Icono del sitio En un momento dado

A propósito de Leo Messi

Barcelona's Argentinian forward Lionel Messi gestures during the second leg of the Spanish Supercup football match Real Madrid vs FC Barcelona at the Santiago Bernabeu stadium in Madrid, on August 16, 2017. / AFP PHOTO / GABRIEL BOUYS (Photo credit should read GABRIEL BOUYS/AFP/Getty Images)

Messi juega siempre un doble papel para sus entrenadores. En primer lugar, el argentino es la vida extra, el colchón que ofrece la tranquilidad cuando los equilibrios son todavía demasiado frágiles. La llave que permitió a Guardiola meses de pruebas sin peaje, que entregó a Vilanova una Liga antes de que el técnico diera con un sistema verosímil, o que sirvió a Luis Enrique el disimulo de un barniz táctico apenas apreciable. Por otro lado, sin embargo, Leo es también la pregunta más relevante que debe realizarse cualquier entrenador que tiene la oportunidad de dirigirle. La incógnita sobre su función y su aprovechamiento, sobre si lo más conveniente para el proyecto que tiene entre manos será orientar al diez al servicio del equipo o por el contrario lo más provechoso será poner al conjunto al servicio de su estrella. Ambos caminos dan resultados -no en vano, el Barça ha ganado un triplete con cada uno de ellos- pero obliga a elecciones muy distintas desde dos formas de concebir al conjunto casi enfrentadas. Ambas las ha podido ensayar Valverde a lo largo de la Supercopa, en la ida empleando a Messi como una suerte de cuarto centrocampista que alejaba al argentino del área a cambio de regalarle al equipo la solución para avanzar que en otros no tenía, y anoche en la vuelta tomando la iniciativa en la pizarra en pos de que a Leo pudiera llegarle la pelota en las zonas donde potencialmente más peligro para su oponente es capaz de generar. A decir verdad, en esta ocasión, el plan no le funcionó.

El planteamiento del Txingurri se orientaba a una remontada que, en tanto que remontada, necesitaba gol. La ida le había revelado que interviniendo Messi más cerca de la divisoria que de la frontal, una vez perdido Neymar, el peso intimidatorio del equipo en los últimos metros disminuía drásticamente, de modo que, esta vez, se propusto que de entrada Leo no tuviera que descolgarse. Con el 1-5-3-2 que con dicho objetivo escogió, en punta seguirían formando únicamente dos jugadores -igual que cuando el argentino termina teniéndose que vestir de centrocampista- pero en este caso donde en el Camp Nou al lado de Luis Suárez estuvo Deulofeu, en el Bernabéu estaría Messi. Con base de tres hombres en el inicio de la jugada, dos carrileros a los que encomendar las bandas y la posibilidad de que éstos ejercieran de superioridad numérica en mediocampo una vez esquivado el primer envite, imaginaría Ernesto Valverde una solución para llevar hacia arriba al balón y al equipo, a lomos del esquema de moda en el fútbol europeo. Una vía para llegar a Leo cerca del gol. Una ofrenda al argentino.

Es probable, no obstante, que sancionado Cristiano Ronaldo el Txingurri se imaginara a un Real Madrid también con solo dos hombres en punta, como en la ida, pero Zidane sorprendió. Donde Isco viene ejerciendo de cuarto centrocampista blanco, Lucas Vázquez y Marco Asensio dibujaron una triple amenaza de los blancos en ataque que hirió de forma letal a la propuesta azulgrana. En primera instancia, porque en transición enfrentó a los tres delanteros locales en sendos emparejamientos cara a cara con los tres hombres de cierre del Barça. Tres duelos individuales con los que la utilidad táctica de Lucas y el talento de Asensio y Benzema pudieron jugar para generar un sinfín de desequilibrios en la zaga de su adversario, y que además permitió a Zidane una forma serena y ordenada de responder al intento culé por sacar limpio el balón desde atrás. Los espacios que el tres para tres abría cuando la pelota era merengue, los cerraba cuando pasaba a manos de los visitantes.

Ensanchando su ataque con Lucas Vázquez y Asensio, llevando hacia la cal a Umtiti y Mascherano y enfrentándolos a un dos contra uno producto de la aparición ofensiva de Carvajal y Marcelo, a su vez el Real Madrid obligó a los carrileros del dibujo azulgrana a ejercer más como laterales al uso que como piezas de mediocampo. Dificultadas las salidas y empujados por las embestidas del contrario, tanto Sergi Roberto como Jordi Alba tuvieron que cerrar muy atrás, muchas veces a la altura de los centrales, cediendo con ello a su adversario la superioridad numérica seguramente pretendida de inicio, y entregando así el dominio de la zona ancha a la batuta y temple de Modric, Kroos o Mateo Kovacic. Precisamente en el mediocampo, estuvo a lo largo de todo el partido el otro gran lastre para los de Valverde. Sin Iniesta, fue imposible con la pelota. Transparente. El manchego cuenta en este inicio de temporada con 33 años y todo apunta a que su concurso durante el año difícilmente podrá ser regular, pero a día de hoy, a la espera de las intervenciones que realice el técnico, resulta imprescindible.

No hay ningún otro interior en plantilla capaz de hacer lo que él hace, y lo que él hace el equipo lo necesita demasiado. Sin su capitán, no tiene el Barça ningún otro interior capaz de ordenar al conjunto desde la pelota, ningún apoyo veraz por delante del cuero en salida, ni ninguna referencia posicional para un Busquets que, sin ella, dolió en el Bernabéu. En definitiva, nadie capaz de trasladar de la pizarra al césped las soluciones para que Leo Messi no tenga que desencallarlo todo desde demasiado atrás. Anoche, y atendiendo al panorama, finalmente tuvo que volver a hacerlo, dibujando, por encadenamiento, un escenario de soledad para Luis Suárez todavía más claro que en el Camp Nou que desnudó el complicado momento del charrúa ante la inmisericorde actuación de Ramos y de un absolutamente autoritario Raphäel Varane. A Ernesto Valverde no le salió bien el primer intento de constar decididamente a favor de los suyos. Dada la naturaleza de los retos que enfrenta, durante los próximos meses, quizá semanas, deberá hacerlo. A partir de ahora tendrá a su favor un inicio de Liga sin pruebas de tamaño nivel como son actualmente los hombres de Zidane, y la oportunidad en forma de tiempo que siempre supone contar con Messi.

– A la izquierda, la posición retrasada de Leo Messi. A la derecha, la consecuente soledad en punta de Suárez.-

Artículo relacionado:

– Foto: Gabriel Bouys /AFP/Getty Images

Salir de la versión móvil