Al menos en lo que concierne a su historia moderna, los enfrentamientos entre FC Barcelona y Real Madrid vivieron su momento de mayor esplendor futbolístico en la primavera de 2011, cuando una semifinal de Champions, un partido de Liga y la Final de Copa coincidieron en el tiempo para culminar en una suerte de playoff con cuatro duelos prácticamente consecutivos y tres títulos en juego. El Madrid de Mourinho y el Barça de Guardiola, los equipos de Messi, Xavi, Cristiano Ronaldo, Özil, Xabi Alonso, Iniesta, Puyol, Piqué, Pepe, Sergio Ramos, Dani Alves, Casillas, Víctor Valdés, Benzema, Busquets, Di María o David Villa, evolucionando al mismo compás. Empleando la lucha contra su máximo adversario como punto de partida y, a la vez, como objetivo. Como ensayo y como remate. Combatiendo fortalezas y atacando debilidades, aprendiendo de lo que acababa de suceder y anticipando lo que esperaba en el siguiente capítulo. Condensando en apenas quince días procesos que normalmente transcurren durante meses. La realidad de blancos y culés actualmente dibuja escenarios enormemente desiguales a los de entonces, tanto a nivel individual como colectivo, pero sus enfrentamientos recientes en Liga y Copa han evocado algunas de aquellas dinámicas por lo que se refiere al vínculo directo entre los tres partidos, como si en lugar de tres batallas herméticas, unos y otros hubiesen estado librando un mismo combate en seis actos.
Pese a ser el encuentro con el que el clásico saltaba de una competición a otra, por la proximidad del último precedente y la trascendencia de su signo final, fue este pasado fin de semana cuando de forma más clara e indisimulada Valverde y Solari prepararon a sus conjuntos desde la experiencia reciente. Interviniendo directamente sobre el partido que ambos conjuntos libraron el miércoles, como si éste no hubiese terminado todavía cuando el balón volvió a rodar el sábado por la noche. Solari, por ejemplo, tras haber claudicado en Copa después de que su equipo no lograra materializar en gol el volumen de juego y oportunidades que por momentos volcó sobre un Barcelona superado, introdujo en su once a Gareth Bale por Lucas Vázquez, buscando en la zurda del galés un aporte rematador que compensara la insuficiente resolución de la pareja Vinícius – Benzema, seguramente considerando que el escaso entendimiento que habían mostrado Jordi Alba y Ousmane Dembélé en la banda izquierda del Barça le permitía prescindir del sacrificio en el retorno del canterano, sin que por ello le concediera a los blaugranas más casillas de las conquistadas. Si el segundo clásico de Liga se pareció tan poco al segundo clásico de Copa fue porque no sólo la maniobra del argentino no le procuró al Madrid la intimidación que perseguía, toda vez la aportación e iniciativa del galés se quedó corta, sino porque además fue directamente atacada por las teclas que presionó Ernesto Valverde para mejorar al Barça.
– Resumen de los pases de Sergi Roberto y Arthur Melo. (vía http://www.as.com)-
Entre semana, aunque finalmente clasificado por goleada, la puesta en escena del cuadro barcelonista resultó conflictiva porque su reducido volumen de ataque no se acompañó de una seguridad con y sin balón que equilibrara la balanza. El Barça no intimidó hasta el primer gol de Luis Suárez, pero no por ello se mantuvo impermeable ante los avances de la banda izquierda madridista. Sufrió sin provocar sufrimiento a cambio, en gran medida debido a la efervescencia del carril zurdo merengue y también a las propias pérdidas de balón en zonas comprometidas. De regreso al Bernabéu, el técnico actuó sobre ambas cuestiones. En cuanto a las pérdidas, intervino sobre los tres focos problemáticos en Copa -Semedo, Busquets y Dembélé-, reemplazando al primero por Sergi Roberto, acompañando al segundo con Arthur y dando continuidad a la mejora que ya experimentó el francés en el segundo tiempo del miércoles. El Madrid volvió a plantarse arriba, volvió a dejar respirar los primeros pases y volvió a buscar la recuperación en las recepciones de la segunda línea o en los errores no forzados, pero con Arthur haciendo suya la circulación en campo propio no pudo delegar la iniciativa del ataques en las concesiones de su contrincante. No lo necesitó en muchos momentos durante el duelo copero, pero puesto que en esta ocasión los culés tomaron medidas para contener la desbordante banda izquierda de los blancos, la propuesta local tendió a estrellarse contra la autoritaria actuación de Piqué y Lenglet en el área.
Que un lateral pueda sufrir o ser superado por un extremo de la habilidad, físico, energía e insistencia de Vinícius Júnior entra dentro de los escenarios contemplados a la hora de previsualizar un partido, por eso, después de que Semedo corriera en el Bernabéu peor suerte ante el brasileño que en el Camp Nou, Valverde modificó la naturaleza del duelo para darle un mayor valor táctico. El gran factor de desequilibrio blanco en Copa se originó en la facilidad que encontró el Madrid para activar a su joven delantero a partir de la superioridad numérica de su carril zurdo, gracias a que entre Reguilón, Kroos y Vinícius uno siempre se encontraba liberado frente a la banda Roberto – Semedo. Una de las historias de aquellos clásicos de 2011 fue la progresiva focalización de José Mourinho sobre el trío formado por Messi, Xavi y Iniesta, priorizando la defensa de este triángulo por encima de las demás amenazas del Pep Team. Dando por bueno el peligro que pudieran crearle Pedro y Villa si a cambio lograba reducir el impacto central del 6, el 8 y el 10. Una reflexión similar pareció tener la respuesta de Valverde a la banda izquierda del Madrid, toda vez consintió aligerar el centro si con ello reducía la incidencia de Vinícius y compañía en las inmediaciones del área. De este modo, el Txingurri incorporó a un tercer efectivo a la defensa del carril zurdo extrayendo a un Sergio Busquets que trabajaría sobre Kroos e igualaría numéricamente el duelo junto a Rakitic y Sergi Roberto. Saliendo a banda, liberando de vigilancias a Casemiro y usando a Arthur y a los centrales para contener los posibles apoyos entre líneas de Modric, Bale o Benzema.
– El Barça cambió su forma de defender la banda izquierda del Madrid, sumando a Busquets para igualar fuerzas contra Reguilón, Kroos y Vinícius. –
La del mediocentro catalán no fue la única pieza que Valverde sacrificó en el centro, pues también Piqué estuvo mucho más liberado para acudir al costado a pesar de que finalmente, cuando en el segundo tiempo el Madrid atacó de forma directa el área, Gerard se hiciera enrome protegiendo la zona de remate. Por último, aunque menos decisivo, cabe señalar que también Luis Suárez participó de la defensa del sector izquierdo local, acudiendo a la zona de influencia de Toni Kroos cuando el alemán recibía el esférico en campo propio y, por lo tanto, demasiado alejado de la parcela de Busquets como para que el mediocentro del Barça abandonara su posición. En este sentido, Solari pareció leer la situación y buscar con las entradas de Valverde, Isco y Asensio una mayor activación del carril central que castigara la relativa desatención culé en pos de tener controlada la banda, toda vez el primero es un centrocampista con recorrido para sorprender desde la aparición, el segundo se situó casi de forma fija en la mediapunta y el tercero, aun partiendo desde el costado derecho, cedió la responsabilidad exterior a Carvajal para constar por dentro, pero los cambios del argentino no dieron con la solución para sortear a las dos torres gemelas que amurallaron el área blaugrana. Cerca de la merengue, el Barça también presentó una versión notablemente mejorada con respecto al miércoles, tanto en lo que se refiere a la circulación como a la profundidad y creación de oportunidades.
Y es que el argentino, con Arthur comandando el avance y apoyado en un Rakitic que mezcló arrancadas con una posición de partida más baja, se vio menos forzado a retrasar la posición para conducir al equipo hacia arriba, y mantuvo abierta la conexión de su bota izquierda con los desmarques del perfil zurdo. También los hubo a su derecha, en este caso protagonizados por Rakitic y Sergi Roberto, artífices del gol culé y encargados de compensar en ataque la orilla derecha. A la espalda de Vinícius, como una arma a la izquierda de Sergio Ramos con la que interrogar a los centrales. Si los del Barça optaron por una respuesta múltiple que combinó presencia en el área y caídas al costado, los del Madrid no se movieron del centro.
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– Foto: Oscar del Pozo/AFP/Getty Images

