Nélson Semedo pareció llegar a Barcelona para ser la pareja de Messi en banda derecha, en lo que iba a ser una mezcla que sugería algunas dudas. El portugués se había mostrado más como un lateral al que potenciar dando espacio con tal de que lo pudiera explotar por conducción, físico y zancada, pero atrayendo Leo miradas propias y ajenas hacia la cal desde una posición de partida escorada, el argentino suele demandar más una réplica cercana que revolotee a su alrededor hasta llegar juntos a la frontal del área. Valverde, sin embargo, tenía otros planes para la orilla, que pasaban por devolverle a Messi el carril central de forma sostenida, virando hacia zonas interiores el punto caliente del juego que en otros momentos el Barça acunó en las bandas. Con espacios y el carril a su disposición, aquel Semedo al que se adivinaba muy interesante gestionando situaciones ofensivas desde el lado menos ocupado, ha protagonizado un desembarco muy positivo en Barcelona en el que el jugador viene acompañando de personalidad, confianza y una excelente respuesta defensiva, al contexto táctico que se le ha brindado.
La visita al José Alvalade, tanto para él como para Jordi Alba, deparó uno, si bien no nuevo, sí matizado, en el que, de entrada el conjunto culé jugó sin extremos naturales. A diferencia de lo que viene haciendo de forma más habitual, cuando al menos en la derecha sí sitúa a un especialista de banda para doblar con el lateral la amenaza externa, en esta ocasión la elección del Txingurri sonrió a Sergi Roberto. No siendo ni Luis Suárez ni él dos especialistas abriendo el campo, además, durante largos tramos del partido el sistema los enfocó hacia el centro. El uruguayo como el punta que viene siendo en el plan de Ernesto Valverde, cediendo la cal a las subidas de Alba y a las aperturas de Iniesta, y el canterano como novedosa carta del técnico enfundado en el rol de 4º centrocampista, dibujaron un planteamiento que, al menos en su traducción, primó el control sobre la profundidad.
Con Sergi Roberto e Iniesta abriendo posibilidades de pase por dentro, Messi en el apoyo y Busquets o Rakitic en la entrega, los azulgranas vistieron de ritmo lento un primer tiempo que mantuvo a los delanteros locales muy lejos de los dominios de Ter Stegen a cambio de perder filo en el colmillo a la hora de intimidar en los últimos metros. La zona oscura del plan, también en los momentos que más eficazmente pudo ponerse en práctica, radicó en que a la parte delantera le faltó tanto profundidad como desborde para desarticular a la defensa lisboeta sin tener que soltar demasiado las riendas del choque. Sin más opción por delante del balón a la que servirle el cuero al espacio que Suárez, ni más uno contra uno que el de Messi -el argentino fue el único culé que regateó a su par más de una vez en los noventa minutos-, el ataque azulgrana miró a sus laterales para compensar y sumarle agresividad a la parte delantera. Incluso Ivan Rakitic, habitualmente más sujetado en una posición cercana a la base de la jugada, en ocasiones se descolgó para sumar sorpresa desde la segunda línea a un partido, por lo demás, espeso y de poco voltaje.
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– Foto: Octavio Passos/Getty Images

