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Un Barça irrompible

Barcelona's Croatian midfielder Ivan Rakitic (2L) celebrates a goal with Barcelona's Brazilian midfielder Paulinho (L), Barcelona's Argentinian forward Lionel Messi (3L) and Barcelona's Uruguayan forward Luis Suarez during the Spanish 'Copa del Rey' (King's cup) second leg semi-final football match between Valencia CF and FC Barcelona at the Mestalla stadium in Valencia on February 8, 2018. / AFP PHOTO / JOSE JORDAN (Photo credit should read JOSE JORDAN/AFP/Getty Images)

Barcelona's Croatian midfielder Ivan Rakitic (2L) celebrates a goal with Barcelona's Brazilian midfielder Paulinho (L), Barcelona's Argentinian forward Lionel Messi (3L) and Barcelona's Uruguayan forward Luis Suarez during the Spanish 'Copa del Rey' (King's cup) second leg semi-final football match between Valencia CF and FC Barcelona at the Mestalla stadium in Valencia on February 8, 2018. / AFP PHOTO / JOSE JORDAN (Photo credit should read JOSE JORDAN/AFP/Getty Images)

Luis Suárez gana títulos. En un fútbol en el que la estabilidad competitiva se mide en el centro del campo, y en el que nada se le niega a la línea medular, el uruguayo es el tipo de delantero capaz de pesar tanto o más que el resto sin favores, ayudas y, a veces, incluso sin compañía. Es de esos atacantes que dan la opción a sus equipos de concentrar las fuerzas allá donde deseen, tranquilos de que si su decisión pasa por desnudar el ataque, aún así éste nunca pasará frío. Luis Suárez vale por dos. Cuando su juego es capaz de alcanzar el nivel que está ofreciendo en este tramo de la temporada, su hambre animal mantiene la amenaza de un ejercito entero en el cuerpo de un solo hombre, liberando al resto del pelotón para llevar a cabo ejercicios más prudentes. Es la clase de futbolista que estira las posibilidades de un plan. Que hace compatible la seguridad con el peligro, permitiendo al Barça tomar aspecto de irrompible sin que por ello las porterías rivales puedan vivir aliviadas. El  jugador que ha extrañado el Valencia durante toda la semifinal.

– El posicionamiento defensivo del Valencia, con tres hombres descolgados, tres centrocampistas y el lateral muy adelantado. –

Marcelino arriesgó. No tenía más opción. Después de comprobar en la ida la imposibilidad de un plan redondo en el que a una defensa completa la acompañara un ataque eficaz, y obligado a remontar en la vuelta, saltó a Mestalla dando prioridad a lo segundo. Teniendo que marcar, no podía permitirse un encuentro de su equipo tan inofensivo sobre la portería de Cillessen como el protagonizado en el Camp Nou, aunque eso fuera en detrimento de la buena contención que puso en práctica el Valencia en el estadio barcelonista. Para ello optaron los ches por un replanteamiento profundo que afectó tanto a la disposición como a la actitud sin balón de sus piezas. El sempiterno 1-4-4-2 del asturiano, así pues, dejó pasó a un 1-4-3-1-2 que restaba un hombre con respecto al habitual bloque defensivo, a cambio de descolgar a un efectivo extra en ataque. El Valencia haría frente a Messi, Suárez, Iniesta, Alba y compañía con un escudo algo más pequeño, pero con Rodrigo por detrás de Zaza y Vietto añadiría una espada más a su arsenal. Para compensarlo, todo el equipo de manera general adoptaría una actitud más agresiva en la posición y el robo cuando el Barça moviera el balón, con Coquelin y Kondogbia especialmente activos a ambos costados de Parejo. Junto a ellos, Montoya y algo menos Gayà ganarían altura a la hora de encimar sobre los peligros del Barça en las bandas, lo que por momentos los caracterizó de centrocampistas dejando tras de sí a una defensa de tres.

La estrategia asumía el daño que podía infligir el rival, metía la pierna con decisión en pos de una recuperación inesperada, y aguardaba con tres jugadores por delante encargados de comandar la contra. Rodrigo en el centro, ágil en la recepción entre líneas y venenoso domando los tiempos de la transición, y los dos puntas emparejados con los centrales del Barça y buscando el arrastre hacia las bandas, tenían la responsabilidad de pesar más que lo entregado. Por momentos, durante el primer tiempo, parecieron hacerlo. Aunque Iniesta moviera los hilos con atino, Rakitic apareciera en la frontal con más frecuencia de lo habitual y Messi dejara sensaciones de terremoto cada vez que era capaz de recibir a la espalda de uno de los interiores locales y arrancar la carrera, la buena defensa che en las orillas, el hecho de poder lidiar con una dificultad menos por la errática actuación de Andrés Gomes, y el sentir general de un Barça sereno que no quiso pecar de goloso a la hora de aprovechar los espacios que encontraban sus medios para recibir entre líneas, tiñó de efectivo un planteamiento del Valencia que en realidad estaba en la cuerda floja.

– Algunas de las ocasiones que encontró el Barça para activar a sus jugadores entre líneas. –

Bastó la entrada de Coutinho, con el consecuente contraste de peligrosidad del brasileño en comparación a André Gomes, para que el extra de agresividad e intención en los últimos metros del nuevo fichaje, se aliara con la versión más amplia de Luis Suárez para dar al ataque culé toda la mordiente que hasta ese momento le había faltado. Redobló entonces Marcelino esfuerzos en pos de resquebrajar al Barça y asomarse a Cillessen, con la entrada al campo de Soler y Guedes y buscando en el portugués efectos equiparables a los de las armas azulgranas en cuanto a autosuficiencia y amenaza. La respuesta de Valverde fue Paulinho, no tanto para incidir con él directamente sobre el cañón valencianista, sino para propiciar un reordenamiento a partir del cual Coutinho pasó a banda izquierda, Paulinho cerró dentro junto a Busquets y Rakitic asumió su tercer papel de la noche como centrocampista más escorado a la derecha. Si Luis Suárez es clave para que este Barça de roca siga igual de afilado arriba, Ivan lo es para que no se rompa. Para que el rival no encuentre una rendija.

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– Foto: Jose Jordan/AFP/Getty Images

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