de tan estelar ausencia. Ejerció de jugador franquicia asumiendo el peso como generador de la mayor parte del volumen ofensivo culé, y secundado a la perfección por Busquets, Iniesta y Luis Suárez se mostró todo lo determinante que las intuiciones más optimistas podían suponerse, exhibiendo precisión técnica a lomos de una gran velocidad y desde la capacidad en la improvisación que le es propia. Aquel Neymar, en ese tiempo, para los rivales resultó incontenible.
Fueron los meses del brasileño en el Barça, en la Liga y en Europa, una insinuación a modo de aperitivo que dejaba ver la dimensión del futbolista y su capacidad como portaestandarte, a la vez que el sacrificio que acepta su fútbol en un equipo y un sistema que, habitualmente, no le pertenecen todavía. Porque el sacrificio de Neymar en el Barça de Messi no es de focos, sino de juego. No se trata de si es o no el cabeza de cartel sino que, hasta ahora, no se ha dado con la fórmula para que su expresión genuina pueda comparecer con Leo Messi en el equipo. La cuestión es táctica, porque no hay ni hubo incompatibilidad de estilos. Ambos hablan el mismo idioma sobre el césped y, de hecho, la química entre ellos cuando los une el balón es evidente. Sucede que por el momento, activada la relación más estrecha entre ambos, el sistema no ha encontrado la forma de mantenerse estable si no es pidiéndole al brasileño una renuncia, cuanto menos, muy considerable. Que su rica paleta se reduzca a, en resumidas cuentas, regatear en banda y desmarcarse al espacio, dos acciones de las que el Barça ha sacado mucho provecho pero que están lejos de englobar todo el potencial futbolístico que encierra su joven crack.
Luis Enrique, esta temporada, no ha esquivado el reto. Ya desde el inicio el curso empezó con un Messi más centrado y que, por lo tanto, se alejaba del pase cruzado como puente que conectara a ambos extremos, al tiempo que se aproximaba a Neymar para la asociación en corto. Un intento por dar con la fórmula que permitiera cobijar a los dos dieces. También después de que Leo regresara de su lesión y con el impacto todavía fresco del Neymar más dominante, se hicieron pasos en este sentido, mediante algunas pruebas en las que bien con los interiores o con los laterales se creara el escenario en el que argentino y brasileño bailaran. Sin embargo, aunque alguno de los intentos alcanzaran el propósito de potenciar desde la pizarra a los dos cracks a la vez (Roma, Granada o Celta de Vigo pueden dar cuenta de ello), ninguno logró que el colectivo gozara de la estabilidad de antaño, de modo que progresivamente se volvió a esconder a Ney detrás de la cortina, un factor quizá relacionado con el descenso de confianza, inspiración y rendimiento del brasileño en el tramo final de temporada. Después de haber cabalgado ligero, le tocaba volver al establo.
Como los ajustes a los que obliga el inesperado penúltimo arrebato futbolístico de Iniesta, esta es una cuestión por resolver que todavía estará sobre la mesa al regresar del verano. El propio Andrés ya dejó patente con Tito Vilanova que si bien el perfil de atacante insistente y profundo en el extremo izquierdo puede resultar muy productivo activado por la pierna izquierda de Leo Messi, no se trata del único capaz de serle útil al 10. Con el manchego donde antes habían estado Villa o Henry, La Pulga firmó su récord de goles hasta la actualidad. Y es que Leo es infinito. Lo es con 9 o sin él, con Xavi o con Rakitic, a la contra o en la frontal y, seguro, con la versión más verdadera posible que se pueda sacar de Neymar Jr. La que más tenga que ver con lo que nos mostró durante los meses de octubre y noviembre. Sólo falta encontrar el cómo, y que sea uno tan efectivo para ellos dos como para el resto. No es poco. Por lo pronto, esta temporada pareció buscarse y no se consiguió. En unos meses, la siguiente traerá una nueva oportunidad.
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