El Barça 2018-19 atraviesa su segundo momento de cambio de la temporada. De una forma más silenciosa que cuando Arthur, a raíz del enfrentamiento ante el Tottenham en Wembley, ordenó durante semanas el juego de un equipo que hasta entonces había estado muy perdido, hace algunos partidos que Ernesto Valverde viene tocando teclas clave de su conjunto para influir en determinados comportamientos de quienes lo componen. Tratada está ya en este espacio la nueva constante en la medular culé, según la cual lo que durante meses fue una línea recta que atravesaba a ambos interiores y al mediocentro, distribuyéndolos en la medular a una misma altura, como si se trataran de tres figuras de futbolín, es hoy una estructura a dos alturas en la que el interior derecho juega por delante de los otros dos medios. Una fórmula que se repite casi ininterrumpidamente desde la victoria del Barça en el derbi contra el Espanyol, y para la cual el reto de remontar la eliminatoria copera ante el Sevilla, anoche, no resultó una excepción. Rakitic, designado esta vez para el interior derecho, o lo que de un tiempo a esta parte es lo mismo, para ejercer de pieza más liberada, vertical y adelantada de las tres que componen en mediocampo azulgrana, con balón para los locales actuó por delante del tándem que formaron Busquets y Arthur, acudiendo a la corona, llegando al área, acercándose a la banda y volviéndose a mover al compás de Leo Messi con tal de habitar la parcela que el 10 no ocupara.
En la remontada que tumbó a los de Pablo Machín, además, más allá del componente individual de la variante, esto es, el escalonamiento de la zona de medios, la ocupación de la cal o el retorno defensivo por delante del lateral, por lo singular y exagerado del escenario se expusieron con más claridad que otras tardes varias de sus consecuencias colectivas. Los efectos sobre otros compañeros o sociedades, y algunas de las nuevas tareas que pone sobre la mesa de Ernesto Valverde con tal de redondear el plan en las próximas fechas. Empezando por el principio de todo, uno de los frutos del plan que mejor está resultando es el volumen y frecuencia de participación que le permite a Messi. Menos dependiente de que el esférico le llegue en buenas condiciones arriba, y con un espacio liberado a la derecha de Sergio Busquets para ser él quien baje a buscarlo, el argentino luce últimamente la que seguramente sea su cara más centrocampista de cuantas ha lucido a las órdenes del Txingurri. Con Rakitic orbitando a su alrededor, el juego de intercambios entre Leo y el croata hace fluctuar una y otra vez sus roles de centrocampista y delantero, llevando a uno al teórico espacio inicial del otro. Si Messi baja un escalón para buscar el balón, ni se encuentra su zona de recepción ocupada ni deja vacío uno de los espacios del ataque, y con soluciones por delante a las que enviar el pase, su capacidad para generar peligro desde una altura todavía lejana a la portería encuentra socios para dar continuidad vertical a sus acciones. Contra el Sevilla, uno de los muy activos fue el voluble Philippe Coutinho.
La omnipresencia e hiperactividad de Arthur Melo por detrás suyo, así como el peso adquirido por Messi como vehículo de avance, desembocaron en una versión del ex del Liverpool muy enfocada a los metros finales, incluso con una insistencia en el demarque sin balón que no por vista ya anteriormente este curso deja de ser un atributo a priori poco usual en el juego del carioca. El gran valor táctico de Coutinho previo a su decaimiento estuvo relacionado con sus actitudes de atacante, tanto en lo referente a la pegada como a la combinación en la frontal o a los arrastres del lateral derecho rival. En cuanto a esto último, con tal de liberar la banda de Jordi Alba, resulta fundamental que la atracción que movilice el brasileño sea la del zaguero y no la de un medio, de modo que sus ofrecimientos más productivos son aquellos que se producen lejos de las miradas de la línea de medios rival. Así sucedió anoche para goce del lateral izquierdo del Barça, quien además del contexto que le brindaron los suyos se sirvió de las dificultades atrás de Quincy Promes y de la escasa amplitud defensiva del mediocampo hispalense cuando sus carrileros descendían hasta la misma altura que los centrales. El carril que compartieron Promes y Jordi Alba, no obstante, no tuvo un mismo color en ambas mitades del terreno de juego, pues también cerca de la portería del Barça el lateral del equipo que se encontraba en situación de ataque era el que se imponía en este particular duelo. En la segunda mitad, de hecho, Valverde tomó medidas alineando a Sergi Roberto por delante de Jordi, con tal de presentar un segundo argumento defensivo a la hora de cerrar el perfil zurdo de su zaga. El acceso sevillista a zona de remate, a través del ayer carrilero holandés para llegar a André Silva, sazonó de llegadas peligrosas el área de un colosal Cillessen que salvó dos goles y jugó con la concentración, acierto y confianza con que juegan los que se calzan los guantes semana a semana.
Mandó donde, por momentos, no pudieron mandar Piqué y Lenglet. Los centrales del Barça, más bien, donde más fuertes se hicieron fue en la anticipación lejos de portería, en parte aligerados por la presencia de un solo punta en el cuadro visitante que permitía que uno de los dos siempre pudiera estar liberado de la responsabilidad en la marca, y en parte espoleados por una de las nuevas necesidades que genera el cambio de disposición del mediocampo azulgrana. Durante todos los meses en que Rakitic no ha estado vinculado a los movimientos de Messi, el croata ha estado atado a los de Sergio Busquets, adquiriendo especial importancia en el desarrollo estructural del equipo de Valverde sus labores de cobertura sobre la espalda del mediocentro, cuando éste sale de su zona para lanzar la presión. No resultaba extraño que, tanto atacando como defendiendo, desde el interior derecho Ivan estuviera por detrás del canterano. Este trabajo de protección zonal, ante el Sevilla lo ejercieron Piqué y Lenglet, en la medida que por dentro gozaron de superioridad numérica contra André Silva. No fue una solución sin flecos, pues tanto a través del carril central cuando las tareas de los centrales se enfocaban en banda, como en la cal cuando acudían dentro, pudieron hallar los de Machín opciones de salir en caso de superar la primera presión azulgrana. Sea en Liga, en el siguiente cruce de Copa o en lo que ofrezca la Champions League, es una cuestión que deberá ser atendida.
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– Foto: David Ramos/Getty Images

